Apartheid en Cuba
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    El Gran Hotel Manzana, la bofetada y la prensa cubana

    El Gran Hotel Manzana, la bofetada y la prensa cubana
    Ante la aparición, y el aprovecho por parte del Gobierno, de
    instalaciones hoteleras de lujo en Cuba, la prensa oficial adopta por la
    típica actitud de la paja en el ojo ajeno
    Alejandro Armengol, Miami | 29/05/2017 9:26 am

    Con el gobierno de Raúl Castro los cubanos han logrado ser menos iguales
    unos que otros, pero entre ellos: lo que sigue siendo muy difícil es ser
    como un extranjero. Vaya país que se establece en colonia y metrópolis
    al mismo tiempo, y declara inferiores a sus nacionales.
    El VII Congreso del Partido Comunista del pasado año reconoció la
    existencia de la propiedad privada sobre determinados medios de
    producción y el incremento del sector no estatal de la economía, pero al
    mismo tiempo dejó bien clara la prohibición, para el ciudadano cubano,
    de concentrar propiedad y riqueza. Es decir, prohibido ser rico… aunque
    hay ricos que lo son y lo dicen, pero no lo dice la prensa cubana.
    Con tal regulación quedó establecido mucho más que un cuerpo legal de
    normas, existentes en cualquier país, sino una camisa de fuerza al
    desarrollo. Si bien se concedió propiedad jurídica a las formas no
    estatales de producción, se vetó no solo la concentración de la
    propiedad sino también de la riqueza.
    Aunque, por otra parte, el régimen necesita y depende cada vez más de
    los ricos. Siempre ha sido así, pero con anterioridad determinados
    países llevaron a cabo esa función a través de subsidios, apoyos
    financieros diversos o simplemente la entrega de fondos. Ahora que dicha
    senda ha quedado reducida a una vía angosta, están abiertas más que
    nunca las puertas a los millonarios.
    El Gran Hotel Manzana Kempinski, una instalación súper de lujo frente al
    Parque Central y el Gran Teatro de La Habana, es la última muestra de
    esa situación de inferioridad para el ciudadano de a pie. Mientras el
    otro —el visitante, el turista extranjero— continúa siendo un
    privilegiado, él se ve reducido al eterno papel de marginado. Si antes
    la distinción se establecía con un portero, que señalaba que la entrada
    era “solo para extranjeros”, ahora todos saben que ese lugar es “solo
    para ricos”.
    Resulta que en Cuba es muy fácil ser pobre y muy difícil ser rico. Eso
    ocurre también en todas partes del mundo, podría argumentarse y es
    cierto, pero entonces al menos la prensa oficial debería ahorrarse su
    retórica arcaica.
    Ante la presencia de muestras de ostentación de lujo —de las que se
    benefician el gobierno y especialmente la élite gobernante, como los
    jefes militares— las tendencias predominantes en esa prensa son al menos
    tres.
    Una es ignorarlas. El Granma, por ejemplo, no ha hecho referencia a la
    inauguración del nuevo hotel en la Manzana de Gómez.
    La segunda es adoptar una actitud de cura de aldea y moral estereotipada
    y provinciana, con aquello de “pobres pero felices” o “ustedes los ricos
    y nosotros los pobres”.
    La tercera es la típica de la paja en el ojo ajeno.
    Como ejemplo de esta última, el diario Juventud Rebelde publicó el 22 de
    mayo que la inauguración del hotel “forma parte de una estrategia que
    permitirá captar mercado de alto estándar”. Con el eufemismo de “alto
    estándar” se refería a los que pueden pagar $440 por persona en la
    habitación más simple y $2.485 para la suite presidencial, en un país
    donde el ingreso promedio mensual ronda los $29.
    Sin embargo antes, el 27 de marzo, el mismo periódico sacó una nota —con
    el título de Paisajes para millonarios— dedicada al lujoso Dynamic Tower
    Hotel de Dubái, donde expresaba: “Solo que, en medio de una región
    sometida a cruentas guerras, con decenas de miles de muertos y millones
    de desplazados, un edificio así solo puede verse como una bofetada, una
    miseria humana, que acentúa la pobreza que ni siquiera la lámpara de
    Aladino ha logrado eliminar…”.
    Y con las debidas excepciones, ¿no se podría decir lo mismo del Gran
    Hotel Manzana Kempinski, en medio de una Habana empobrecida y con derrumbes?
    Esta columna aparece también en El Nuevo Herald.

    Source: El Gran Hotel Manzana, la bofetada y la prensa cubana –
    Artículos – Opinión – Cuba Encuentro –
    www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/el-gran-hotel-manzana-la-bofetada-y-la-prensa-cubana-329451

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