Apartheid en Cuba
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    Legalidad versus castrismo

    Legalidad versus castrismo
    Domingo 15 de Agosto de 2010 07:57 Alberto Méndez Castelló, Puerto Padre

    , reunido con representantes de la iglesia de Jamaica, el 20
    de octubre de 1977, reincidió en la incongruencia que por estos días
    está haciendo orar a los cristianos dentro y fuera de la Isla: "Nadie
    está en Cuba por motivos políticos", aseguró el primer secretario
    del PCC.

    Sabido es que decenas de hombres se pudren en las cárceles cubanas por
    decir y actuar como piensan, como conocido resulta el vía crucis de un
    puñado de mujeres por conseguir la de esos hombres. Pero menos
    clarificado es, quizás, el efecto bumerang en que se ha convertido el
    concepto de delito político esgrimido por Castro ante la iglesia de Jamaica.

    "De acuerdo con nuestra concepción del derecho penal, el preso político
    es aquel arrestado y condenado por querer mejorar la sociedad, o luchar
    por el bien del hombre y el progreso de la sociedad. No tenemos el mismo
    concepto de aquellos que luchan por hacer retroceder la sociedad y
    nosotros los denominamos presos contrarrevolucionarios", dijo el
    entonces gobernante.

    "El concepto del doctor Castro pudiera considerarse maniqueo si hoy no
    absolviéramos a los cubanos que un día condenamos en la creencia de
    hacerlo en nombre del pueblo, cuando en realidad cumplíamos el mandato
    de una autocracia", opinó un prestigioso jurista, ocupado hoy en la
    tarea casi imposible de la abogacía dentro del abroquelado cuerpo legal
    de la Isla.

    "El asesinato, el exterminio, la esclavización, la deportación y otros
    tratos crueles a la población, antes de una guerra o durante la misma —y
    conocida es la guerra civil padecida por los cubanos en la década de los
    sesenta—, así como la persecución por motivos políticos y religiosos,
    están definidos como crímenes contra la humanidad, entre los que también
    figura el apartheid, independientemente de si estas acciones constituyen
    o no violaciones del derecho interno del país donde fueron cometidas,
    implicando responsabilidad individual", precisó el jurista.

    "En Cuba, las muertes en circunstancias insuficientemente establecidas,
    la persecución y encarcelamiento por motivos políticos, de conciencia,
    religiosos, sexuales o migratorios, o el internamiento de personas en
    campos otrora eufemísticamente llamados Unidades Militares de Ayuda a la
    Producción —la recordada UMAP, llámese hoy Ejército Juvenil del Trabajo
    (EJT)—, o los correccionales a donde van a parar los sancionados por ese
    sofisma jurídico llamado ' predelictiva', han sido
    profusamente divulgados por relatores de , la prensa
    libre, literatos y cineastas levantiscos. Pero el exterminio de grupos,
    repito, exterminio, como el abatimiento rural, que ha causado a la
    nación un desastre socioeconómico equivalente al colapso ético provocado
    por el descuartizamiento de la sociedad civil, quizás sea, de los
    crímenes, el menos escrutado".

    "Y no estamos hablando ya de falta de producción agrícola, que es mucho
    decir, sino de algo peor, que es la castración, la emasculación de la
    cultura rural; la ancestral costumbre que va de guardar una semilla como
    si fuera una onza de oro hasta cantarle al fruto con un coro de ángeles.
    ¿Y sabe por quién estaba compuesto tal orfeón?, pues por los hijos del
    labriego, que hoy son policías o generales", dice a DIARIO DE CUBA un
    sociólogo de Alto de Cotillo, Baracoa, donde el Estado ahora ha
    organizado brigadas de recolectores de coco para evitar que los
    campesinos dispongan de sus cosechas.

    "Pronto los cucuruchos de coco aquí también serán cosa del pasado", dice
    el especialista mirando hacia abajo desde la loma de la Farola.

    "En su artículo 120, el Código Penal cubano preceptúa el crimen del
    apartheid, condenado por diferentes organismos de la ONU, por la
    catástrofe racial en Sudáfrica; pero resulta que etimológicamente esta
    palabra tiene una connotación jurídica universal, pues va más allá del
    color de la piel de las víctimas. Si al ordinal primero del artículo 120
    de nuestro Código Penal se le suprime la palabra 'racial', sólo esa
    palabra, se verá que en Cuba hay mucha gente cometiendo crímenes de
    apartheid según la letra y el espíritu de dicho Artículo 120, ordinal 1,
    incisos a y b. Como grupo, el victimario bien puede ser el PCC, que
    tiene un jefe con nombre y apellidos, y como víctimas, hay decenas de
    grupos sociales: los campesinos; el Movimiento Cristiano Liberación, con
    decenas de encarcelados y montones de perseguidos por gestionar el
    Proyecto ante la Asamblea Nacional del Poder Popular; las Damas
    de Blanco, contra quienes se han cometido todo tipo de atentados por el
    sólo hecho de exigir pacíficamente la libertad de sus seres queridos,
    también víctimas del apartheid".

    "Los organismos internacionales de justicia deberían rearticular lo
    concerniente al crimen de apartheid de acuerdo con los nuevos tiempos;
    la etimología de la palabra lo admite y las víctimas están ahí",
    argumenta el jurista, en otro tiempo legislador.

    El pasado 19 de mayo, monseñor Dionisio García Ibáñez, de la
    Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, arzobispo de Santiago de Cuba,
    y el cardenal Jaime Ortega y Alamino, arzobispo de La Habana, se
    reunieron con el general Raúl Castro.

    Quizás el encuentro tenía su origen en una frase pronunciada por
    monseñor García Ibáñez en la misa oficiada en el Santuario del Cobre en
    la mañana del pasado 8 de septiembre, repetida en la noche, durante la
    peregrinación por las calles de Santiago, y reiterada con énfasis
    juvenil a este cuando le entrevistó en la Catedral santiaguera
    concluido el multitudinario peregrinar: "La paz es aceptar al otro tal
    como es, que nadie se ponga por encima de nadie, dar la paz al que está
    al lado es conseguir la propia".

    Casualidades: en el Cobre, escuchando a monseñor García Ibáñez, se
    encontraba Emilio Martínez, de 86 años, natural de Guantánamo, en otro
    tiempo carretero en Birán de la finca paterna de los hermanos Castro.
    Cuando monseñor Dionisio concluyó, Emilio dijo al que esto escribe:
    "Tiene razón el arzobispo, la paz del prójimo es nuestra paz".

    Cabe preguntarse si Fidel Castro y su hermano el general pensarán como
    su antiguo carretero.

    http://www.diariodecuba.net/opinion/58-opinion/2391-legalidad-versus-castrismo.html

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