Apartheid en Cuba
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    La Habana no es para ti

    La Habana no es para ti
    “No es el mismo trato, te dicen que no puedes pasar. Eres un cubano y no
    tienes prioridad, no importa si tienes el dinero o no”
    Jueves, marzo 16, 2017 | Ernesto Pérez Chang

    LA HABANA, Cuba.- Es la hora de almuerzo y Ángel, trabajador de un banco
    de La Habana Vieja, sube por la calle Compostela, contrario al Malecón,
    para comprar algo de comida barata.

    “Ya no quedan sitios para nosotros los cubanos”, me comenta quien sabe
    que ya van siendo cada vez menos los lugares del llamado “Casco
    Histórico” donde alguien, que viva exclusivamente de un salario estatal,
    pueda saciar el apetito.

    Las mesas de los bares y restaurantes de La Habana siempre están
    ocupadas por extranjeros. Raras veces uno puede ver clientes nacionales
    y estos generalmente están como compañía de un visitante foráneo o sus
    historias personales no tipifican como las de un cubano de a pie.

    “Es un tipo de apartheid”, es lo que me comenta una pareja de
    dominicanos que han sentido esa barrera entre cubanos y extranjeros,
    cada día más alta y en peligro de llegar a ser infranqueable. Mucho más
    para ellos que son negros y cuyo acento al hablar es muy similar al de
    los “palestinos”, esos cubanos del Oriente cubano que necesitan de un
    permiso oficial para permanecer en La Habana.

    “Hablamos raro y para colmo (somos) negros. Nos ha pasado que hemos
    querido entrar a un bar y nos han dicho que no hay capacidad o que no
    podemos pasar en shorts (pantalones cortos) pero ahí mismo, por delante
    de nosotros han dejado entrar a un grupo de extranjeros en shorts. Pero
    si enseñamos el pasaporte, es ábrete sésamo”, me comenta uno de ellos.

    Una experiencia similar es la de Luis, un artista cubano al que también
    han rechazado varias veces: “No es el mismo trato, te dicen que no
    puedes pasar. Eres un cubano y no tienes prioridad, no importa si tienes
    el dinero o no. Simplemente no proyectas una buena imagen. Si los
    extranjeros ríen y hablan alto, no importa, son extranjeros; el cubano
    es el que tiene que ajustar el nivel si no el dueño se reserva el
    derecho de admisión o se acercan y te dicen que debes hablar más
    bajito”, comenta Luis.

    Más allá de las “áreas reservadas” para turistas extranjeros también uno
    percibe que en La Habana “está sucediendo algo raro”, como dice Vanessa,
    una joven de la capital.

    “Parece que (los cubanos) somos una plaga, la restauración no nos
    incluye. Fíjate en el Capitolio y en los edificios de por aquí. El Gran
    Teatro quedó divino pero detrás hay un montón de edificios cayéndose”,
    se lamenta esta joven que vive en una de las cuarterías que dan al
    Parque de la Fraternidad.

    Su temor es que de sus viviendas solo se conserven las fachadas para
    luego transformarlas en lujosos hoteles. Es lo que ha pasado en las
    principales vías que dan al Paseo del Prado o en las zonas que rodean la
    flamante sede de la Asamblea Nacional.

    “Dicen que van a restaurar todo, pero cuándo será eso. ¿Cuándo se
    derrumben? Con todo lo que se ha gastado en el Capitolio y en el Gran
    Teatro se hubiera podido reconstruir cien edificios”, dice Carmen, una
    vecina de Vanessa.

    Desde las futuras oficinas de nuestros diputados ninguno de ellos
    observará un paisaje que no sea ese tan parecido al de una tarjeta
    postal. Es más o menos el que se quiso mostrar a Obama, durante su
    visita, pero solo hubo tiempo para mal sembrar unas cuantas palmas que
    ahora han perdido el penacho, tal vez como símbolo de la felicidad en
    casa del pobre.

    Es un espacio en “proceso de esterilización” desde mucho antes de las
    vacaciones de Beyoncé y Madonna en el Saratoga, un hotel que funciona
    como un brillante engastado en una diadema de plomo. En una acera, los
    extranjeros ricos; en la otra, pasando la calle Monte, tan pobre y
    maloliente, la cruda realidad de los que viven y piensan “en moneda
    nacional”.

    Existe hoy el temor entre los habitantes de La Habana a que, poco a
    poco, sean desplazados de los lugares donde han hecho su vida.

    Lejos de expresar contento, el auge constructivo que aparentan las
    brigadas de obreros hindúes y cubanos trabajando las 24 horas del día,
    genera numerosas dudas sobre cuál será el futuro de un tipo de sistema
    económico que pareciera diseñado para generar la felicidad del ajeno, a
    costa del eterno sacrificio del ciudadano cubano que no tiene como meta
    la prosperidad personal, base del orgullo nacional y del bienestar
    colectivo.

    “Somos y seremos siempre tarugos (utileros) en esta obra de teatro
    llamada socialismo”, estas palabras, tan metafóricas, no salieron de la
    boca de un intelectual sino de un constructor al que le pregunté si, una
    vez terminado, pensaba disfrutar de una habitación en el hotel que
    construye al comienzo del Paseo del Prado.

    También me dio la idea de este reportaje cuando me dijo, señalando con
    ironía un letrero dibujado en el muro del Malecón: “La Habana no es para
    ti ni para mí”.

    Source: La Habana no es para ti CubanetCubanet –
    www.cubanet.org/destacados/la-habana-no-es-para-ti/

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