Apartheid en Cuba
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    Castro y Mandela

    Castro y Mandela
    Lunes, Junio 17, 2013 | Por Miriam Leiva

    MADRID, España, junio, www.cubanet.org -Fidel Castro pensó entrar en la
    historia entre los grandes hombres de la humanidad. Pero cada vez parece
    más evidente que la historia lo situará entre los personajes más
    nefastos, porque pasó más de cinco décadas apegado al poder absoluto,
    dejando como herencia un país destrozado en todos los aspectos posibles
    y un pueblo temeroso de su interferencia, o retorno a los primeros
    planos de mando.

    La única seguridad que tendremos de que Fidel estaría dispuesto a dejar
    de disfrutar del totalitarismo, vendrá cuando no pueda prolongar más la
    vida. En ocasiones, durante los últimos seis años, se ha especulado
    sobre su salud y despedida definitiva. Contrario a lo sucedido en
    décadas atrás, al escucharlo, la mayoría de los cubanos se ha sentido
    aliviada, a la espera de que quienes detentan el poder comiencen
    realmente los cambios.

    Indudablemente, resulta arduo desmontar el sistema caprichoso y
    fracasado que erigió Fidel Castro. Tal vez por eso, a lo más que han
    llegado sus seguidores es a poner parches mediante la llamada
    “actualización”, con lo que continúan perdiendo el tiempo, empeñados en
    garantizar la transición de los ancianos a sus herederos.

    Nelson Mandela, en cambio, ya está absuelto por la historia en momentos
    en que el pueblo de Sudáfrica y el mundo se han mantenido expectantes,
    desde el sábado 8 de junio, debido a su nuevo ingreso en un hospital de
    Pretoria, por una recurrente infección pulmonar, secuela de la
    tuberculosis descubierta en 1988.

    El Madiba, como lo llaman con admiración y respeto, es el padre de la
    independencia de la población negra, el artífice del desmontaje del del
    apartheid. Primero, mediante la lucha armada, y luego, por la
    negociación, hasta alcanzar la vía de la reconciliación entre los
    sudafricanos de todos los colores y clases sociales.

    Mandela era el preso 46664, en Roben Island, por haber sido condenado a
    cadena perpetua, al encabezar las acciones del Congreso Nacional
    Africano (ANC). Nacido el 18 de julio de 1918, en Trasnekei, estaba
    destinado a jefe del clan de los Temblu, pero el joven abogado escogió
    el arduo camino de todos los pueblos de su patria.

    En 1990 fue liberado, luego de 27 años en prisión, gracias a la lucha
    interna y la presión internacional sobre el régimen del apartheid. En
    1991, el parlamento derogó la ley sobre la segregación racial. En ese
    propio año resultó nombrado presidente del ANC. Y en 1993, recibió el
    Premio Nobel de la Paz (al igual que el presidente Frederick de Klerk).

    Cuando, el 26 de abril de 1994, se realizaron las primeras elecciones
    libres en Sudáfrica, 20 millones de ciudadanos ejercieron por primera
    vez el derecho al voto para terminar con 300 años de dominio blanco
    racista, confiriendo a Mandela el 62,6% de los sufragios.

    El 11 de noviembre de 1994, juró como presidente, pero en diciembre de
    1997 realizó una de sus acciones más encomiables: anunció su retirada
    del ANC y de la política, lo cual consumó en marzo de 1999, al
    despedirse en el parlamento, dando paso a Thabo Mbeki como nuevo presidente.

    Su grandeza se confirma por la humildad de renunciar al ejercicio de un
    poder tan merecido. Ese inmenso paso respondió a su afán de propiciar el
    ascenso de otros políticos, más allá del cáncer de próstata que padecía
    y que superó con adecuados tratamientos. No obstante, posteriormente,
    cuando se le solicitaba como uno de los padres o sabios de África,
    coadyuvó con recomendaciones y negociaciones a la solución de los
    acontecimientos primordiales de su país y el mundo. Y a través de su
    fundación, se esforzó por la investigación y combate contra el VIHSIDA.

    Los libros Larga Marcha hacia la Libertad y Conversaciones Conmigo
    Mismo, resultan muy instructivos para los cubanos en esta encrucijada,
    cuando se deben tomar decisiones de cambios cruciales, asentados en la
    reconciliación entre todos, para no actuar con odio, sino con pasión, de
    modo que sea posible escuchar y obedecer, ante todo, la voz de nuestro
    pueblo.

    La marcha definitiva del Madiba es inevitable. Sin embargo, cuando está
    próximo a cumplir 95 años, se añora preservarlo físicamente, aunque ya
    es inmortal en el recuento de lo mejor ocurrido en la historia de la
    humanidad.

    Source: “Castro y Mandela | Cubanet” –
    http://www.cubanet.org/articulos/castro-y-mandela/

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