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    El jazz le ganó la pelea al castrismo

    El jazz le ganó la pelea al castrismo
    Alguna vez ese género musical tuvo que ser escuchado a escondidas en Cuba
    Martes, mayo 2, 2017 | Tania Díaz Castro

    LA HABANA, Cuba.- Mi memoria, que vale millones de pesos y es
    subversiva, lo recuerda con lujo de detalles: Triunfan los barbudos en
    la Sierra Maestra y todo, menos las ideas comunistas, comienza a estar
    prohibido. Hasta el jazz.

    No por sus acordes musicales, claro está. Los hermanos Castro, de oídos
    cuadrados —no se sabe qué se escuchaba en Birán, la tierra natal, aparte
    del canto de los gallos o el berrido de los animales—, pudieron ver el
    jazz no sólo como música negra o “el retorno de la música de los
    salvajes”, sino como algo peor: un producto de la cultura
    afronorteamericana, del Norte brutal que odiaban los Castro. “Cuba sí,
    yanquis no”.

    Prohibido el jazz en Cuba, los descendientes de aquellos que lo amaban
    desde su aparición en el estado de Luisiana, Nueva Orleans, allá por el
    siglo XIX, tenían que escucharlo a escondidas, en sus casas, con el
    volumen bajo, por si pasaba la policía castrista.

    No exagero.

    Víctimas de esta historia fueron muchos de nuestros mejores músicos, con
    sus peculiares innovaciones, verdaderos maestros de la espontaneidad y
    nuevos estilos del jazz latino: Nicolás Reinoso, Paquito D’Rivera,
    Arturo Sandoval y una pléyade de talentos que viven exiliados en países
    libres, para continuar con esa manifestación de tanto poder creativo,
    que representa una de las mejores músicas del mundo.

    Partieron porque amaban al jazz más que a sí mismos. “No hay
    espectáculo, en verdad, más odioso, que el de los talentos serviles”,
    dijo nuestro Apóstol.

    El pasado 30 de abril, en el Gran Teatro de La Habana “Alicia Alonso”,
    sede del gran concierto que culminó el evento del Día Internacional del
    Jazz, declarado por la UNESCO y elegida Cuba para celebrar su sexto
    evento mundial, hubo una gran ausencia: ellos, los más famosos músicos
    jazzistas cubanos exiliados, que sufrieron el más absurdo del apartheid
    político, sólo por su vocación musical.

    Un extraño público que bostezaba ante el recorrido de las cámaras, sin
    entusiasmo alguno, se veía en la platea. La entrada al recinto fue por
    invitaciones exclusivas.

    Pero el mejor público estaba allí, en las gradas. O mejor, en las
    afueras del teatro, ante la estatua de José Martí del Parque Central de
    La Habana, donde se instalaron pantallas gigantes para el pueblo.

    El pueblo que recuerda a Paquito, aquel niño prodigio a los cinco años,
    alumno de su padre, que sorprendía a quienes lo escuchaban soplar el
    clarinete; a Nicolás Reinoso, empeñado en hacer el jazz más libre y
    creativo en medio de la falta de libertad política que sufría el país,
    con su grupo AfroCuba, en Las Cañitas del Hotel Habana Libre, o en el
    club nocturno Johnnys Dream, en el barrio de La Puntilla; a Sandoval,
    con su mágica trompeta, que estremecía de emociones al más duro de corazón.

    Ellos, ya ancianos, son las mayores víctimas de aquella triste historia,
    los que más sufrieron el apartheid político por su vocación musical, los
    que tenían que haber sido los invitados más especiales para participar
    en las actividades del Día Internacional del Jazz, los que se hubieran
    sentido más satisfechos al ver que el jazz le había ganado la pelea al
    castrismo.

    Los que el pueblo, a pesar de los años, no olvida.

    Source: El jazz le ganó la pelea al castrismo CubanetCubanet –
    www.cubanet.org/opiniones/el-jazz-le-gano-la-pelea-al-castrismo/

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