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    Navidad para ricos y pobres

    Cuba: Navidad para ricos y pobres
    diciembre 23, 2016
    Iván García Quintero

    En la cena de Navidad se irá el equivalente a un salario mensual; otros
    no podrán comprar nada para Nochebuena y los más afortunados podrán
    llenar la mesa con sus amplias billeteras.
    LA HABANA. Dos camiones con remolques, repletos de tierra rojiza,
    parquean en una estrecha callejuela contigua al agromercado del Mónaco,
    barrio a treinta minutos del centro de La Habana.

    Cuatro hombres con camisetas y overoles sucios acarrean sacos de yucas,
    boniatos y cajas de tomates hacia un almacén cuya puerta es de cabillas.
    Un tipo de barriga inmensa, utiliza sus dos manos como altoparlante y
    vocea: “Coge tu yuca aquí, a peso la libra, y tomates a tres cañas, se
    acabó el abuso”.

    En minutos, bajo un sol fulgurante, se arma una cola de veinte o treinta
    personas, cada uno con sus respectivas jabas. A pocos metros del agro,
    en un mercado estatal hay una fila más numerosa, para comprar carne de
    cerdo.

    Rubén, jubilado, asegura que está en la cola desde la cinco de la
    mañana. Van a dar las doce del día “y aún no he comprado dos perniles de
    puerco, uno para el 24 y otro para el 31 de diciembre. Es que en los
    mercados del Estado sale más barata la carne de cerdo. La libra de lomo
    y pierna la venden a 21 pesos y los particulares a 25”.

    Se escuchan murmullos y quejas. Los perniles tienen un color indefinido.
    “No parecen de puerco. Es que los guardan tantos meses en refrigeración
    que la carne coge un color extraño. Dicen que cuando la comes sabe a
    pescado de presa. Va y a lo mejor no es ni siquiera puerco. Con esta
    gente (el gobierno) uno nunca sabe. Te venden el café ligado con
    chícharos y los cigarros en pesos cubanos con trozos de madera adentro”,
    comenta una señora.

    Pero es la opción menos cara que tienen los cubanos que desayunan café
    sin leche y pan sin mantequilla. Diana, ama de casa, es optimista: “Al
    menos este año el tomate está mucho más barato, a 3 pesos la libra. El
    año pasado por esta fecha andaba por los 25 baros”, recuerda y añade:

    “Los cubanos nacimos para pasar trabajo. A dos días de la Nochebuena,
    muchas familias no han comprado la carne de cerdo. Y pocas son las que
    pueden comprar turrones. Mira esos precios”, apunta, mientras señala una
    variedad de turrones que se exhiben en el mostrador de una tienda por
    divisas

    Los precios pueden que sean más baratos que en Miami. Un turrón de
    Jijona cuesta el equivalente a cuatro dólares. Los de frutas, nueces,
    almendras o chocolate, alrededor de cinco dólares. “Sí, pero en ‘Mayami’
    ganan ocho dólares la hora y en Cuba el salario es de 20 fulas mensuales
    y la jubilación promedio es de 12 cuc. No compares”, responde un señor
    airado en la cola del mercado estatal.

    Tomemos como botón de muestra a la familia Rodríguez. Residen seis
    personas en un apartamento de dos cuartos en la barriada de La Víbora.
    “Mi mujer, la niña y yo dormimos en un cuarto. En el otro duermen mis
    suegros con nuestro hijo varón”, cuenta Rodríguez. Él y su cónyuge son
    profesionales y devengan un salario conjunto de 2,500 pesos, si sumamos
    25 pesos convertibles que le pagan a ella como estimulación salarial.

    “La pensión de mi padres es de 570 pesos. En total en mi casa entran
    3,070 pesos o 125 cuc al cambio”, apunta la señora Rodríguez y hace un
    recuento de los gastos. “El 90 por ciento del dinero se va en comida. El
    resto en pagar electricidad, teléfono y otros servicios. Para comprar
    ropa, pasear o celebrar las navidades tenemos que inventar”.

    Todos los nacidos en Cuba saben lo que significa ‘inventar’: robar en
    sus centros de trabajo o tener un negocio por la izquierda que les
    propicie una entrada extra de dinero.

    La cena de nochebuena de los Rodríguez consistirá en una pierna de cerdo
    asada, cuatro muslos de pavo en fricasé, arroz, frijoles negros,
    ensalada de lechuga, col y tomate, yuca con mojo y dos turrones de
    Jijona que cortarán en doce trozos, dos para cada uno de los seis
    integrantes del núcleo familiar.

    Los niños tomarán refresco y los adultos, media docena de cerveza
    Cristal en latas y una botella de vino tinto. Además del turrón, de
    postre tendrán buñuelos que preparará la abuela. “Para el fin de año,
    comeremos y beberemos lo mismo, lo único que en vez de vino tinto,
    tomaremos ron. El costo de las cenas el 24 y el 31 de diciembre rondará
    los 120 o 130 cuc. En dos comidas se nos irá el equivalente a nuestros
    dos salarios mensuales. ¿Dime tú si Cuba no es un país de loco?”, se
    pregunta el señor Rodríguez.

    Un segmento amplio de cubanos no festejará la Navidad. No por la muerte
    de Fidel Castro, si no porque sus economías domésticas no se lo
    permiten. . “Si llega el pollo por pescado a la carnicería, a lo mejor
    me embullo y compro dos cajitas de Planchao (ron) y celebro la
    Nochebuena. De momento no tengo planes de fiesta”, indica René, obrero
    de la construcción.

    Pero una fracción minoritaria, entre el 7 y el 10 por ciento de la
    población, posee amplias billeteras. Augusto, músico, ya adquirió un
    pavo congelado por 60 cuc, seis turrones distintos, tres cajas de
    cerveza, seis botellas de ron añejo. Para el 31 tiene previsto comprar
    sidra El Gaitero y varios racimos de uvas. Y en la sala de su casa armó
    un enorme árbol navideño repleto de bolas y luces.

    Mario, diseñador privado de muebles, piensa pagar 60 cuc el cubierto,
    para cenar él y su esposa el 24 de diciembre en el Meliá Habana, hotel
    de Miramar que también ofrecerá almuerzos el 25, a 27 cuc los adultos y
    15 los menores de 12 años y cenas el 31, a 145 cuc los adultos y 55 los
    niños hasta 12 años.

    Los generales, ministros o funcionarios del gobierno con suficientes
    galones, reciben una cesta con pavo, frutas, botellas de ron y vinos,
    turrones y otras exquisiteces. Incluso en los años duros, cuando por
    decreto Fidel Castro prohibió las fiestas navideñas y el Día de Reyes,
    la burguesía verde olivo jamás dejó de celebrar la Nochebuena.

    “La primera vez que vi tanta comida fue en casa Enrique Lusson, entonces
    Ministro del Transporte. Eran mesas desbordadas de carnes, mariscos y
    bebidas”, recuerda un ex escolta del MININT.

    El relato de sacrificio y de ahorro es para los otros, los de abajo.
    Ellos, los de arriba, son diferentes. Viven al margen de las ordenanzas.
    Aunque tal vez este 31 de diciembre recibirán el 2017 con moderación,
    pues deben guardar un luto discreto por el fallecimiento de su
    comandante en jefe.

    Y un jefe siempre es un jefe. Y hay que rendirle tributo si se quiere
    seguir de cuerpo presente.

    Source: Cuba: Navidad para ricos y pobres –
    www.martinoticias.com/a/cuba-navidades-para-ricos-y-pobres/136006.html

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