Apartheid en Cuba
claroquesi
We run various sites in defense of human rights and need support in paying for servers. Thank you.
logo01
logo02
logo
Archives
Recent Comments

    Cuba, Violencia y Dictadura

    Cuba, Violencia y Dictadura
    Por: Matías Bosch
    boschlibertario[@]gmail.com
    07 diciembre, 2016 12:15 pm

    Para lograr el análisis que se enuncia en el título de este artículo, un
    primer asunto es desnudar lo perverso que hay en igualar y empatar los
    procesos, reduciendo, caricaturizando incluso toda la realidad con los
    conceptos teóricos de “dictadura” y “violaciones a los derechos”. Ética
    sin historia es sermón y propaganda moral. Material infértil, bueno para
    adormecer a los demás, no para abrir las mentes.

    En caso de afirmar que la Revolución Cubana ha funcionado como Dictadura
    y como régimen violento, ¿Es igual a cualquier otro? ¿Acaso de un lado
    están, como en un saco, las democracias, reino de las libertades, y en
    otro saco están las dictaduras, imperio de los sufrimientos y de la
    violencia contra las personas?

    Sería un acto de inconsciencia achacar a regímenes como el cubano el
    fardo de la violencia. Eso sería un engaño y un razonamiento anti-histórico.

    ¿Qué hacemos con toda la Historia latinoamericana desde la conquista
    europea en 1492, y desde la guerra imperialista EE.UU.-España en 1898
    hasta hoy?

    ¿Podemos desconocer que hemos vivido bajo una Dictadura mundial impuesta
    a punta de golpes de Estado, genocidios y bloqueos? ¿Nos hacemos los
    pendejos con las bombas atómicas lanzadas alevosamente en Japón para
    aterrorizar al mundo? ¿Podemos abstraer a Cuba de 58 años de
    neocoloniaje yanqui, entre 1900 y 1958, y luego 56 años de atentados,
    bloqueo económico y financiero, hasta hoy? ¿Echamos a un lado los
    bombazos en hoteles en los años noventa? ¿Es aceptable hacerse el ciego
    ante la invasión yanqui en Santo Domingo y en Vietnam, la aplicación del
    napalm, el castigo contra el pueblo de Chile en 1973, la invasión a
    Granada en 1983, la guerra sucia de la “contra” a la revolución
    nicaragüense, la esterilización forzada de comunidades enteras en
    Guatemala y Perú?

    En ningún caso se trata de “justificar” violaciones “buenas” o
    violaciones “malas” a los DD.HH.; más bien se trata de detener el doble
    rasero y la hipocresía. Abstraerse y declararse artificialmente neutral
    ante la violencia, identificarla con un bando histórico, es negar la
    violencia histórica y sistemática que hemos vivido bajo designios
    oligárquicos e imperiales. Y como dice el maestro Carlos Pérez Soto, en
    realidad esa hipócrita “neutralidad” solo niega y denuesta la VIOLENCIA
    popular y revolucionaria. Acredita la violencia como un derecho
    reservado a la “casualidad”, el “exceso” y el “pasado” que, sin embargo,
    sistemáticamente ha favorecido a las clases y los países dominantes,
    incluso cuando se hacen las revoluciones. ¿Acaso los pueblos, las
    colonias y sus procesos revolucionarios no tienen derecho a la
    violencia? ¿Qué ha hecho la Revolución cubana que no hicieran antes la
    francesa o la norteamericana, y la posterior Guerra de Secesión? Cuando
    son los pueblos los que revolucionan, como el haitiano o el cubano,
    dicha violencia se transforma en “condenable”, merece el escarnio
    público por su “inmoralidad”. Solo es admisible hasta las fotos del
    triunfo. Los fusiles no deben quedar en manos de los que huelen mal.

    Ahora, hablemos de dictadura.

    Simón Bolívar fue oficialmente Dictador, y nadie podría igualar Bolívar
    a Trujillo ni a Somoza. Si concordásemos en que Fidel Castro fue
    dictador, ¿fue lo mismo que el criminal Stroessner? Los gloriosos casos
    de Vietnam y China, con los cuales las potencias de Occidente hacen
    grandes negocios, donde compramos computadoras y “smartphones”, ¿por qué
    no entran en la misma lista negra en la que se incluye a Fidel?

    Pero se insiste en empatar e igualar. Porque, claro, empatar e igualar
    siempre va a beneficiar al que va ganando. Como en el deporte, cuando
    varios equipos compiten por llegar al primer lugar. Igualar y empatar
    toda “dictadura”, y achacar a éstas la ausencia de derechos y libertades
    es el camino más fácil para declararse a sí mismo “bueno” y “neutral” y,
    sin decirlo, hacer un juego oportunista e interesado: favorecer a estas
    democracias nuestras de cada día, que nos “salvan de las dictaduras”
    pero que en casi nada se parecen al gobierno de las mayorías, “del
    pueblo y por el pueblo”, como anheló Lincoln.

    Al hablar de Cuba, se trata de descalificar, desde esa neutralidad, los
    poquísimos intentos de cambio social que se han emprendido en América
    Latina, entre los cuales el único triunfante y duradero ha sido, sin
    dudas, la Cuba de Fidel. Pésele a quien le pese, gústele a quien le guste.

    Podríamos preguntarnos: ¿Es acaso una democracia funcional en Derechos
    Humanos la “democracia” dominicana, hondureña o paraguaya? En Paraguay
    hubo un golpe de Estado en 2012 del cual nadie parece acordarse. En
    México nadie encuentra todavía a los 43 desaparecidos en Ayotzinapa, y
    el escándalo mediático se apagó. ¿Quién puede hablar de primacía de los
    Derechos Humanos, civiles y políticos en República Dominicana, donde se
    ha privado de nacionalidad y ciudadanía a miles de nacionales
    descendientes de haitianos, en una abierta política de Apartheid? ¿Qué
    hacemos con la democrática verdad de que 6000 niños murieron en el
    hospital infantil dominicano Robert Reid Cabral, entre 2006 y 2012, sin
    que cayera un culpable? ¿Qué hacemos con que todas las madres que se
    mueren son casi siempre, por no decir exclusivamente, pobres? ¿No vamos
    a admitir décadas de limpieza social bajo el titular de “intercambio de
    disparos” en las barriadas y favelas de todas las capitales
    latinoamericanas? El asesinato diario de dirigentes sociales que ocurre
    en países como Colombia y Honduras ¿entra en los récords de la libertad
    individual?

    ¿Se puede empatar e igualar como “dictadura” al sistema cubano -el que
    más ha hecho en América Latina por los Derechos básicos, el que ayudó a
    derrocar el Apartheid y ayudó a la paz en Colombia- con el régimen de
    Pinochet que convirtió a Chile en el país más desigual del continente,
    apoyó la guerra colonial de las Malvinas, mientras desaparecía y
    degollaba ciudadanos? ¿Acaso hubo en Cuba terrorismo de Estado, masas de
    desaparecidos y ejecutados como en Guatemala? ¿Alguna vez el gobierno de
    Cuba ordenó un asesinato, como el del chileno Orlando Letelier en
    Washington, o como cuando Trujillo desapareció a Mauricio Báez en Cuba?
    La respuesta es una: no.

    Víctor Herrero, articulista chileno, ha dicho algo interesante sobre
    este tema:

    “¿Existen dictaduras mejores y peores? Sin duda alguna. Después de todo,
    no hay que olvidar que en el marxismo original se postula la “dictadura
    del proletariado” como paso anterior a la supuesta sociedad libre.
    Además, en Chile, la dictadura de Ibáñez no fue igual a la de Pinochet.
    La dictadura de Hitler en las décadas del 30 y 40 no fue igual a la de
    los coroneles griegos de los años 70. ¿Existen democracias mejores y
    peores? Sin duda alguna, también. La democracia actual de Suecia es muy
    distinta a la que existe en Chile. El axioma de que todas las dictaduras
    son malas y todas las democracias son buenas es una falacia intelectual
    que inventaron los cientistas políticos de Occidente, cuyos padres
    contemporáneos son Francis Fukuyama, Samuel Huntington y sus numerosos
    discípulos (…). La “democracia” en Alemania apenas tiene 60 años de
    existencia, más esos breves 14 años de la República de Weimar. Y la
    “democracia” alemana, dicho sea de paso, llevó al poder al Partido Nazi
    en enero de 1933. La “dictadura” de los regentes egipcios en la década
    del 50 y 60 produjo, en cambio, la liberación de ese país del poder
    colonial inglés”.

    Habiendo dicho todo esto, creo que es posible en todo caso rechazar y
    condenar todo acto de violencia excedentaria. La violencia que es
    cometida individualmente, desigual y abusiva por medio del poder del
    Estado, para garantizar obediencia y unanimidad, es condenable. La
    violencia y la coerción hechas para garantizar la estabilidad y el
    imperio de cúpulas, y fuera del control de legalidad, es destructiva.
    Particularmente, los revolucionarios(as) no deben tener tapujo en
    reconocer y condenar la violencia administrada de aparatos
    burocrático-militares.

    Pero no nos quepa duda: no se violan más Derechos en Cuba que en el
    resto de “democracias” latinoamericanas y hasta EEUU y Europa. Y, por el
    contrario, deberíamos hacer un examen sopesado, objetivo y justo de
    cuántos derechos fundamentales fueron exaltados y efectivamente
    garantizados en Cuba a partir de 1959, que aún son quimeras en el resto
    de la región.

    Sólo la honestidad histórica, el rechazo al moralismo, y sólo los
    revolucionarios(as) podrán superar la violencia contra la dignidad
    humana; usar la violencia revolucionaria para romper con el abuso, el
    oprobio y la falta de libertad; superar las Revoluciones anteriores,
    desde la francesa hasta la cubana.

    Ni quienes se asuman neutrales ni quienes crean en democracias de
    cartón, muerte y dolor, desde sus poses de “más allá del bien y el mal”,
    podrán ofrecer algo mejor a la Revolución Cubana. A no engañarse.

    Source: Cuba, Violencia y Dictadura –
    eldia.com.do/cuba-violencia-y-dictadura/

    Leave a Reply

    Your email address will not be published. Required fields are marked *