Apartheid en Cuba
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    Camino del Mausoleo con sus mitos y realidades

    Camino del Mausoleo con sus mitos y realidades
    Artículo en dos partes. La segunda parte aparecerá mañana
    Rafael del Pino, EEUU | 20/06/2016 8:57 am

    Han transcurrido casi tres décadas desde que terminaron las locuras del
    “Internacionalismo Proletario” en que nos metió Fidel Castro y su
    hermano alrededor del mundo. Las consecuencias de aquellos espasmos
    napoleónicos y toda su alienación son harto conocidas. Los enormes
    sufrimientos ocasionados a las familias cubanas con las separaciones de
    los seres queridos, la pérdida o mutilación de miles de sus hijos y las
    devastadoras consecuencias económicas que le ocasionaron a la nación con
    políticas tan nefastas permanecen aún impunes.
    Las nuevas generaciones de cubanos prácticamente desconocen la
    envergadura del huracán que nos azotó durante más de 14 años de
    aventuras en varios países africanos y otros intrincados parajes
    alrededor del globo. Más de medio siglo de total control de la
    información se ha encargado de cubrir con mantos “gloriosos” las
    campañas “libertarias” en África, Latinoamérica y el Caribe de
    “Alejandro”, nombre de guerra que el propio Fidel Castro en su enajenada
    egomanía escogió resemblando al célebre guerrero ateniense.
    Se ha filtrado que el “Alejandro” caribeño prepara su mausoleo en el
    Pico Turquino, el punto geográfico más alto de la Isla. Los restos del
    “insigne” guerrero tienen que descansar donde ningún otro cubano pueda
    llegar jamás. Si la historia lo ha “absuelto”, como él predijo en aquel
    alegato donde comenzó el delirio que mayor recompensa que una cima
    faraónica.
    Sin embargo hay algo que no lo deja dormir tranquilo en la preparación
    de su despedida. Desde hace unos años se ha hecho evidente el desmedido
    interés de Fidel Castro y la máxima dirección del Gobierno cubano por
    emplear el total monopolio de la información para tergiversar con
    publicaciones y documentales fílmicos las principales derrotas sufridas
    en esas aventuras. No creo necesario detallarlas en este trabajo. En mi
    libro Los años de la guerra están registrados los principales episodios
    con lujo de detalles y documentos oficiales que demuestran la realidad
    escondida detrás del manto “glorioso”.
    Las intervenciones armadas en República Dominicana, Venezuela,
    Argentina, Nicaragua, el Congo, Bolivia, terminaron todas en un baño de
    sangre innecesario y un rotundo fracaso. Las campañas de Angola y
    Etiopia, en las que el régimen declaró importantes victorias militares,
    sacrificamos miles de cubanos y sufrimos daños económicos irreparables
    para perder políticamente.
    Si nos acogemos a los conceptos de los grandes teóricos militares como
    Clausewitz, que definieron la guerra como la continuación de la lucha
    política por otros medios, entonces el haber apuntalado en el poder en
    Etiopia al genocida más grande registrado en el continente africano,
    haber traicionado a un aliado como Siad Barre en el cuerno africano y
    contribuido a que Somalia se convirtiera en un Estado fallido, debemos
    aceptar que perdimos políticamente. Sin dejar de mencionar también que
    el héroe principal de esa campaña, el general de división Arnaldo Ochoa
    Sánchez fuera ejecutado por Fidel Castro para dar un ejemplo de
    despotismo sin límites e intimidar a la oficialidad de las Fuerzas
    Armadas que comenzaba a dar señales de descontento e inquietudes. Esta
    es la principal razón por la que de la intervención militar en la guerra
    de Etiopia el régimen prefiere callar y dejarlo todo al olvido.
    Con la otra aventura, la de Angola, que duró más de 14 años sucede el
    mismo fenómeno. Los sacrificios en vidas humanas y destrucción económica
    que sufrimos en ese largo conflicto para salvar a una camarilla elitista
    que anunció ante el mundo y cumplió al pie de la letra su renuncia al
    socialismo, son la derrota y la traición más humillante que el
    “Alejandro” del Caribe haya podido tener. Se combatió y se murió en la
    lejana Angola para salvar a los emergentes capitalistas angolanos entre
    ellos la hija del actual mandatario José Eduardo Dos Santos, Isabel Dos
    Santos considerada por la revista financiera Forbes como la mujer más
    rica del África, y en noviembre de 2015 elegida por la BBC como una de
    las 100 mujeres más influyentes del mundo.
    No le puede resultar fácil a “Alejandro” dormir tranquilo en su
    preparación de la pirámide del Turquino. De solo pensar que terminados
    los últimos rituales y ceremonias la caja de Pandora se abrirá
    irremisiblemente le quita el sueño no solo a él sino a algunos otros en
    proceso de extinción. De ahí el marcado interés de hacerlo todo “sin
    prisa pero sin pausa”.
    El último taparrabos que el régimen castrista ha tratado de mantener a
    toda costa para poder esconder el engaño de las “heroicas campañas” es
    el mito de que gracias a la intervención cubana en Angola desapareció el
    régimen del apartheid en África del Sur.
    Halemos de una vez por todas los lacitos que atan y mantienen ese
    taparrabos para conocer la verdad de lo sucedido con el apartheid en
    África del Sur.
    Desmoronamiento económico del apartheid
    Aunque el Partido Nacional de gobierno afirmaba que estaba comprometido
    con el capitalismo, el apartheid llevaba consigo una masiva
    interferencia en el mercado; en realidad había muy poco “libre mercado”
    bajo el apartheid. Las prohibiciones por el color socavaban los mercados
    libres.
    A principios de los años 70, los problemas de la industria privada
    comenzaron a agravarse. El crecimiento económico exigía cada vez más
    personal educado y técnico calificado. En este punto, la población
    blanca ya había agotado sus capacidades para proveer ese personal; el
    apartheid inhibía a la población no blanca de llenar ese vacío. El
    sistema educacional no-blanco carecía totalmente de fondos. La educación
    Bantú era especialmente notable por su ineficiencia. Más aun, los
    sindicatos blancos controlaban el acceso a las posiciones de los empleos
    técnicos permitiendo solo aprendices blancos. El resultado era una
    enorme carencia de trabajadores calificados. En 1971 un estudio revelo
    que África del Sur tenía un déficit de cerca de 6.000 mecánicos
    automotores. Las proyecciones de los investigadores arrojaban unas
    necesidades futuras mucho más alarmantes.
    No obstante, las demandas por economistas y hombres de negocio
    (incluyendo afrikáners) comenzaron a ser muy insistentes en eliminar
    estas barreras. Las grandes compañías incluyendo multinacionales
    comenzaron a aportar largas sumas de dinero para construir escuelas para
    la población negra en las áreas urbanas. No era caridad, era simplemente
    el resultado de sus propios intereses que comenzaban a ser afectados por
    el apartheid.
    Producto de estos y otros problemas, el estado de la economía continuó
    deteriorándose en medio de una elevada inflación y estancamiento. La
    mayoría de los países industrializados experimentaron estos problemas a
    finales de los años 70 y principios de los 80 al dispararse los precios
    del petróleo pero ya la economía surafricana iba en picada al producirse
    la crisis del petróleo; esta solo vino a empeorar la situación. Cuando
    el rand fue creado a finales de los años 60, valía $1,80 dólares a
    finales de los años 70 ya estaba por debajo del dólar. El fracaso
    simbolizado en la caída del valor de la moneda ya había comenzado a
    afectar los salarios y las economías de los blancos
    Los granjeros afrikáners habían sido un importante medio de apoyo
    político al Partido Nacional y la conexión con la tierra siempre había
    sido una fijación de los afrikáners nacionalistas. Como resultado, el
    Partido había favorecido a los granjeros con diferentes formas de
    proteccionismo y este proteccionismo a su vez había contribuido
    notablemente a aumentar los precios y la inflación.
    Primeras fisuras
    Las huelgas de África Sur Occidental (Namibia).
    Las huelgas surgieron por la oposición de los Ovambos al sistema de
    control laboral del gobierno. Los obreros que se inscribían para
    trabajar en Windhoek o en las minas no podían decidir que trabajo iban a
    coger. Ellos simplemente eran asignados por los burócratas de una
    oficina empleadora. Un sistema muy similar empleado actualmente por el
    Gobierno cubano. En Cuba los trabajadores que quieren emplearse en la
    industria turística del área dólar o en cualquier empresa extranjera
    establecida en el país, son asignados por los burócratas de una oficina
    empleadora del gobierno para igual que el Partido Nacional Surafricano
    tener el completo control sobre las personas.
    El gobierno de África del Sur respondió a las huelgas de la forma usual
    disparando contra los huelguistas y enviando de regreso a sus reservas
    más de 4.000. No se hizo esperar que las grandes compañías especialmente
    las minas comenzaran a presionar al gobierno por las pérdidas que le
    estaba ocasionando la falta de empleados. Finalmente el gobierno tuvo
    que negociar y hacer concesiones. No fueron grandes pero fue la primera
    vez en 20 años que se sentara a negociar y hacer concesiones.
    Después de los mineros se produjo la huelga de los empleados municipales
    de Durban. Igual que hicieron con los mineros, el gobierno reaccionó
    violentamente y los cesanteo a todos. Durban es una localidad situada en
    un área calurosa y húmeda como la Florida. Otra vez en cuanto la basura
    comenzó a acumularse y la peste empezó a afectar a toda la ciudadanía el
    gobierno cedió a las demandas de los trabajadores. Los africanos
    obtuvieron una experiencia importantísima. En lugar de dejar que sus
    líderes o voceros se enfrentaran a las autoridades pudiendo ser
    arrestados, aprendieron a actuar unidos.
    Las huelgas alcanzaron a la industria privada. La primera afectada fue
    la industria de la construcción. Las huelgas al igual que en Cuba eran
    ilegales. Pero arrestando y procesando a los huelguistas no dio
    resultado. Los edificios no podían ser construidos si los trabajadores
    estaban tras las rejas. Tampoco podían ser remplazados rápidamente los
    operadores de equipos. Entrenar nuevos significaba meses de paro. El
    punto clave es que los trabajadores estaban empezando a tener éxito
    obteniendo sus demandas laborales, no muchas, pero era evidente que el
    régimen no podía imponer libremente su voluntad. A principios de los
    ochenta el gobierno se vio obligado a cambiar las leyes y permitir a la
    mayoría no-blanca (afrikáners) formar sus propios sindicatos. No les
    quedaba otra alternativa que aceptar la realidad.
    Los sindicatos blancos también comenzaron a darse cuenta de los vientos
    de cambio. Con la escasez de mano de obra calificada en muchos oficios,
    estaba claro que más temprano que tarde, a los no-blancos tendría que
    permitírsele entrar a esos oficios (de todas formas en realidad ya el
    trabajo verdadero en la mayoría de los oficios era realizado por
    no-blancos mayormente supervisados por estos). Los líderes sindicales
    comenzaron a argumentar que era mejor permitir la entrada de los
    no-blancos en los sindicatos a que ellos formaran sus propios gremios.
    De esa forma por lo menos mantenían algo del control.
    La dominación blanca no era amenazada inmediatamente por estos cambios,
    sin embargo había un hecho cierto el gobierno comenzaba a perder su
    habilidad de controlar el futuro y como este estaba evolucionando.
    La unidad de los afrikáners se fractura
    Aunque siempre hubo pocos afrikáners disidentes (un par de comunistas
    por una parte, un Beyers Naude por la otra, algunos escritores y
    artistas, etc.) los afrikáners habían estado unidos de una forma
    destacada. Sin embargo con el estancamiento económico los afrikáners
    urbanos comenzaron a ser más afectados por los subsidios y el
    proteccionismo dado a los afrikáners de la agricultura. Esta situación
    condujo a un conflicto de intereses entre los dos pilares del Partido
    Nacional.
    Otras divisiones comenzaron a ocurrir. Como resultado de los programas
    favoreciendo los negocios propiedad de los afrikáners hizo que muchos
    otros se incorporaran abriendo nuevas empresas. Estos hombres de negocio
    encontraron las mismas ineficiencias y obstáculos al desarrollo creados
    por el apartheid y con la mentalidad pragmática de negociantes
    norteamericanos e ingleses comenzaron a pedir cambios. Es más, los
    afrikáners envueltos en negocios comenzaron a pedir con urgencia la
    modificación y hasta el desmantelamiento del apartheid.
    Ya a finales de los años 70, la creciente división comenzó a
    manifestarse dentro del partido nacional. Las dos tendencias dieron en
    llamarse los “Verligtes” (Los Iluminados) y los “Verkramptes” (Los
    Trancados). Los verkramptes querían mantener el apartheid tanto como
    fuera posible. Para muchas de estas personas, el apartheid nunca había
    sido sobre desarrollo separado, había sido una cuestión de dominación y
    baasskap[1]. No obstante, el hecho de que el apartheid había sido
    siempre un sueño de probeta no importaba; la dominación seguía siendo el
    objetivo a mantener. Eventualmente, algunos de los líderes verkramptes,
    dirigidos por el Dr. Treurnicht, el hombre responsable de la política
    del idioma para los afrikáners y que encendió los disturbios de SOWETO
    en 1976, rompió con el Partido Nacional y creo el Partido Conservador.
    Su apoyo se concentró fundamentalmente desde las áreas rurales.
    Intervenciones en el extranjero
    A los crecientes problemas económicos se unía la política de crear y
    mantener una barrera a lo largo de sus fronteras contra posibles ataques
    del África independiente. Además de resistir la insurgencia en África
    Sur Occidental (Namibia) por muchos años, apoyaban al régimen de Ian
    Smith y al finalizar la dominación portuguesa en Mozambique y Angola,
    África del Sur comenzó a ayudar a los grupos guerrilleros que en ambos
    países se oponían a los marxistas que habían obtenido el poder.
    Estos envolvimientos significaban un drenaje económico sustancial,
    especialmente en una economía que ya estaba confrontando serios problemas.
    Ya en los años 80 los jóvenes afrikáners comenzaron a resistirse al
    servicio militar obligatorio y sus padres a resistirse también a que los
    enviaran a combatir fuera de su país. Esta situación ya había provocado
    que la SADF desde finales de los años 70 permitiera la entrada de
    no-blancos en sus filas. Pero las contradicciones comenzaban a
    manifestarse: ¿cómo podía esperarse que esos militares combatieran y
    murieran por un país donde ellos son ciudadanos de segunda categoría?
    Esta había sido una de las razones de porque habían sido excluidos pero
    las necesidades los habían forzado a cambiar.
    Presiones extranjeras
    Las presiones extranjeras comenzaron a tener algún efecto. Fueron
    lanzadas campañas especialmente en Estados Unidos y Gran Bretaña contra
    las compañías que hacían negocios con Sudáfrica. Algunas de ellas
    comenzaron a vender y salir del país. El desinvertir incrementó los
    efectos negativos sobre el rand y sobre la economía en general. No se
    puede afirmar que haya causado los crecientes problemas económicos pero
    en verdad ayudo a empeorar la situación existente.
    Para complicar más los problemas del régimen sudafricano, a las
    compañías transnacionales que continuaron haciendo negocios en Sudáfrica
    se les presiono fuertemente para que tuvieran que observar los códigos
    de conducta en sus operaciones de Sudáfrica es decir establecer igual
    pago para empleados no-blancos haciendo el mismo trabajo que los blancos
    así como establecer el empleo y las promociones basado en sus
    habilidades y no en su raza. Arriba de esto comenzaron a boicotearse los
    productos sudafricanos en Norteamérica (frutas y vinos.) Y para colofón
    cuando Sudáfrica necesitaba préstamos externos, las demandas de cambio
    de política se hicieron muy difíciles de resistir y las opciones se
    estaban agotando para el gobierno de Pretoria.

    [1] De acuerdo con la política “baasskap” (dominación de los blancos),
    que antecedió a las doctrinas del apartheid, los mandatarios de
    Sudáfrica debían mantener “la pureza de la raza”, pues la igualdad
    conduciría al “suicidio de la raza blanca”.

    Source: Camino del Mausoleo con sus mitos y realidades – Artículos –
    Internacional – Cuba Encuentro –
    www.cubaencuentro.com/internacional/articulos/camino-del-mausoleo-con-sus-mitos-y-realidades-325821

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