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    La vida de los otros – así es la existencia del 1% más rico del socialismo cubano

    La vida de los otros: así es la existencia del 1% más rico del
    socialismo cubano

    Son los ‘winners’ del socialismo cubano. Su mundo se extiende en 15
    kilómetros cuadrados divididos en cuatro urbanizaciones. Zonas
    exclusivas para compradores exclusivos en el oeste de La Habana
    AUTOR IGNACIO ISLA. LA HABANA
    19.05.2016 – 05:00 H.

    Dicen los que le conocen que Antonio Castro tiene dos grandes pasiones:
    las mujeres bellas y el deporte. De las primeras disfruta con
    generosidad, aupado por sus propios atractivos y una carta de
    presentación que abre muchas puertas, ser hijo de Fidel Castro. Gracias
    a ese último detalle, su cuenta bancaria goza siempre de abultados
    saldos, que le permiten ir de vacaciones a lugares tan caros como
    exóticos, inalcanzables o incluso desconocidos para la mayoría de los
    cubanos.
    Hace cerca de un año, Tony Castro ganó notoriedad a causa de un viaje en
    yate a través del Mar Egeo. Se alojó en varios de los complejos
    hoteleros más exclusivos de las islas griegas y el litoral turco,
    acompañado por un séquito que habitualmente ocupaba media docena de
    suites de cada instalación. En casi todas, el coste por noche supera los
    1.000 euros.
    El idílico recorrido tuvo un único inconveniente. En la ciudad turca de
    Bodrum, varios fotógrafos de celebridades cometieron el ‘pecado’ de
    intentar inmortalizar la cena que Tony ofrecía a unos conocidos. La
    osadía les valió la agresión física de los guardaespaldas que protegían
    al personaje, quienes además también intentaron quitarles las cámaras.
    El asunto pudo haber llegado a mayores, pero como corresponde a temas
    tan singulares, rápidamente las autoridades de Ankara archivaron la
    denuncia presentada por los reporteros y todo quedó ahí.
    Solo tres meses antes, el presidente Recep Tayyip Erdogan había
    desarrollado una ‘exitosa visita’ a La Habana, durante la cual firmó
    varios acuerdos comerciales y obtuvo de su homólogo, Raúl Castro, la
    autorización para construir una mezquita. En suma, no era el mejor
    momento para estar levantando tempestades por un desencuentro menor.
    Las grandes familias del país y la ley del silencio
    Por aquellos días, el Gobierno cubano se abstuvo de emitir comunicado
    alguno. Ante sucesos que impliquen a miembros de las principales
    familias del país, la norma no escrita prescribe que ningún funcionario,
    institución o medio de prensa se dé por enterado. Incluso la metafórica
    alusión publicada en el periódico ‘Tribuna de La Habana’ no fue más allá
    de una críptica recriminación, cuyo significado escapó a los que no
    contaran con acceso a internet. Casi el 80% de la población, cabe señalar.

    De Tony Castro, el cubano común solo conoce su otra faceta, la de
    ‘sportman’. Su nombre saltó a los titulares el día en que se convirtió
    en médico-jefe del equipo nacional de béisbol (algo así como la Roja
    para España). Con su designación, el humor criollo ganó un personaje de
    altura. Así, se hicieron comunes los chistes en torno al ‘muchacho’ y su
    posible papel dentro de la escuadra, que parecía dirigir tanto o más que
    los propios directores designados. “Es que él tiene el celular por el
    que Fidel dice lo que se debe hacer en todo momento. Recuerden que
    también la pelota es una batalla contra el Imperio”, concluía una de
    aquellas historias jocosas.
    Su labor sanitaria marcó el primer paso de una carrera ascendente que
    más tarde ha transitado por la presidencia de la federación cubana de la
    disciplina y la vicepresidencia de la Confederación Mundial de Béisbol y
    Softbol, esta última responsabilidad gracias -en primer lugar- a las
    generosas donaciones del Gobierno que preside su tío. Además, como para
    no escapar a los lugares comunes, Tony Castro es un apasionado del golf,
    deporte en el que ha conquistado varios trofeos, incluido el que
    virtualmente lo califica como campeón nacional. Lo más peculiar es que
    en todo el archipiélago funcionan menos de una decena de campos y están
    vedados a sus conciudadanos.

    El mundo de “los iluminados”
    Juan Padrón, el creador de dibujos animados más emblemático de Cuba, los
    ha llamado “los iluminados”. Para él, son esos seres investidos de toda
    la razón, que desde las más altas responsabilidades del Estado y el
    aparato político tienen en sus manos las decisiones trascendentales.
    Parecen ser inmunes al error y a las tentaciones que se derivan del
    poder. El título se transmite a sus descendientes, que desde su más
    corta edad disfrutan de una existencia singular y terminan formando sus
    respectivas familias con personas de la misma clase social.
    “Para empezar, no son gente como tú o como yo. La mayoría solo ha oído
    hablar del Periodo Especial por referencias, pero nunca vivió con cuatro
    o cinco horas de electricidad al día ni tuvo que viajar en camiones para
    transportar ganado debido a los problemas del transporte”, cuenta a El
    Confidencial Israel (nombre ficticio), un treintañero que alguna vez
    pretendió convertirse en oficial de las omnipotentes Fuerzas Armadas
    Revolucionarias. Con ese empeño ingresó en el Instituto Técnico Militar
    José Martí, el más importante de su tipo en la isla.
    “Allí abrí los ojos. No hablo de los privilegios que les otorgaban a los
    hijos de los generales o de cómo nos mandaban a trabajar como peones en
    las casas de algunos jefes. Hablo de la doble moral. Recuerdo la ocasión
    en que degradaron a uno de los oficiales que nos atendía por haberse
    encontrado con dos hermanos residentes en los Estados Unidos y que
    estaban de visita. Según lo establecido, había violado una norma que
    limita el contacto entre los militares y las personas llegadas desde el
    exterior, mucho más si se trata de comunitarios [cubanos radicados en
    Florida]. El problema estuvo en que unas cuantas semanas más tarde me
    enteré de que los propios Fidel y Raúl tienen varios hijos casados con
    extranjeros, y más aún, que no son los únicos. Fue entonces cuando me
    pregunté: ¿qué hacen ellos en esa situación, se van de la casa, evitan
    recibir a los nietos? Ya te jode”.

    No resulta fácil traspasar los límites impuestos por la élite para
    defender su pedazo de país. El primer obstáculo es de carácter
    territorial. Aunque a la hora de pensar en La Habana siempre saltan a la
    retina las imágenes de su zona más antigua o de las incontables torres
    de apartamentos del Vedado, en realidad la capital de ‘los más’ solo
    comienza cuando se cruza el río Almendares y se transita -siempre hacia
    el oeste- por la quinta avenida del reparto Miramar.
    Las mansiones construidas por la burguesía antes de 1959 son hoy las
    residencias de los ‘winners’ del socialismo cubano. Su mundo se extiende
    por casi 15 kilómetros cuadrados, divididos en cuatro urbanizaciones
    fundamentales: la ya mencionada Miramar (donde se ubica el grueso de las
    embajadas) y las tres que acogen a lo más selecto de la nomenklatura y
    sus colaboradores inmediatos, Atabey, Siboney y Cubanacán. En un punto
    aledaño a las dos últimas está Jaimanitas, una pequeña barriada cuyo
    único mérito remarcable es ser la sede de Punto Cero, la casa de Fidel
    Castro.

    “Hablamos de zonas exclusivas para compradores exclusivos”, se
    enorgullece Juan Carlos Horta, un corredor de bienes raíces
    especializado en inmuebles de alto valor, destinados sobre todo a nuevos
    ricos, a nacionales que pretenden repatriarse y a empresarios
    extranjeros. “Se trata de un mercado de mucha vitalidad: las propiedades
    que hoy se cotizan en torno al medio millón de dólares en un par de años
    deberán estar duplicando ese valor o incluso más”, dice a El Confidencial.
    En su caso, no parece tratarse de una exageración. Si bien en algunos
    puntos el acceso se restringe o hasta llega a ser completamente
    prohibido debido a razones de seguridad, un breve recorrido por
    Cubanacán pone de manifiesto que allí el dinero no es un visitante
    ocasional. Además de los propios inmuebles y su estado de conservación,
    una muestra evidente es la abundancia de coches de buenas marcas y años
    recientes (en Cuba, tener coche propio sigue siendo un lujo impensable
    para la mayoría de las familias).
    Alexei, un proveedor de frutas y otros productos agrícolas que
    regularmente visita el reparto, sabe que de puertas adentro el lujo es
    aún mayor. Cada principio de semana se traslada con una vieja camioneta
    Ford desde la finca familiar, en las afueras de la ciudad, para
    abastecer a sus clientes. “En realidad, son compradores de mi padre, que
    los ha abastecido desde siempre con alimentos orgánicos y de primera
    calidad. Yo voy lo mismo a rentas para extranjeros que a casas de
    gerentes y dueños de negocios particulares. Aquí no hay pobres, y las
    pocas casas que quedan más ‘malitas’ ya las están vendiendo o reparando.
    ¡Cuando te digo que en algunos lugares me he topado hasta con ‘jacuzzis’
    y parqueos para cuatro o cinco coches!”, cuenta a El Confidencial.

    Durante años, la élite del oeste de La Habana nutrió sus filas con
    dirigentes del Gobierno y el Partido Comunista y algunos integrantes de
    la vieja burguesía republicana -sobre todo profesionales- que
    encontraron acomodo dentro de las instituciones del nuevo poder. Tras
    las reformas económicas de los años noventa y las del último lustro, el
    grupo ha crecido con las incorporaciones de nuevos ricos, aupados por
    sus negocios privados y los vínculos con compañías mixtas.
    Su vida difiere de la del común en todos los aspectos, empezando por el
    lugar de residencia, continuando por las escuelas y los hospitales a los
    que acuden, y terminando por los espacios en que van de vacaciones o se
    divierten. Es una farándula que “se codea con artistas y gente de la
    televisión: es difícil ver allí algún político, pero sus hijos quizá no
    falten. Entre todos ellos hay personas decentes y mesuradas, así como
    muchos otros con todos los defectos que la conciencia de clase elitista
    puede provocar. Como esto es un fenómeno mayormente nocturno y ubicado
    en barrios a los que se llega en auto, no está al alcance de todos”,
    cuenta el bloguero Harold Cárdenas Lema.
    En la calle, la gente lo asume desde la jocosidad característica del
    cubano, que puede convertir en burla hasta los asuntos más espinosos. El
    mejor ejemplo lo brindó por mucho tiempo el programa cómico ‘Vivir del
    cuento’, el más popular de la televisión nacional. Allí ganó notoriedad
    un personaje llamado el gerente, que aunque nunca apareció en pantalla,
    se mantenía como una referencia constante debido a su ostentoso modo de
    vida, que incluía viajes de paseo al exterior y otros lujos que
    solventaba con su discreto salario de funcionario público.
    Sin embargo, el tema está lejos de quedar en el campo de lo
    intrascendente y gana notoriedad a medida que se profundizan las
    desigualdades en el contexto nacional. “El pueblo de Cuba quiere saber
    qué comen nuestros políticos (…) saber si van a comprar las frazadas de
    piso rebajadas hasta fin de mes (…) si extrañan a sus seres queridos que
    se han ido del país porque no pudieron ser convencidos, como nosotros,
    de las bondades del socialismo. Y si creen que nada de esto nos importa
    o no nos debe importar porque es la vida privada de los políticos, les
    digo que no estamos de acuerdo. Que nuestras vidas las hemos empeñado a
    este proyecto de sociedad diferente y queremos estar seguros de que
    nuestros dirigentes la viven como nosotros”, reclamaba hace un par de
    meses el profesor universitario Julio Antonio Fernández Estrada, en un
    artículo que tuvo amplia repercusión en la prensa alternativa pero fue
    ignorado olímpicamente por los medios oficiales y las instancias del poder.
    Según dicen algunos mal pensados, en los repartos de la neoburguesía
    cubana muchos miran más hacia afuera que hacia dentro de la isla. Justo
    como hacían los millonarios que en enero de 1959 vieron derrumbarse su
    mundo.

    Source: América Latina: La vida de los otros: así es la existencia del
    1% más rico del socialismo cubano. Noticias de Mundo –
    www.elconfidencial.com/mundo/2016-05-19/cuba-socialismo-fidel-castro-antonio-castro-elite-capitalismo_1202119/

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