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    El Castrismo, entre Obama y Trump

    El Castrismo, entre Obama y Trump
    [24-06-2017 15:40:45]
    Pedro Corzo
    Escritor, Periodista y Editor

    (www.miscelaneasdecuba.net).- El cambio de política en proceso de
    implementación del gobierno del presidente Donald Trump hacia la
    dictadura castrista, ha generado numerosas expectativas y como era de
    esperar entre los cubanos se han exacerbado las pasiones, en particular,
    entre quienes respaldaron las medidas que favorecían al totalitarismo
    que dispuso el presidente Barack Obama.
    Fue tan espectacular el impacto del restablecimiento de relaciones
    diplomáticas y el relajamiento de las restricciones a Cuba por el
    presidente Obama, que gobiernos y dirigentes políticos distantes del
    castrismo se aproximaron a ese régimen en la suposición, al parecer,
    que los cambios políticos y económicos en la isla serían inmediatos.

    Más complejo e incomprensible fue que algunos opositores y disidentes
    de intramuros y extramuros pensaron que el cambio de Washington
    influiría favorablemente en los Castro, quienes en base a los mismos
    accederían a implementar cambios radicales en la finca que han
    explotado por más de 58 años.

    Lamentablemente todos se equivocaron. El castrismo no hace concesiones
    sino es objeto de presiones. La maquinaria del poder está engrasada y
    ajustada para recibir y no para dar, de ahí que muchos de los que
    creyeron que la primavera de la libertad rompería con el deshielo, estén
    apoyando el cambio de vía del presidente Trump.

    La ruptura de relaciones entre Estados Unidos y Cuba fue una decisión de
    la Casa Blanca, el restablecimiento de las embajadas fue también su
    iniciativa, y las subsiguientes concesiones económicas y políticas
    también fueron una medida del ejecutivo estadounidense, lo que permite
    apreciar una vez más que cada país actúa en base a sus intereses y a
    las interpretaciones que del contexto hagan sus dirigentes.

    Barack Obama, decidió ignorar la cruda realidad de la isla, y trató a
    sus gobernantes como si hubiesen sido electos por el pueblo. No quiso
    ver ni escuchar las golpizas y arrestos que allí se producen, incluidas
    las que ocurrieron después de su discurso en La Habana. Su objetivo de
    cambiar la política con Cuba no tomaba en cuenta el escenario, en
    consecuencia la obcecación por imponer una nueva ruta, implicó
    concesiones que a la larga favorecían a la nomenclatura, en particular
    al aparato militar, y no al pueblo como proclamaba la declaración oficial.

    El presidente Obama eligió desconocer que Cuba está regida por una
    dinastía, que ese gobierno viola sistemática y permanentemente los
    derechos humanos y que el pueblo está sumido en la pobreza por las
    restricciones y la ineficiencia económica de un sistema fracasado.

    Washington y La Habana representan modelos ideológicos, políticos y
    sociales totalmente opuestos, sin que eso signifique que sus
    respectivos pueblos sean enemigos, como han sido sus líderes por
    décadas, a pesar que el régimen castrista instrumentó una política de
    estado contra la nación estadounidense y todo lo que esta representa.
    Mientras, en la isla se auspició el odio a Estados Unidos, la Casa
    Blanca se limitó a favorecer el derrocamiento del totalitarismo insular.

    Los que creen que las dictaduras deben aislarse del mundo democrático,
    tal y como se hizo con Sudáfrica durante el régimen de apartheid, lo
    más probable es que apoyen las disposiciones de Donald Trump, todavía
    más, hay quienes opinan que las medidas debieron ser más severas porque
    el país está bajo el control de una dictadura militar, otros, los
    partidarios de las concesiones y los intercambios que no son tales,
    rechazaran las exigencias al totalitarismo y seguirán considerando
    responsables de los problemas de Cuba no a su gobierno, sino a quienes
    se le oponen o rechazan.

    No obstante, más allá de las decisiones de los últimos dos mandatarios
    estadounidenses, corresponde a los cubanos comprometidos con el
    establecimiento en la isla de una sociedad democrática trabajar por ese
    objetivo con independencia de los que se haga en Washington, porque
    aunque son indiscutibles los beneficios que implican tener de aliado en
    la causa a Estados Unidos, la responsabilidad de acabar con la dinastía
    de los castro recae sobre los cubanos.

    Source: El Castrismo, entre Obama y Trump – Misceláneas de Cuba –
    www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/594e6bdd3a682e089036a2c0#.WVPnE2iGP6Q

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