Apartheid en Cuba
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    Ilegal en su propia tierra

    Ilegal en su propia tierra
    Yuniesky no entiende que para vivir legalmente en La Habana las
    autoridades tengan que solicitar la opinión de vecinos y la policía
    Martes, marzo 21, 2017 | Iris Lourdes Gómez García

    LA HABANA, Cuba.- Yuniesky sabe lo que es ser ‘ilegal’. Lo ha sufrido en
    su propio país durante 20 años.

    Él tuvo la suerte, buena o mala, de nacer en una provincia del oriente
    de Cuba. Cuando terminó el servicio militar, se enteró que solo había
    dos tipos de trabajo disponibles: enterrador o excavador de túneles; en
    uno y otro caso, por unos pocos pesos. Además, para poder excavar debía
    contar con un pico, una pala o una carretilla.

    A sus cortos 19 años, Yuniesky sabía que esa no era la vida que quería;
    por ello se dispuso a emigrar a la capital para buscar nuevas
    oportunidades. Con ese fin se unió a un contingente de la construcción
    que, a cambio de su labor, le ofrecía alojamiento y tres comidas
    diarias, más la promesa de pagarle por los resultados de su trabajo.

    Tras un año de atarearse sin descanso, se dio cuenta de que el
    alojamiento y las tres comidas tenían muy mala calidad; la promesa del
    pago se incumplía casi todos los meses por diversos motivos ajenos a su
    esfuerzo. Decidió abandonar su relación con el contingente y buscar
    otro empleo no relacionado con el Estado. Comenzaba su vida de ilegal.

    Hacía trabajos de albañilería, y casi todo lo que ganaba se le iba
    pagando los altísimos alquileres de La Habana; le quedaba solo lo
    necesario para vivir al día. Así estuvo unos diez años, hasta que al
    cabo del tiempo conoció a una joven habanera que cautivó su corazón.

    Aunque en gran medida había encontrado la solución a sus problemas, no
    quería dar la errónea impresión de que la relación era basada en algún
    interés o conveniencia. Con esto, más la vista suspicaz de la suegra
    encima, pasaron años sin domiciliarse en la capital. Seguía viviendo
    como ilegal y haciendo trabajos particulares como albañil y plomero.

    Pasado este tiempo, ya con dos hijos habaneros y una ventajosa oferta de
    trabajo, se dispuso a legalizar su situación. Fue entonces que conoció y
    padeció en toda profundidad los horrores de la burocracia cubana.

    Lo primero fue averiguar en la Dirección Municipal de la Vivienda si su
    futura casa se encontraba en un área especial. Como la respuesta fue
    afirmativa, debió solicitar un permiso al Ministerio del Interior para
    que investigaran su trayectoria y la de los residentes en la casa a ver
    si le permitían integrarse a ese núcleo familiar. También debió
    solicitar un dictamen de Planificación Física que certificara la
    cantidad de metros cuadrados de los cuales disponía la vivienda. De ese
    modo se determinaría si el tamaño de la casa admitía un miembro más en
    la familia.

    Al recibir la aprobación del Ministerio y el dictamen aprobatorio de
    Planificación Física, debió formular una solicitud de cambio de
    dirección y para eso tuvo que buscar y presentar un certificado de
    matrimonio, la propiedad de la casa, y la firma y la presencia física
    del propietario. Con todo esto se conformó un expediente que se envió
    para su aprobación a la Asamblea Municipal del Poder Popular. Se le
    comunicó que se interrogaría a los vecinos para que en el expediente
    constara la opinión de los más confiables.

    Yuniesky está anonadado, pues lo único que pretende es vivir legalmente
    junto a su esposa e hijos y tener un trabajo honesto con que
    sustentarlos. No está solicitando el ingreso a un partido político o a
    una secta religiosa, ni en unirse a algún grupo extremista. No entiende
    que para eso en Cuba haya que solicitar la opinión de vecinos, la
    policía y hasta el gobierno. Él no es nazi ni terrorista. Solamente es
    ‘oriental’.

    Source: Ilegal en su propia tierra CubanetCubanet –
    www.cubanet.org/actualidad-destacados/ilegal-en-su-propia-tierra/

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