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    En Cuba duermen bien: asesinos, secuestradores, terroristas, los fugitivos de EEUU

    En Cuba duermen bien: asesinos, secuestradores, terroristas, los
    fugitivos de EEUU
    junio 23, 2017
    Rolando Cartaya

    La Habana les llama “luchadores sociales”, pero sus expedientes
    policiales confirman lo que dijo en Miami el presidente Trump: “mientras
    encarcelaba a personas inocentes (Castro) albergaba a asesinos de
    policías, secuestradores y terroristas”. Qué hicieron, cómo huyeron y
    qué vida llevan en Cuba.
    La Habana les llama “luchadores sociales”, pero sus expedientes
    policiales y judiciales confirman lo que dijo sobre ellos el viernes en
    Miami el presidente Donald Trump: “mientras encarcelaba a personas
    inocentes (el régimen de Castro) albergaba a asesinos de policías,
    secuestradores y terroristas”.

    Y no sólo. También salteadores de bancos o furgones de transporte de
    dinero, como Cheri Dalton y Víctor Gerena; y otros de cuello blanco,
    responsables de fraudes multimillonarios y tráfico de drogas, como
    Robert Vesco.

    Son poco más de 70 los que integran el grupo de los que se podría llamar
    los “históricos” (en la isla ha buscado amparo una nueva generación de
    delincuentes buscados en EE.UU. por fraudes al Medicare, las tarjetas de
    crédito y las aseguradoras, drogas y lavado de dinero etc., casi todos
    cubanos).

    En su mayoría son secuestradores de aviones: entre 1968 y 1973, cuando
    La Habana firmó un acuerdo con el gobierno de Richard Nixon para impedir
    y castigar la piratería aérea, hubo 90 intentos de desviar aviones hacia
    Cuba, principalmente protagonizados por estadounidenses. Pero al menos
    siete son los presuntos responsables de las muertes de policías en
    tiroteos o asaltos, o de civiles como resultado de actos terroristas.

    Del núcleo histórico, a algunos como Vesco y William Lee Brent la muerte
    les llegó siendo ya ancianos en su santuario caribeño. Sólo uno, William
    Potts tuvo el valor de regresar y enfrentarse a la justicia
    estadounidense. Casi todos se “aplatanaron” a la penosa vida de la isla,
    unos con más suerte que otros.

    Sin embargo, como demostró una reciente investigación de Martí Noticias
    sobre uno de ellos, Ronald (Ishmael Ali) LaBeet, para los cubanos entre
    los cuales habitan suelen ser una incógnita: ni siquiera está claro si
    son “yumas” o jamaiquinos, ni de qué viven (algunos compiten con ellos
    en la “lucha” cotidiana), pero sobre todo no se sabe por qué fueron a
    parar allí. Son virtualmente otro secreto de Estado.

    Ese conveniente anonimato ha sido roto en algunos casos, como el de la
    ya célebre JoAnne Chesimard, gracias a la tenacidad de los familiares y
    amigos de las víctimas en denunciarlos y exigir justicia.

    Pero sin duda hasta los más anónimos y olvidados se asustaron mientras
    veían a los dos gobiernos acercarse en el último mandato del
    expresidente Obama, y también el año pasado, cuando dejó de existir su
    principal padrino y garante, el exgobernante cubano Fidel Castro.

    No era para menos, Si fueran entregados a la Justicia de Estados Unidos
    enfrentarían condenas a prisión (según las leyes de EE.UU. como mínimo
    eludieron ilegalmente un proceso judicial); y los más buscados podrían
    recibir desde severas condenas de cárcel hasta cadena perpetua o una
    inyección letal.

    A continuación presentamos un resumen de lo que se sabe de los más
    connotados, qué hicieron, cómo huyeron y cómo ha sido su vida en Cuba,
    así como una lista completa, pendiente de actualización, de la Oficina
    Federal de Investigaciones (FBI).

    Es la más conocida de todos, tanto, que fue el único nombre de la lista
    mencionado por Trump en su reciente discurso. En algún momento se ha
    sugerido canjearla a Cuba por la espía cubana del Pentágono Ana Belén
    Montes. Es la única mujer en la lista de los diez terroristas más
    buscados por el FBI y por su captura se ofrece una recompensa de $ 2
    millones, Se le busca por acto terrorista, terrorismo doméstico, huída
    ilegal para evitar confinamiento y asesinato.

    Joanne Chesimard era miembro del radical Ejército Negro de Liberación
    (Black Liberation Army) cuando, según la fiscalía de Nueva Jersey, se
    desató en mayo de 1973 un tiroteo en la autopista Turnpike entre ella y
    dos camaradas suyos de un lado, y del otro dos patrulleros estatales que
    les habían ordenado arrimar el auto por un problema técnico con una luz.
    En la refriega uno de los agentes, Werner Foerster, fue herido en un
    brazo y cayó al suelo. Chesimard, dicen los fiscales, lo remató con dos
    disparos a la cabeza.

    En 1977 ella fue declarada culpable de asesinato en primer grado y otros
    delitos y condenada a cadena perpetua. Menos de dos años después, se
    fugó de la cárcel con ayuda de elementos radicalesy vivió en la
    clandestinidad antes de reaparecer en Cuba en 1984 bajo el alias de
    Assata Shakur.

    Antes del asesinato de Foerster ella ya había tomado parte en tres robos
    a mano armada, incluido el de un banco; un secuestro, un asesinato y dos
    intentos de asesinato de agentes de policía.

    Su figura ha sido presentada en forma romántica tanto por la propaganda
    castrista como por círculos radicales de EE.UU. El diario The Washington
    Post ha reportado que, si bien por un tiempo su nombre aparecía en la
    guía de teléfonos de La Habana y era visitada por peregrinos de “la
    causa”, luego se esfumó de la escena pública cubana. Tendrá ahora entre
    65 y 70 años, pues aparece en documentos públicos como nacida en 1952 y
    en 1947.

    Cheri Laverne Dalton (Nehanda Abiodun)

    Los cultivadores cubanos del hip-hop la llaman “la madrina” por su apoyo
    al movimiento, pero probablemente desconocen los antecedentes penales de
    esta alta y agraciada morena, ahora cercana a los 67 años, y considerada
    peligrosa por el FBI. Los federales conocen que ella formaba parte de un
    pequeño grupo de veteranos de la izquierda radical negra que se hacía
    llamar La Familia. A fines de los años 70 se dedicaron a robar a punta
    de pistola vehículos blindados de transporte de dinero en los suburbios
    de Nueva York, para autofinanciarse. Se dice que ella conducía los autos
    que usaban para escapar.

    En uno de estos robos, ocurrido el 21 de octubre de 1981 en Nanuet,
    Nueva York, contra un furgón de la empresa de seguridad Brinks,
    escaparon con $ 1,6 millones, pero antes dieron muerte a dos agentes de
    policía y un guardia de seguridad, e hirieron a otro policía y dos
    guardianes. En noviembre de 1982, un jurado investigador federal del sur
    de Nueva York acusó formalmente a Dalton de violaciones de la Ley RICO
    sobre organizaciones criminales; interferencia al comercio interestatal
    mediante robo; obstrucción de la justicia; robo de banco a mano armada;
    asesinatos cometidos durante robo de un banco; y ayudar e incitar al delito.

    Dalton vivió ocho años en la clandestinidad en EE.UU. y finalmente huyó
    a Cuba a través de un tercer país. Se cree que ella estaba entre quienes
    ayudaron a Chesimard a escapar de la cárcel. La ficha del FBI precisa
    que ha estado vinculada al movimiento de hip-hop cubano.

    El diario Washington Post reporta que Dalton, una graduada de la
    prestigiosa Universidad de Columbia en Nueva York, lleva en Cuba una
    vida ordinaria, en un pequeño apartamento de un suburbio distante del
    centro de La Habana (El 26 del edificio 36 del reparto Guiteras, según
    el investigador Luis Domínguez). Cuando tiene algún dinero, producto de
    alguna remesa que recibe o de seminarios sobre Cuba y el hip-hop que
    ofrece a visitantes, se conecta a Internet, pero pasa los mismos
    trabajos que cualquier cubano con el dinero, los alimentos y el transporte.

    William Lee Brent (fallecido)

    En Cuba desde 1969, Brent, un ex miembro del Partido Panteras Negras,
    falleció en la isla de una neumonía en 2006. Era entonces el extremista
    afroamericano que más años había vivido en la isla. Aunque blasonaba de
    haber sido guardaespaldas del líder del partido, Eldridge Cleaver, lo
    cierto es que Cleaver lo expulsó de la organización por “bandido”.

    Nacido en Louisiana en 1931, pasó su adolescencia en Oakland, California
    vendiendo drogas y cometiendo delitos menores. Se enroló con un
    certificado falso de nacimiento en el Ejército y fue dado de baja ocho
    meses después. En 1955 fue condenado, por robo a mano armada y robo de
    auto, a siete años de cárcel que pasó en la prisión estatal de San Quintín.

    Luego de tener problemas en el partido por su inclinación a las drogas y
    la bebida, Cleaver lo expulsa en noviembre de 1968, después que Brent y
    dos cómplices asaltaran una gasolinera en el área de la bahía de San
    Francisco usando una furgoneta marcada con el nombre de los Panteras
    Negras. Durante el incidente, Brent hirió a uno de los agentes
    policiales que acudieron al lugar.

    Luego de salir en libertad bajo fianza en junio de 1969, sacó un pasaje
    en el vuelo 154 de Trans World Airlines de Oakland a Nueva York, y le
    puso un revólver calibre 38 en la cabeza al piloto para que lo llevara a
    Cuba. Era una época en que los secuestros de aviones a Cuba eran tan
    frecuentes que una caricatura presentaba a una azafata preguntando a un
    pasajero “¿Café, té… o Cuba?”.

    Las autoridades cubanas lo enviaron a la cárcel por 22 meses pero luego
    le empezaron a dispensar el tratamiento de alfombra roja reservado a los
    “hermanos revolucionarios”, hospedándolo en el Hotel Nacional. Brent, un
    autoproclamado intelectual, escribió en la isla el libro “Long Time
    Gone” sobre su breve carrera como revolucionario y su largo historial
    como fugitivo.

    Según el Washington Post, vivía entre libros y papeles en uno de los
    mejores barrios de La Habana, en un apartamento mejor que los domicilios
    de todos los demás fugitivos. Sus pares lo consideraban un fanfarrón
    ególatra y pomposo.

    Charlie Hill

    Veterano de Vietnam, Hill es buscado por el asesinato de un policía de
    Nuevo México y el secuestro de un avión de TWA. Pertenecía en 1971 a un
    grupo llamado Republic of New Afrika que pretendía establecer por la vía
    armada una nación negra escindida de la Unión en el sureste de los
    Estados Unidos.

    A Hill le ordenaron transportar junto con dos camaradas, Michael Finney
    y Ralph Goodwin, un alijo de armas y explosivos desde San Francisco
    hasta Jackson, Mississippi. Cuando iban acercándose a Albuquerque, Nuevo
    México, el exceso de velocidad de su auto llamó la atención de un
    patrullero estatal, Robert Rosenbloom. El agente encendió las luces y la
    sirena, les ordenó detenerse y luego salir del auto, y les pidió que
    abrieran el maletero, donde llevaban las armas “Entonces recibió un
    disparo”, ha contado Hill, sin hacerse responsable de la muerte de
    Rosenbloom.

    Se escondieron mientras pudieron en la ciudad, de ahí huyeron al
    desierto y decidieron pedir por teléfono el servicio de una compañía de
    camiones de remolque. Cuando el conductor llegó, lo encañonaron y le
    ordenaron dirigirse a uno de los extremos del aeropuerto local. En la
    época todavía se abordaban los aviones en la pista. Cuando el vuelo 106
    de TWA empezó a abordar, le dijeron al conductor que embistiera la cerca
    y se dirigiera a la aeronave.

    Con los secuestradores a bordo, el avión hizo una escala en Tampa para
    tomar combustible y de ahí partió hacia La Habana.

    Charlie Hill, buscado en EE.UU. por el asesinato de un patrullero de
    Nuevo México, vive en Cuba desde 1971
    El Post cuenta que Hill se hizo en Cuba creyente de la santería, que
    pasó por los rigores del Período Especial post-soviético y que ahora se
    gana la vida como “bulevardero”, compitiendo con los cubanos por el
    favor de los turistas en La Habana Vieja, con la ventaja de su inglés;
    les vende habanos, les lleva adonde los babalawos para que les adivinen
    el futuro con sus caracoles; y luego hace el resumen del día bebiéndose
    seis o siete cervezas. (El editor del Post Eugene Robinson dice que Hill
    vivía con Jacquelín, una cubana del interior 20 años más joven que él, y
    con su hijo, en un pequeño apartamento de un suburbio de La Habana. Un
    día llegó a la casa y Jacquelín se había ido con el niño, todas sus
    cosas y el televisor de él).

    Los cómplices de Hill, Ralph Goodwin y Michael Finney, murieron en Cuba:
    el primero, se dice que ahogado en una playa de La Habana, y el segundo,
    de cáncer.

    En 1999 Hill le dijo a un reportero del Washington Post que no tenía
    remordimientos por haber dado muerte a Rosenbloom, quien dejó una esposa
    viuda y dos hijas menores huérfanas de padre. “Nunca me he sentido
    culpable por ese policía”, dijo

    William Guillermo Morales

    William Morales era miembro, según el FBI, de las independentistas
    Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) puertorriqueñas, un grupo
    terrorista que perpetró más de 100 atentados con bombas, confeccionadas
    en su mayoría por él con segmentos de tubería. Los estallidos causaron
    varias muertes, numerosos heridos y millones de dólares en daños.

    Morales perdió varios dedos y un ojo en 1978 al estallarle en las manos
    una bomba que estaba fabricando. Fue condenado a 99 años de cárcel luego
    de establecerse su participación en dos explosiones en Nueva York, una
    de ellas la perpetrada en 1975 con 10 libras de dinamita en la histórica
    Fraunces Tavern, en la que murieron cuatro personas y 63 resultaron
    heridas; y una segunda en 1977 que dejó una persona muerta.

    Noticia del atentado en la histórica Francis Tauvern, perpetrado por las
    FALN puertorriqueñas en 1975
    Morales escapó en 1979, mientras recibía tratamiento por sus lesiones,
    del pabellón de presos del Hospital Bellevue en Nueva York. Consiguió
    llegar a México donde las autoridades le enviaron a prisión por varios
    años en relación con un delito no relacionado (un tiroteo en el que
    murieron tres personas).En 1988 fue liberado y se le permitió viajar a Cuba.

    El historiador Jon Lee Anderson, autor de una conocida biografía del Che
    Guevara, ha contado en The New Yorker que había conocido a Morales
    durante su condena en México, en un penal llamado Reformatorio del
    Norte. Luego, en 1999, se lo reencontró en el Aula Magna de la
    Universidad de La Habana, formando parte de un público rigurosamente
    seleccionado, ya que iban a estar presentes Fidel y Raúl Castro y otros
    miembros del Buró Político del Partido Comunista, para escuchar un
    discurso del entonces recién investido presidente de Venezuela, Hugo Chávez.

    Según el investigador cubanoamericano Luis Domínguez, Morales vive en 37
    # 208 apartamento 3, en la zona congelada y reservada para dirigentes
    del Nuevo Vedado.

    Junto con Morales, fue condenado por el atentado de Francis Tauvern el
    también miembro de las FALN Oscar López Rivera. Dos días después de la
    liberación definitiva de López Rivera en marzo de este año, Raúl Castro
    le invitó públicamente a visitar Cuba “con los honores y el afecto que
    mereces”.

    Victor Manuel Gerena

    Víctor Manuel Gerena (1958), miembro de otro grupo extremista
    puertorriqueño, “Los Macheteros”, es buscado por el FBI en relación con
    el robo a mano armada en septiembre de 1983 de $7 millones de una
    furgoneta de la empresa Wells Fargo, empresa de la que era empleado. Se
    cree que el dinero fue a parar a Cuba.

    Según las autoridades estadounidenses, el día del golpe Gerena lo pasó
    en Hartford, Connecticut, con sus compañeros de trabajo Timothy Girard y
    James McKeon. En algún momento, despojó de su arma a McKeon, esposó y
    ató a los dos y les inyectó aspirina y agua para adormecerlos. Luego
    depositó los $ 7 millones en el maletero de un auto y escapó con el dinero.

    Se ha publicado que Gerena fue luego transportado a México, donde abordó
    un avión de Cubana de Aviación con destino a La Habana en el Aeropuerto
    Internacional de la Ciudad de México, El FBI ofrece una recompensa de
    hasta $ 1 millón por información que conduzca a su captura.

    Gerena es el fugitivo que ha permanecido por más tiempo en la lista de
    los Diez Más Buiscados por el FBI, desde mayo de 1984 hasta el pasado 15
    de diciembre.

    Según el diario Hartford Courant de Connecticut, “Los Macheteros”
    revelaron involuntariamente que Gerena se refugia en Cuba. El FBI grabó
    una conversación secreta sobre el particular, indica.

    La información asegura que el grupo pasó de contrabando botín y ladrón a
    través de la frontera entre Texas y México, utilizando caletas en casas
    rodantes. Una vez en México, funcionarios del gobierno cubano con
    estatus diplomático habrían trasladado a Gerena con el dinero a Cuba.

    Transcripciones de las conversaciones del grupo subversivo indican que,
    para consternación de los radicales puertorriqueños, Cuba se adueñó de
    casi la mitad del dinero robado. El exagente de la inteligencia cubana
    Jorge Masetti, que desertó en Europa en la década de los 90, escribió en
    su libro de memorias “El furor y el delirio”, y dijo a autoridades de
    EE.UU., que el gobierno cubano proporcionó $ 50.000 para financiar el
    robo. Masetti asegura haber participado en el envío de parte de los $ 7
    millones desde la Embajada de Cuba en Ciudad de México a La Habana.

    Según el analista retirado de la CIA Brian Latell, “Los Macheteros”, una
    facción del Partido Revolucionario de los Trabajadores Puertorriqueños,
    vio la luz en la década de 1960, y fue apoyado por Fidel Castro y la
    inteligencia cubana. Se cree que Gerena todavía vive en la isla.

    Ronald Labeet (Ishmael Muslim Ali)

    Ronald LaBeet es, entre todos los fugitivos que hallaron santuario en
    Cuba, el que tiene más muertos en su expediente judicial. Incluso más
    que el “bombardero” puertorriqueño Morales.

    LaBeet militó en los Panteras Negras después de recibir una baja
    deshonrosa del Ejército estadounidense durante la guerra de Vietnam.
    Después, volvió a las Islas Vírgenes estadounidenses, de donde es oriundo.

    El 6 de septiembre de 1972, él y otros cuatro jóvenes.bajo su mando
    salieron armados, enmascarados y vestidos con ropa militar, de los
    arbustos del campo de golf Fountain Valley, una propiedad de la
    multimillonaria familia Rockefeller en la isla de St. Croix.

    Según informes sobre lo sucedido, primero encontraron a cuatro
    residentes de Miami, dos parejas que pasaban allí sus vacaciones y que
    se disponían a volver a su hotel en un Toyota alquilado. Les ordenaron
    bajarse del auto y arrodillarse, y sistemáticamente los fueron
    ejecutando con una escopeta de cartuchos y pistolas de calibre .45 y 9mm.

    Luego rociaron a balazos el bar situado en la terraza del clubhouse,
    dando muerte a otras cuatro personas. Según testigos, durante la masacre
    gritaban insultos raciales y anti-blancos. ? Luego huyeron con 731
    dólares tomados de la caja registradora y efectos personales de los
    asesinados.

    Cada uno fue condenado en 1973 a ocho cadenas perpetuas consecutivas por
    asesinato en primer grado más otras sanciones por un total de 70 cargos.
    Durante el juicio, LaBeet escupía despectivamente.

    Según el FBI, años más tarde, el 31 de diciembre de 1984, mientras era
    trasladado de St. Croix a una prisión en Nueva York, LaBeet se hizo con
    una pistola que alguien escondió en el baño del avión, para secuestrar
    el vuelo 626 de American Airlines y desviarlo hacia La Habana, Cuba.

    A partir de ahí las autoridades estadounidenses le habían perdido la
    pista. El cartel del FBI dice “puede que resida en Cuba con su esposa e
    hijos”. Hasta que una periodista de St.Thomas, Islas Vírgenes
    estadounidenses, supo de su paradero en abril de 2015 durante una visita
    a Cuba, por un canadiense que suele vacacionar con un grupo de amigos en
    la Mayor de las Antillas. Posteriormente el fugitivo fue el centro del
    documental de 2016 The Skyjacker’s Tale, una reconstrucción del
    secuestro del avión para la cual el cineasta canadiense Jamie Kastner
    pudo contar con lo que le dijo en persona en Cuba el propio LaBeet.

    Una investigación de Martí Noticias ubicó a Alí LaBeet en la ciudad de
    Las Tunas, en la provincia cubana del mismo nombre. Residía en el
    edificio 25 del reparto Buenavista, frente a la filial universitaria de
    la ciudad.

    Según las fuentes de Martí Noticias la gente lo conocía en la zona como
    “Alí” o “El Jamaicano”. Su compañera sentimental es una joven llamada
    Liuris, bailarina del cabaret “Taíno” de Las Tunas. Durante un tiempo se
    buscó la vida como profesor de idiomas. Aparece en algunas fotos con
    collares de santería al cuello, bebiendo con elementos delictivos de la
    zona (en Cuba, “Alí” cumplió siete años de cárcel por el secuestro del
    avión). Suele acompañar y probablemente servir de intérprete y guía a
    turistas de habla inglesa en el polo turístico de la vecina provincia de
    Holguín.

    Según le dijo el turista canadiense Bill Chester en abril del 2015 a la
    editora del St. Thomas Source,Shaun Pennington, a LaBeet no le gusta
    hablar de lo que hizo en 1972 pero sí de política, y se expresa como un
    comunista convencido. “Yo soy un revolucionario, no un criminal,”, dice
    en el trailer del documental, desde algún lugar de su santuario cubano,
    el líder de la ejecución a sangre fría de ocho personas inocentes en 1972.

    William Potts

    Potts, uno de los últimos secuestradores de aviones hacia Cuba, y el
    único que se conoce haya regresado a EE.UU., fue también miembro de los
    Panteras Negras. Armado con una pistola desvió hacia la isla en 1984 un
    vuelo comercial Nueva York-Miami de la aerolínea Piedmont, esperando,
    según ha dicho, poder dirigirse a Sudáfrica para luchar contra el
    apartheid. En lugar de ello cumplió 13 años en una cárcel cubana.

    Según los documentos de la acusación, Potts “amenazó con hacer volar el
    aparato y disparar contra los pasajeros si el avión aterrizaba en
    Miami”. Además, exigió la entrega de cinco millones de dólares.

    Tras la amenazas, el piloto decidió volar a La Habana, donde autoridades
    de la isla entraron en el avión y salieron custodiando al
    estadounidense, que fue detenido y condenado a prisión. Al parecer Potts
    no reunía las credenciales revolucionarias suficientes para que Cuba
    pasara por alto, como lo hizo con otros, la aplicación del acuerdo que
    estableció en 1973 con la administración Nixon para impedir y castigar
    la piratería aérea y naval.

    Una vez cumplida su larga condena, Potts trabajó durante años como
    agricultor en Cuba, se casó y tuvo dos hijas

    Pero en 2013 hizo algo que no se atrevió a hacer ninguno de los
    fugitivos históricos, y que le ganó el mote de “el secuestrador
    nostálgico”: sacó un pasaporte estadounidense en la Sección de Intereses
    de EE.UU. en la Habana y un pasaje a Miami para comparecer ante la
    justicia de su país.

    En mayo de 2014 se declaró culpable del secuestro del avión. En julio
    fue condenado a la mínima de 20 años de cárcel, pero apeló la sentencia
    y tras otorgársele un crédito por los 13 años que estuvo preso en Cuba,
    podría salir en libertad después de siete años.

    Robert Lee Vesco, calificado una vez por la publicación State.com como
    “el rey indiscutible de los financistas americanos fugitivos”,se
    convirtió en proscrito en 1973, después de que, al cabo de años de
    inversiones arriesgadas y esquemas de crédito dudosos fuera acusado de
    fraude de valores para robar un fondo mutualista de más de doscientos
    millones de dólares por la Comisión de Acciones y Valores de EE.UU.
    Vesco huyó inmediatamente al extranjero y pasó un tiempo entre las
    Bahamas, Nicaragua y Costa Rica antes de huir a Cuba, en 1982.

    Entre las cosas que dieron notoriedad a Vesco se cuentan un intento de
    comprar una isla caribeña en Antigua con el fin de crear un país
    autónomo, y diligencias para que se aprobara en Costa Rica una ley que
    lo protegería de la extradición.

    Tras su llegada a Cuba gracias a una mediación con Castro del ex
    presidente costarricense José Figueres, fue confinado a no salir, por
    orden de Castro, de la Marina Hemingway de Barlovento, al oeste de La
    Habana.

    Años después se rumoreaba que Vesco estaba ayudando al gobierno cubano
    con sus transacciones financieras internacionales.En realidad, según el
    historiador cubano Juan F. Benemelis, Vesco era utilizado por Castro en
    actividades de narcotráfico. El autor dice que en Barlovento tenía
    Castro fondeado uno de sus yates personales, el Yagüaramas, en el que
    salía de pesquería frecuentemente con Vesco. Los contactos de Vesco en
    Cuba eran el chileno Carlos Alfonso (Max Marambio), vinculado al
    Ministerio del Interior cubano, y el funcionario cubano José Luis Padrón.

    Según Benemelis fue él quien reclutó y presentó a cubanos y
    nicaragüenses a James Herring, un norteamericano que servía de asesor en
    el establecimiento de la producción y el transporte de la cocaína del
    cartel de Medellín. Y también, como confirmó en varias ocasiones el
    miembro del Cartel extraditado a EE.UU. Carlos Lehder, colaboró en los
    esfuerzos del grupo por establecer rutas de la droga a través de Cuba y
    Nicaragua.

    Vesco fue oficialmente acusado de conspiración para importar cocaína a
    Estados Unidos en abril de 1989, el mismo año en que los testimonios de
    Lehder y las evidencias recolectadas por la DEA sobre la participación
    cubana llevaron a Castro a emprender el caso Ochoa-La Guardia, un
    proceso público mediante el cual sacrificó a varios de sus oficiales
    para desligar a la cúpula gobernante del narcotráfico

    La acusación contra Vesco dice que Lehder le pidió a través de un
    mensajero que utilizara su influencia en Cuba para arreglar que sus
    avionetas pudieran volar sobre Cuba para contrabandear drogas desde
    Nicaragua hasta la isla Andros en las Bahamas. Agrega que Vesco mismo
    entregó al mensajero “en presencia de otra persona” un documento con la
    aprobación de Cuba para los vuelos.

    La carrera delictiva de Robert Vesco, no obstante, no acabaría en una
    cárcel de Estados Unidos, sino en una de Cuba. En los años 90 un viejo
    amigo, Donald Nixon, sobrino del ex presidente estadounidense, viajó a
    Cuba buscando asociarse con el gobierno en la realización de ensayos
    clínicos sobre un fármaco desarrollado por un científico estadounidense,
    el Trixolan o TX, que se decía fortalecía la inmunidad y podría
    eventualmente curar el cáncer, el lupus y el sida.

    Vesco presentó a Nixon a Fidel y Raúl Castro y el gobierno cubano acordó
    proporcionar instalaciones médicas y laboratorios para llevar a cabo los
    ensayos. Luego se afirmó que los resultados de los estudios habían sido
    positivos. Vesco se unió con el ex agente de la CIA también refugiado en
    Cuba Frank Terpil, y ofrecieron su red de contactos al gobierno cubano.

    En nombre del gobierno de Fidel Castro, Vesco reunió a inversionistas de
    Europa y América Latina. En 1994, uno de ellos, el italiano Enrico
    Garzaroli denunció al Washington Post que había entregado a Vesco 1
    millón 200,000 dólares para comercializar la droga a escala
    internacional. Cuba obtendría el 40% por concepto de las ventas.Pero
    Vesco se habría querido pasar de listo: hizo falsas declaraciones,
    mintió acerca de su poder en Cuba; usó instalaciones sin autorización,
    todo buscando obtener una buena tajada de la inversión extranjera, y
    engañando al gobierno cubano sobre las ganancias reales. Garzaroli
    aseguró que el millón 200,000 dólares fue a parar a una cuenta bancaria
    en las Bahamas.

    Las autoridades cubanas tomaron el control del proyecto y arrestaron a
    Vesco, a su esposa, Lidia Alfonso Llauger, una ex funcionaria de la
    corporación cubana Cubanacán, y a Terpil. Según la revista mexicana
    Proceso, que cita un documento confidencial estadounidense, Washington
    hizo un pedido de extradición, que no fue respondido. A Nixon lo
    investigaron, pero un mes después lo dejaron ir.

    Un venido a menos Robert Vesco es conducido durante su juicio en Cuba
    por actividad económica ilícita.
    Aunque inicialmente Cuba informó que el financista era un agente de una
    potencia extranjera, luego se le acusó de fraude, actividad económica
    ilícita, y actos perjudiciales a la economía cubana. Fue condenado a 13
    años de cárcel que no cumplió del todo, pues hasta donde se sabe murió
    antes de cáncer del pulmón, en la cárcel, en noviembre de 2007.

    Aunque existe incluso un registro de su entierro en el Cementerio de
    Colón de La Habana, algunos estiman que la suya fue una muerte fingida y
    que Vesco está vivo y reside en otro país. El escritor Arthur Herzog,
    que lo entrevistó en Cuba para una biografía, dijo a la AP que solo con
    una prueba de ADN se convencería.

    Cualquier cosa es posible, pues tanto el norteamericano como los Castro
    demostraron ser diestros operadores del mundo de las sombras.

    Source: En Cuba duermen bien: asesinos, secuestradores, terroristas, los
    fugitivos de EEUU –
    www.martinoticias.com/a/cuba-duermen-bien-asesinos-secuestradores-y-terroristas-los-fugitivos-de-eeuu/147435.html

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