Apartheid en Cuba
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    Contra una partida de rancheadores

    Contra una partida de rancheadores

    Antonio José Ponte | Madrid | 8 Abr 2013 – 2:08 am.

    Las denuncias de racismo en Cuba van a hacerse cada vez más frecuentes.

    ¿Cómo va a conseguir contrarrestarlas el régimen y sus intelectuales?

    El primer rancheador, Guillermo Rodríguez Rivera, salió del blog de

    Silvio Rodríguez. Después se sumaron hasta una decena de ellos en La

    Jiribilla, todo un dossier de rancheadores. Fueron contra Roberto

    Zurbano, que es negro, pero el color importa poco: esa clase de partidas

    cargan contra todo el que se alce contra el Amo. No hace mucho tiempo,

    Silvio Rodríguez hizo lo mismo contra Pablo Milanés.

    Roberto Zurbano era director del Fondo Editorial de Casa de las Américas

    y fue destituido. Según los términos de Esteban Morales, rancheador de

    la partida, fue "liberado de su puesto". Sin embargo, es preciso

    conceder que en la sanción impuesta por la directiva de la institución

    hay poco o nada de discriminación racial. Cualquier funcionario, negro o

    no, que hubiese publicado opiniones como las suyas habría sido

    destituido: lo que castigan en Casa de las Américas es la libertad de

    pensamiento.

    "Me pareció escandaloso que un negro cubano y revolucionario afirmara de

    modo terminante…", escribió Guillermo Rodríguez Rivera. Venía a

    alarmarlo el hecho de que las opiniones de Zurbano no encajaran en el

    perfil de negro (y de revolucionario) consabido. Dado el color de su

    piel, Zurbano no debería apartarse de determinados pensamientos. Ciertos

    juicios nunca deberían ocurrírsele y, en vez de hablar por los demás,

    tendría que dar gracias por su suerte.

    Rodríguez Rivera comenzaba la partida con este otro asombro: "Lo primero

    que llamó mi atención fue que Diario de Cuba —que es una publicación

    declaradamente opositora a la Revolución cubana—, acogiera in extenso,

    las opiniones de un ensayista cubano que vive en la Isla y que, sin

    duda, se ubica en el ámbito de la que ellos (los del Diario) llaman

    'oficialidad' cubana".

    Amodorrado en los hábitos informativos del castrismo, tenía que serle

    imposible concebir un periodismo que se arriesgara a citar aquello con

    lo que no coincidiera. Sus alusiones a Diario de Cuba no hacían más que

    seguir un protocolo. Según ese protocolo, es necesario volcar las culpas

    en algún punto extranjero (o del propio país, bajo acusación de

    mercenarismo), dejar al culpable la oportunidad de reconocer que todo ha

    sido fruto de la confusión y de su confianza traicionada por un

    periodista y, luego de una detractación así, puede darse por concluido

    el caso.

    Rodríguez Rivera debió aspirar a una solución así, aunque pronto vio

    defraudadas sus esperanzas. Pues si Zurbano acusó a The New York Times

    de tergiversar la frase suya que servía de titular al artículo, dejó

    claro también que no se retractaba de lo que en él decía.

    Resultó igualmente infructuosa la tentativa, desde el blog oficialista

    de Manuel H. Lagarde, de desviar la atención hacia supuestos intentos de

    Diario de Cuba de fabricar un "caso Zurbano". Y es que, maquínense o no

    falsos titulares en The New York Times o forjénse o no falsos héroes en

    Diario de Cuba, los problemas denunciados por Roberto Zurbano iban a

    seguir ahí.

    La pobreza y la falta de horizonte en la que viven los negros son parte

    principalísima de la pobreza y la falta de horizontes traídas por los

    hermanos Castro para todos los cubanos. Si como señala Zurbano, la

    población blanca del país tiene mayores posibilidades económicas gracias

    a la ayuda del exilio, entonces la pobreza de los negros es un índice

    redoblado del experimento de devastación que nos habrá incluido a todos.

    En Cuba existe una política de apartheid que pesa sobre la inmensa

    mayoría. Ese apartheid es un componente esencial del castrismo. Existió

    hasta hace poco en los hoteles, en los cayos y en las playas. Existe

    aún, pese a las reformas cosméticas, en la legislación migratoria. Es

    definitivo respecto a las inversiones económicas y amenaza a los

    cuentapropistas hasta tanto no haya garantías para la propiedad privada.

    Por lo que no hay más que ser cubano, de cualquier raza, para resultar

    despreciable y marginado y reprimido. Y la situación de la población

    negra cubana es, reconcentrada, la de todos los cubanos, incluidos los

    del exilio.

    En las últimas semanas The New York Times ha dado cabida en sus páginas

    a los blogueros Yoani Sánchez y Orlando Luis Pardo Lazo. The Washington

    Post ha reclamado en las últimas semanas, en editoriales y columnas, una

    investigación internacional de la muerte de Oswaldo Payá y Harold

    Cepero. A todo esto han venido a sumarse las críticas aportadas en el

    primero de esos diarios por un alto funcionario de la Casa de las

    Américas, y no resulta descabellado suponer que denuncias así se harán

    cada vez más frecuentes y volverán, una y otra vez, sobre la suerte de

    los negros en Cuba.

    ¿Qué va a hacer el régimen castrista para contrarrestar tales denuncias?

    De poco va a servirle el timbirichismo recién adoptado o un mercado cuya

    liberación se corresponde con la acepción del término aportada por

    Esteban Morales. No le valdrán las triquiñuelas con que sigue

    escamoteándole derechos a los homosexuales. Ni conga con arcoiris ni

    Mariela Castro que valga. Poco podría conseguir aun con cientos de

    Esteban Lazos unánimes en la Asamblea Nacional y, puesto que no se trata

    de una cuestión interpretativa, sobrarán sus llamadas bibliográficas a

    Fernando Ortiz, a los discursos de Fidel Castro y la Constitución.

    Porque si según la letra de esta última todos somos iguales, lo somos

    para sufrir el apartheid impuesto por los Castro. Para ser perseguidos

    por los rancheadores.

    Roberto Zurbano ha publicado su opinión sobre un asunto sumamente

    apremiante. Igual que en la respuesta que Picasso diera a unos jerarcas

    nazis que le reprochaban el horror de un cuadro donde denunciaba la

    guerra, no son otros que ustedes, mayimbes, rancheadores, segurosos y

    trovadores cortesanos, los responsables y cómplices de que las cosas

    estén como estén. En lugar de sublevarlos la miseria y falta de libertad

    en que tantos cubanos viven, reservan ustedes su sentido del escándalo

    para unas líneas impresas. Pero tengan por seguro que cada vez les será

    más difícil evadir sus respectivas responsabilidades en tanta ineptitud,

    tanta bajeza y tanto crimen.

    http://www.diariodecuba.com/cuba/1365379695_2659.html

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