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    Correspondencia íntegra entre Silvio Rodríguez y Carlos Alberto Montaner

    TEXTO DE REFERENCIA

    Correspondencia íntegra entre Silvio Rodríguez y Carlos Alberto Montaner
    EL PAÍS publica los textos completos de las misivas intercambiadas hasta
    el 9 de abril de 2010 entre el famoso cantautor y el célebre opositor
    cubano en el exilio

    EL PAÍS – Madrid – 10/04/2010

    A finales del mes de marzo el cantautor cubano Silvio Rodríguez publicó
    un poema en la web Rebelión en el que lanzaba una serie de preguntas.
    Una de ellas, dirigida al opositor anticastrista en el exilio Carlos
    Alberto Montaner. Éste contestó al texto de Rodríguez al día siguiente,
    en una carta abierta. EL PAÍS publicó entonces un resumen de esa
    correspondencia. Desde entonces el intercambio de misivas entre ambas
    personalidades sigue viva. La última carta fue enviada ayer por Silvio
    Rodríguez. Reproducimos de manera íntegra el contenido de esta
    conversación epistolar, todavía abierta.

    Carta del 31 de marzo de 2010 [De Silvio Rodríguez a Carlos Alberto
    Montaner]

    Preguntas de un trovador que sueña

    (a Bertold Brecht, por sus Preguntas de un obrero que lee)

    Si el flautista de Hamelín partiera con todos nuestros / hijos
    ¿comprenderíamos que se nos va el futuro? / Si ese futuro que se nos va
    supiera adónde lo lleva el / flautista de Hamelín ¿partiría con él?

    Si un huelguista de hambre exigiera que Obama levantara / el bloqueo ¿lo
    apoyaría el Grupo Prisa?

    Si los miles de cubanos que perdimos familia / en atentados de la CIA
    hiciéramos una carta de denuncia / ¿la firmaría Carlos Alberto Montaner?

    Si algunas firmas meditaran antes de condenar las / cárceles ajenas
    ¿resultarían incólumes las propias?

    Si un líder del norte es un líder / ¿por qué es caudillo el que nació en
    el sur?

    Si la política imperial es responsable de algunas de / nuestras
    desgracias ¿no deberíamos liberarnos también / de esa parte de la
    política imperial?

    Si condenamos la guerra fría ¿nos referimos a toda / o sólo a la porción
    ajena?

    Si este Gobierno ha sido tan malo ¿de dónde / ha salido este pueblo tan
    bueno?

    Aborto (marque con una cruz): / asesinato, hedonismo, piedad

    Homosexuales (marque con una cruz): / Elton John advierte que Cristo era gay

    ¿Quién le importa al PP? (marque con una cruz): / ¿ o ?

    Si la Casa Blanca devolviera Guantánamo y acabara el / ¿qué
    posición (común) adoptaría / el Kama-Sutra europeo?

    Si el que hoy maldice ayer bendijo / ¿con quién pasó la noche?

    Si de veras nos haría tanto daño una amnistía / ¿por qué no me lo explican?

    Si la suma de ambas intransigencias nos extingue y la / nada baldía nos
    arrastra al pasado ¿nuestros hijos / tendrán lo que merecen?

    ¿Qué pasa con los negros? ¿Qué pasa con los amarillos? / ¿Qué pasa con
    los blancos?

    ¿Qué pasa con los rojos, con / los azules e incluso con los hombrecillos
    verdes?

    Si alguien roba y después resulta que no da la vida / ¿qué hacer?

    Si otro Martí naciera entre nosotros ¿podría ser / , rapero,
    cuentapropista, ciudadano provincial / en una chabola periférica?

    Patria, Universo, Vida, respeto al semejante / y todos Venceremos un poquito

    Carta del 1 de abril de 2010 [De Carlos Alberto Montaner a Silvio Rodríguez]

    El cantautor Silvio Rodríguez me ha hecho una pregunta públicamente. Se
    la voy a responder. Es un magnífico y admirado compositor al que debe
    tomársele en cuenta. Dice Silvio: "Si los miles de cubanos que perdimos
    familia en atentados de la CIA hiciéramos una carta denuncia ¿la
    firmaría Carlos Alberto Montaner?". La pregunta forma parte de lo que
    parece ser un poema o la letra de una canción inédita. El texto se
    titula "Preguntas de un trovador que sueña" y está disponible en un
    website llamado Kaosenlared.net, vertedero ideológico en el que es
    posible leer elogios a los narcoterroristas de las FARC o a los asesinos
    de ETA, pero donde, de vez en cuando, aparecen críticas lúcidas a la
    dictadura cubana.

    Por supuesto, Silvio: yo firmaría esa denuncia. La CIA, como todos los
    servicios de inteligencia, ha hecho cosas deplorables que merecen ser
    censuradas. Y las ha hecho el ejército norteamericano cuando maltrató
    cruelmente a los prisioneros. Y las sigue haciendo el Departamento de
    Justicia de , y hasta la Corte Suprema, cuando priva a
    ciertos detenidos del amparo de la ley. Todo eso, incluida la pena de
    muerte, me parece abominable y contrario a un verdadero Estado de
    Derecho en el que se respeten las libertades individuales.

    Ahora, Silvio, me toca preguntarte a ti: ¿firmarías una carta en la que
    se denunciaran los atropellos a los presos políticos cubanos y el acoso
    a las Damas de Blanco? Una carta en la que mostraríamos nuestro respeto
    por Orlando Zapata Tamayo, Guillermo Fariñas y todo aquel dispuesto a
    morir defendiendo su dignidad de ser humano. Una carta en la que
    solicitaríamos la condena a los policías responsables de la muerte de 41
    infelices, la mayor parte niños y mujeres, que huían de Cuba en un barco
    en la madrugada del 13 de julio de 1994. Una carta en la que los cubanos
    les pediríamos perdón a los somalíes por la matanza de miles de personas
    llevada a cabo en 1977 y 78 por el ejército cubano en la Guerra de
    Ogadén, cuando Cuba se alió a la dictadura etíope. Una carta en la que
    se condenara la censura, el dogmatismo, el partido único, la persecución
    a las personas por tratar de defender sus ideas políticas, sus creencias
    religiosas, sus preferencias sexuales. Una carta en la que les dijéramos
    a los hermanos Castro que 51 años es un periodo demasiado prolongado
    para continuar imponiéndoles a los cubanos un sistema fallido y cruel en
    el que ya casi nadie cree, comenzando por ti, Silvio, y por tu talentoso
    hijo "Silvito", músico, como tú, a quien apodan "el Libre" para
    diferenciarlos, porque Silvito ha decidido cantar y decir lo que piensa.

    Voy a contestar por ti, Silvio: yo creo que la firmarías. Y creo que la
    firmaría el 90% de los cubanos, hartos ya de esa vieja dictadura de
    difuntos y flores. Y te diría más: es importante que todos los cubanos
    interesados en salvar el futuro (porque el pasado lo hemos hecho añicos
    irremediablemente), los de la oposición democrática y los reformistas
    del régimen, como es tu caso, se encuentren en un punto medio para
    buscar una salida a la trampa que nos van a legar los hermanos Castro
    cuando decidan morirse y nos dejen como herencia un manicomio
    empobrecido y sin ilusiones patrullado por una legión de policías corruptos.

    Hace pocas fechas dijiste que a la palabra "Revolución" hay que quitarle
    la "R" para comenzar a evolucionar. De acuerdo. ¿Cómo se hace ese
    prodigio? Se hace vaciando las cárceles de presos políticos, permitiendo
    la libre expresión de las ideas y la asociación espontánea y sin
    coacciones de las personas. No se trata de determinar ahora hacia dónde
    debe ir el país. Lo que se impone en este momento es abrir los cauces de
    participación para que los propios cubanos cambien todo lo que haya que
    cambiar y decidan democráticamente el rumbo que debe seguirse. Después,
    poco a poco, sin violencia, sin revanchas, pacíficamente, elección tras
    elección, las piezas irán cayendo en su lugar hasta que salgamos de la
    etapa actual y la sociedad, si así lo decide libremente, redefina el
    Estado y el perfil de la convivencia.

    ¿Hacemos esa carta juntos? Atrévete.

    Carlos Alberto Montaner

    Miami

    Carta del 2 de abril de 2010 [De Silvio Rodríguez a Carlos Alberto Montaner]

    Montaner:

    Mi hijo Silvio-Liam es una voz que comienza a extender sus verdades. El
    ama a nuestro Apóstol, no le resulta incómodo, no desea borrarlo de la
    Historia. A él no le crispa que Martí haya dicho: "Viví en el monstruo y
    le conozco las entrañas". Él escogió ponerse "el libre" por no sentirse
    atado. Asume haber nacido así y su padre aplaude que lo sienta y lo diga
    en su clave generacional.

    Desconoces la razón de un joven, pero intentas apropiártelo. No pareces
    comprender mucho lo que aseguras defender. ¿Será costumbre tuya? Diseñas
    una Cuba distorsionada que propagan las monstruosas cadenas. Cortando y
    pegando repartes un odio que ha derribado aviones llenos de inocentes.
    Siempre he reprobado el hundimiento del remolcador "13 de marzo". Pero
    quién va a creer que te importan los muertos somalíes, cuando no te
    interesan los cubanos que dieron su vida por un fingido prócer. A mí me
    conforta saber que no fue en vano el sacrificio de los caídos en Angola.
    No sólo porque los haya visto combatir y morir pobres y limpios, sino
    porque fueron consagrados en la eternidad por Nelson Mandela.

    Atrévete, Carlos Alberto, a afirmar que Mandela mintió cuando dijo que
    la presencia cubana en África significó el principio del fin del apartheid.

    Sé que tus argucias serán multiplicadas mil veces más que cualquier
    verdad desde Cuba. Desde esta dignidad cercada continuaré cantando lo
    que pienso: Sigo con muchas más razones para creer en la Revolución que
    en sus detractores. Si este gobierno es tan malo ¿de dónde salió este
    pueblo tan bueno?

    Atrévete un día a respetar al prójimo. Atrévete a expulsar la soberbia.
    Atrévete a merecer un pueblo como este.

    Silvio Rodríguez Domínguez

    La Habana, Cuba

    Carta del 3 de abril de 2010 [De Carlos Alberto Montaner a Silvio Rodríguez]

    Estimado Silvio Rodríguez,

    Me has respondido con cierta vehemencia. No te gustó mi anterior
    contestación a una pregunta tuya. Ojalá estos papeles tengan mejor
    suerte. Mi intención no es hostilizarte, sino conversar civilizadamente.
    Veamos.

    Dices: "Mi hijo Silvio-Liam es una voz que comienza a extender sus
    verdades. El ama a nuestro Apóstol, no le resulta incómodo, no desea
    borrarlo de la Historia. A él no le crispa que Martí haya dicho: "Viví
    en el monstruo y le conozco las entrañas". Él escogió ponerse "el libre"
    por no sentirse atado. Asume haber nacido así y su padre aplaude que lo
    sienta y lo diga en su clave generacional".

    Yo también, Silvio, respeto la memoria de Martí, el más ilustre de todos
    los cubanos, pero no sólo el que, con bastante sagacidad y razón, temía
    los impulsos imperialistas de Estados Unidos a fines del siglo XIX,
    sino, además, el que criticó severamente a Marx y alabó a los
    empresarios con iniciativa al grado de afirmar: "Pero los pobres sin
    éxito en la vida, que enseñan el puño a los pobres que tuvieron éxito;
    los trabajadores sin fortuna que se encienden en ira contra los
    trabajadores con fortuna, son locos que quieren negar a la naturaleza
    humana el legítimo uso de las facultades que vienen con ella.

    Como coincido con Martí, Silvio, y no con Fidel, a mi me parece muy bien
    que alguien con tu talento haya podido enriquecerse legítimamente, tener
    propiedades dentro y fuera de Cuba y poseer una próspera empresa de
    grabaciones construida con el producto de su esfuerzo. Lo que quisiera
    es que ese privilegio que te han concedido se convierta en un derecho y
    se extienda a todos los cubanos. Es cruel y terriblemente empobrecedor
    que tanta gente talentosa y con iniciativa, como hay en Cuba, tenga que
    vivir subordinada a los caprichos de los comisarios y los burócratas.

    Pero volvamos a la generación de tu hijo, la de Silvito "el Libre", que
    es, también, la de los míos, y la de Yoani Sánchez y Gorki Águila. ¿No
    te parece criminal que esos jóvenes estén obligados a suscribir las
    ideas y prejuicios de unos confundidos octogenarios, paralizados por el
    miedo y el dogmatismo, que adquirieron sus juicios morales y su
    percepción de la realidad y de los conflictos sociales hace sesenta
    años, en otras circunstancias radicalmente diferentes? Tenemos que
    liberar a las jóvenes generaciones de esa carga nefasta para que sean
    capaces de construir libremente sus vidas. Eso es urgente.

    Sigo con tu carta. Dices: "Diseñas una Cuba distorsionada que propagan
    las monstruosas cadenas. Cortando y pegando repartes un odio que ha
    derribado aviones llenos de inocentes. Siempre he reprobado el
    hundimiento del remolcador 13 de marzo".

    ¡Ay, Silvio! ¿Diseño una Cuba distorsionada? ¿Te parece poco que, desde
    que se instauró la revolución, hace ya más de medio siglo, el 20 por
    ciento de la población ha huido a bordo de cualquier cosa, pagando el
    intento con varios miles han muertos? ¿Son falsos los fusilamientos, los
    maltratos en las cárceles, los actos de repudio a quienes se atreven a
    criticar al régimen? ¿Es mentira la censura?

    ¿Recuerdas cuando apaleaban a los cubanos por quererse ir del país en
    aquellos "actos de repudio", que no han cesado nunca porque hoy los
    organizan contra las Damas de Blanco y los demócratas de la oposición?
    ¿Se te ha olvidado como encerraban a los homosexuales en campos de
    concentración, como los echaban de la Universidad tras humillarlos
    públicamente? ¿No es verdad que en la primavera del 2003 encarcelaron y
    condenaron a penas de hasta 28 años de cárcel a 75 personas por prestar
    libros prohibidos, pedir un referéndum y escribir crónicas en los
    diarios extranjeros?

    ¿Qué tiene que ver la denuncia de esas monstruosidades con el condenable
    derribo de un avión de "Cubana de Aviación" lleno de inocentes, crimen
    que me parece repugnante? Tú condenas, y yo creo en tu sinceridad, el
    hundimiento del remolcador "13 de marzo" y el asesinato en ese episodio
    de 41 personas, pero ¿por qué no alzaste tu voz en la Asamblea Nacional
    del Poder Popular para denunciar el crimen? Eras un diputado, un
    representante de la sociedad. ¿Por qué callaste? Si quienes pueden
    hablar no se atreven a hacerlo se convierten en cómplices de la barbarie
    y contribuyen a perpetuarla. Quienes desean cambios deben proclamarlo
    con valentía.

    Y luego dices: "Pero quién va a creer que te importan los muertos
    somalíes, cuando no te interesan los cubanos que dieron su vida por un
    fingido prócer. A mí me conforta saber que no fue en vano el sacrificio
    de los caídos en Angola. No sólo porque los haya visto combatir y morir
    pobres y limpios, sino porque fueron consagrados en la eternidad por
    Nelson Mandela. Atrévete, Carlos Alberto, a afirmar que Mandela mintió
    cuando dijo que la presencia cubana en África significó el principio del
    fin del apartheid".

    Claro, Silvio, que me importan los miles de muertos somalíes
    exterminados por el ejército de Cuba en una guerra desigual y sin piedad
    que nada tenía que ver con la lucha contra el apartheid y sí con darle
    una victoria a la dictadura etíope, entonces aliada de la URSS. Como me
    importan, y mucho, los tres mil cubanos que dejaron la piel en África,
    sólo porque , sin consultar con nadie, ni siquiera con el
    Partido Comunista, decidió convertirse en un líder planetario y
    transformó a la pobre Cuba en la punta de lanza de sus apetencias de
    renombre internacional y en el peón más agresivo y oportunista de la
    Guerra Fría.

    ¿Para qué tanto sacrificio? Al final, las tropas cubanas, entre otras
    ironías de esa insensata carnicería, acabaron custodiando los intereses
    petroleros norteamericanos en la zona de Cabinda, y hoy Angola es una
    nación capitalista deseosa de olvidar los años en los que planeaba
    construir un estado calcado del modelo soviético. En Angola ya nadie
    recuerda aquel proyecto revolucionario por el que murieron tantos
    cubanos inútilmente.

    ¿No crees que es hora de poner punto final a la utilización del pueblo
    como carne de cañón para saciar las ansias de notoriedad de una
    camarilla sedienta de poder y gloria? ¿No crees que el arrendamiento de
    profesionales cubanos para pagar deudas, como si fueran esclavos, en
    nombre de la solidaridad internacional, es una ofensa profunda al honor
    nacional?

    Mi admirado Mandela, Silvio, no mintió: tiene, sencillamente, un ángulo
    diferente al mío sobre el papel de las tropas cubanas en África. En todo
    caso, lo que me emociona de Nelson Mandela no es su discutible opinión
    sobre el rol de las tropas cubanas en ese continente, sino esa
    democracia y esa libertad sin ira que les llevó a todos los sudafricanos
    en lugar de seguir el ejemplo totalitario de Fidel.

    Terminas tu carta de una forma curiosa: "Sé que tus argucias serán
    multiplicadas mil veces más que cualquier verdad desde Cuba. Desde esta
    dignidad cercada continuaré cantando lo que pienso: Sigo con muchas más
    razones para creer en la Revolución que en sus detractores. Si este
    gobierno es tan malo ¿de dónde salió este pueblo tan bueno?

    Concuerdo contigo, Silvio, en que la prensa libre será más generosa con
    mis explicaciones que con las tuyas, pero no es tu culpa. El mundo al
    que se adscribía la revolución cubana se derrumbó con el Muro de Berlín
    y hoy esa dictadura es sólo un viejo y desacreditado fósil, apenas
    emparentado con Corea del Norte, porque ya ni siquiera y
    son regímenes comunistas, aunque, lamentablemente, sigan siendo
    dictaduras gobernadas por un partido único con mano de hierro.

    No obstante, me parece legítimo que continúes cantando lo que piensas e
    insistas en defender la revolución y la dictadura comunista. Ese es tu
    derecho. Te diré más: la Cuba con la que sueñan millones de cubanos debe
    ser un país en el que tú puedas cantar lo que piensas, pero en el que
    también quepan Gloria Estefan, Willy Chirino, Paquito D?Rivera y Los
    Aldeanos. Una Cuba sin exclusiones.

    Entre todos, Silvio, tenemos que forjar esa Cuba tolerante en la que no
    se persiga a nadie por manifestar sus ideas. No te equivocas cuando
    dices que el cubano es un pueblo "bueno". Todas las dictaduras
    comunistas padecían malos gobiernos, pero tenían pueblos buenos en los
    que no faltaban los Sajarov, los Walesa y los Havel. En Cuba también
    abunda esa clase de héroes. Muchos están presos.

    Tenemos que encontrarnos en un claro de la historia patria para darnos
    ese abrazo de reconciliación, libertad y cambio que casi todos
    anhelamos. Saltemos sobre nuestras diferencias, Silvio, y hagamos un
    mundo mejor para nuestros hijos. Un mundo democrático y libre, como esas
    veinte naciones que están a la cabeza del planeta; esas veinte naciones
    a las que quieren escapar tantos cubanos jóvenes, como tú mismo acabas
    de advertir muy preocupado. Entre todos, Silvio, pacíficamente, podemos
    cambiar nuestro destino y salvar el futuro.

    Con genuina cordialidad cívica,

    Carlos Alberto Montaner

    Madrid.

    Carta del 9 de abril de 2010 [De Silvio Rodríguez a Carlos Alberto Montaner]

    (Segunda réplica a Carlos Alberto Montaner. Letanía)

    Montaner:

    Sé que, cuando Marx murió, Martí le dedicó algunas frases de homenaje,
    si mal no recuerdo "por haberse puesto de parte de los pobres". Por
    favor, ilústrame y muéstrame las "críticas severas" del Apóstol al autor
    de El Capital.

    Montaner:

    Antes de la Revolución, la mayoría de los cubanos no podía ni soñar con
    tener casa propia. Mi familia entre ellos. El único inmueble que ahora
    mismo poseo es mi casa. Infórmate mejor, porque hasta el día de hoy no
    tengo propiedades o empresas en Cuba o en el extranjero.

    Montaner:

    En algunas entrevistas y canciones, a través de una trayectoria de más
    de 40 años, he señalado lo que he considerado criticable del proceso
    revolucionario. En otras he apoyado este proceso, sin caer jamás en el
    servilismo o el panfleto. No hay dualidad en esto. En ambas facetas soy
    el mismo cubano pretendiendo asistir a los suyos.

    Montaner:

    No me molesta un gobierno de ancianos. En muchas culturas antiguas tener
    edad, por la sensatez inmanente, era un requisito para gobernar.
    Acuérdate de que tú también adquiriste tus "juicios morales, tu
    precepción de la realidad y de los conflictos sociales" hace medio
    siglo. No pretendas venderte como prospecto de la generación del dos
    mil, que no te queda bien.

    Montaner:

    Los fusilamientos se originaron en los primeros meses de la Revolución,
    contra criminales de guerra del batistato: torturadores y asesinos
    probados en los juicios que el pueblo de Cuba miró sobrecogido. La
    guerra despiadada que nos impuso la CIA obligó al gobierno a mantenerla
    como medida persuasiva. Con los años me he dado cuenta de que la pena de
    muerte es algo que debiera abolirse en todo el mundo, por incivilizada.
    Estoy convencido de que el cese de las hostilidades contra Cuba sería el
    principio del fin de la pena de muerte en nuestra Patria.

    Montaner:

    La oposición, en las prisiones, enfrenta el mismo drama que en las
    calles: no tienen pueblo, sus posiciones los alejan de las masas. En el
    2008 más de treinta artistas e intelectuales visitamos 16 prisiones y
    cantamos ante más de 40 mil reclusos. Los malos tratos que ustedes
    manifiestan no tienen nada que ver con la mucha preocupación que vimos
    en las autoridades carcelarias de todos los penales que visitamos. El
    mismo hecho de que exista un movimiento de aficionados tan poderoso en
    las prisiones cubanas contradice profundamente la versión que ustedes
    propagan.

    Montaner:

    No estoy de acuerdo con los actos de repudio, pero otros cubanos se
    indignan hasta el punto de cometerlos. Los cubanos de Miami hacen lo
    mismo. Debe ser la parte triste de nuestro karma. Encuentro lógico que
    las madres y esposas de los presos se preocupen por sus familiares y que
    lo manifiesten. No me parece muy honesto que reciban ayuda económica de
    otro gobierno y mucho menos de connotados terroristas, como parece ser
    el caso de ciertas señoras. La censura, como en otros países, existe en
    Cuba. Y ahí donde estás ahora mismo, existe también, sobre todo para los
    que no piensan como tú.

    Montaner:

    Me parece que no te corresponde decir lo que recuerdan los angoleños. A
    mí me consta que recuerdan mucho y bien la desinteresada ayuda de los
    cubanos. En Cuba nunca se ha usado una gota de combustible de Cabinda,
    donde estuve personalmente y vi caer a hombres extraordinarios,
    defendiendo ese petróleo para que una Angola soberana decidiera su suerte.

    Montaner:

    Si tanto deseas que Cuba sea mejor, cambia tu lógica y empieza a luchar
    contra el bloqueo. El bloqueo es genocida, inmoral, impresentable.
    Mientras exista será la justificación para no bajar ni un ápice la
    tensión defensiva. Si quieres tanto a los somalíes, supongo que debes
    querer al menos igual a los niños cubanos. Pues bien: los niños cubanos,
    gracias al bloqueo, este año no podrán entrar masivamente a los
    conservatorios musicales. Y no me vayas a decir que el gobierno cubano
    se volvió loco y ahora quiere destruir lo que construyó. En tus manos
    queda hacer felices a cientos de miles de niños del país en que naciste.

    Por eso, Montaner:

    Lucha contra el bloqueo para que el talento que lleva 50 años
    floreciendo no se frustre.

    Con probada vocación patriótica e internacionalista,

    Silvio Rodríguez Domínguez.

    La Habana, 9 de abril de 2010

    PD: La todopoderosa "Gran Prensa" que te apoya ya empezó a publicar
    versiones convenientes de este careo. Sé demócrata cabal (y cívico) y
    pídeles que muestren íntegras mis palabras.

    http://www.elpais.com/articulo/internacional/Correspondencia/integra/Silvio/Rodriguez/Carlos/Alberto/Montaner/elpepuint/20100410elpepuint_11/Tes

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