Apartheid en Cuba
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    Cayo Coco – un emporio del capitalismo militar cubano

    Cayo Coco: un emporio del capitalismo militar cubano
    agosto 18, 2016
    Iván García, desde La Habana

    La zona está concebida como un auténtico apartheid. A la entrada del
    islote, un oficial de la policía, custodiado por varios militares con
    boinas rojas, chequea a las personas y vehículos que entran y salen del
    cayo avileño.
    La brisa que llega de la costa es un chorro de aire caliente que apenas
    refresca. El sol reverbera y los turistas se refugian de la insoportable
    irradiación dentro de una piscina en forma de concha gigante, partida en
    dos por una pasarela de cemento.

    Otros escapan de la canícula bajando cervezas como hooligans británicos
    o bebiendo en caravana un remedo de mojitos insípidos. Los
    excursionistas rusos y serbios siguen en lo suyo: tomando vodka con
    hielo como si fuese agua mineral, apoyados en la barra del bar del hotel
    Memories Flamenco Beach Resort, enclavado en Cayo Coco, en el
    archipiélago Jardines del Rey, al norte de Ciego de Ávila, provincia a
    unos 600 kilómetros al este de La Habana.

    En la minúscula tienda, turistas mexicanos indagan dónde se puede
    comprar tequila El Cuervo. Cerca, un grupo de españoles sigue por
    televisión el desempeño de su compatriota Mireia Belmonte en las
    eliminatorias olímpicas de natación en Rio 2016.

    Muy pocos turistas cubanos. Negros, menos. Pasada las dos de la tarde,
    el hotel Memories Flamenco parece una sesión plenaria en miniatura de
    las Naciones Unidas: europeos del este y el oeste, mexicanos, hindúes,
    asiáticos y estadounidenses que intentan no llamar la atención en su
    turismo clandestino a Cayo Coco.

    “Viajar a Cuba ya no es un problema. Se justifica con cualquiera de los
    doce acápites autorizados y, aunque legalmente no está permitido,
    ninguna institución en Estados Unidos indaga si cuando viajamos a la
    isla hicimos turismo”, comenta un norteamericano de origen peruano de
    vacaciones con su esposa y dos hijos.

    El hotel, de cinco estrellas, está ubicado en la carretera que enlaza
    Cayo Coco con Cayo Guillermo. Tiene 624 habitaciones, de ellas 12 suites
    y 4 adaptadas para minusválidos. En ese momento, la mitad de las
    habitaciones se encontraban desocupadas. “Estamos en temporada baja. Y a
    pesar de que el número de visitantes a Cuba continuó creciendo en 2016,
    la ocupación del hotel no supera el 50 por ciento”, señala un carpetero.

    Como ocurre con el 70 por ciento de las instalaciones turísticas
    cubanas, el hotel Memories Flamenco es administrado por el emporio
    militar Gaviota S.A., una empresa que surgió en 1989 bajo el auspicio de
    Fidel Castro, con el pretexto de comprobar la rentabilidad en el
    incipiente negocio turístico.

    “Cuando comenzó el auge del turismo, como en Cuba se roba tanto, con
    certeza no se conocían los beneficios que generaba un hotel. Gaviota
    redujo los gastos y elevó la productividad a base de bajos salarios y
    controles internos”, señala un empleado.

    Otro empleado, conduciendo un carrito eléctrico que transporta a los
    recién llegados hasta su módulo habitacional, con total franqueza dice
    que “la mayoría de los trabajadores no estamos conformes con el trato
    que nos dan. Gaviota suele contratar empresas extranjeras para que
    administren sus hoteles. El salario es una mierda, yo gano 500 pesos
    (casi 20 dólares) y como es un hotel ‘todo incluido’, las propinas
    escasean. Los maleteros y las mucamas son los que más dinero extra se
    buscan. Pero siempre es mejor trabajar en un hotel que ser policía”.

    Diariamente, una mucama limpia y prepara doce habitaciones. Su sueldo
    base es de 465 pesos y unos 18 dólares de estimulación. “Cuando no es
    Juana es su hermana. Lo cierto es que nunca recibimos un salario acorde
    a la cantidad de turistas alojados en el hotel. Más o menos escapo
    gracias a que los huéspedes suelen darme de dos a tres cuc de propina y
    cuando se marchan me dejan ropa y cosas de uso, pero sacarlas del hotel
    es un problema”, confiesa una mucama.

    Según un jardinero, la mayor parte de los cubanos que trabajan en la
    gerencia cambiaron sus uniformes militares por guayaberas blancas o
    azules y pantalones negros. “Llegan de la vida militar pensando que un
    hotel se maneja igual que un cuartel. Además de groseros con nosotros,
    son unos prepotentes. No me voy porque mal que bien, laborar en un hotel
    es preferible a tener que ir a cortar caña”.

    La mayoría de los empleados del Memories Flamenco reside en Morón,
    municipio a 50 minutos de Cayo Coco. “El régimen laboral es muy
    exigente. Yo trabajo siete días y descanso tres. El trato de la gerencia
    es distante. A pesar de los buenos resultados del hotel, Gaviota no
    permite que nuestros familiares puedan disfrutar de sus instalaciones.
    Hasta la comida que nos dan a los trabajadores es diferente. Por lo
    general poca y mal elaborada”, confiesa un dependiente del bar.

    Además de Memories Flamenco, en Cayo Coco se localizan, entre otros, los
    hoteles Memories Caribe Beach Resort, Meliá Cayo Coco, Meliá Jardines
    del Rey, Pullman Cayo Coco, Pestana Cayo Coco All Inclusive Beach
    Resort, Tryp Cayo Coco, Colonial Cayo Coco, Sol Cayo Coco, Playa Coco,
    Playa Coco Star, Iberostar Mojito, Iberostar Cayo Coco y NH Krystal
    Laguna Villas & Resort, con más de 6,700 habitaciones en total.

    La zona está concebida como un auténtico apartheid. A la entrada del
    islote, un oficial de la policía, custodiado por varios militares con
    boinas rojas, chequea a las personas y vehículos que entran y salen del
    cayo avileño.

    Casi todos los hoteles situados en Cayo Coco son administrados por
    Gaviota, que tiene aspiraciones a seguir creciendo en los próximos años.
    Varias brigadas edifican tres nuevos hoteles que ampliarán aún más las
    capacidades habitacionales.

    A muchos turistas no les agrada la estrategia de confinarlos en
    instalaciones distantes de pueblos y ciudades. “Es un fastidio, te
    impide interactuar con la gente. Cuando te alojas en hoteles habaneros
    puedes charlar con los cubanos en la calle, pero eso es imposible en el
    resto de los polos turísticos”, expresa Eusebio, andaluz residente en
    Sevilla.

    Igual que ha ocurrido en la construcción del Hotel Kempinski, en el
    corazón de la capital, por estos lares, la gerencia de Gaviota prefiere
    contratar chefs de cocina y directivos extranjeros antes que cubanos.

    “Es absurdo traer albañiles de la India o cocineros de España. A ellos
    les pagan salarios justos, a nosotros no. Tal parece que quienes dirigen
    Gaviota odian a los cubanos”, se queja un ayudante de cocina.

    El sueño de uno de los promotores turísticos es ligar una extranjera y
    largarse del país. “Mi meta es trabajar en Miami Beach, Cancún o Punta
    Cana”, confiesa, y corre a guarecerse de una llovizna que apenas alivia
    el calor de plomo.

    Cuando cae la noche, el bar del lobby se desborda y en un teatro
    aledaño, los huéspedes ocupan sus butacas para ver la actuación de Divan
    Sotelo, uno de los reguetoneros de moda, nacido en La Habana en 1996.

    A esa hora, una de las mucamas espera el transporte obrero que la
    llevará a su casa. Hoy fue un día regular. Cuatro pesos convertibles de
    propina y dos pomos de champú por la mitad que le regaló una pareja de
    turistas japoneses.

    Ahora busca la manera de sacarlos del hotel sin llamar la atención.
    Mañana quizás tenga mejor suerte.

    Source: Cayo Coco: un emporio del capitalismo militar cubano –
    www.martinoticias.com/a/cayo-coco-emporio-capitalismo-cubano/128225.html

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