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    Jorge Olivera Castillo – ‘Estamos viendo la legitimación de la dictadura’

    Jorge Olivera Castillo: ‘Estamos viendo la legitimación de la dictadura’
    YUSIMÍ RODRÍGUEZ LÓPEZ | La Habana | 6 Mar 2016 – 9:08 am.

    De Angola al periodismo independiente; del periodismo independiente a la
    cárcel; de la cárcel… al periodismo independiente. Y a la literatura.
    Este ha sido el recorrido del editor de televisión y escritor Jorge
    Olivera Castillo, uno de los 75 cubanos encarcelados durante la
    “Primavera Negra” de 2003.

    Afirma con orgullo provenir de una familia pobre y dice que no fue el
    primero en enfrentarse al totalitarismo. El primero fue su padre, quien
    formó parte de la llamada “microfracción” en 1967.

    “El Gobierno lo llamó microfracción para desprestigiarlo; fue un cisma
    dentro del Partido. Eran miembros del viejo Partido Comunista o Partido
    Socialista Popular, pro soviéticos. Criticaban el caudillismo de Fidel
    Castro, el exceso de gratuidades, la exportación de la revolución y la
    confiscación de la pequeña empresa”.

    “Mi padre dirigió ocho células en la lucha contra Batista; fue corrector
    de pruebas en el periódico Hoy y luego de Granma hasta 1967, cuando
    ocurrieron los arrestos: 48 viejos militantes. El líder, Aníbal
    Escalante, fue condenado a 15 años; murió en prisión por apendicitis,
    según la historia oficial. Otros fueron sentenciados a 12 años; otros, a
    diez (entre ellos mi padre), y otros a menos años”.

    “El Gobierno hizo una purga nacional. Muchos no fueron arrestados, sino
    expulsados de sus trabajos y obligados a hacer labores agrícolas.
    Bastaba ser sospechoso de lo que no era tal conspiración, sino
    discrepancias con la política de Fidel Castro. Creo que fue la primera
    gran ola represiva dentro del mismo Partido”.

    “Los partidos comunistas de la región criticaron los arrestos. Fidel
    Castro fue cuestionado en Chile. Al regreso, empezó a liberarlos
    escalonadamente. Mi padre cumplió cuatro años y tres meses. Siguió
    siendo comunista; decía que ellos (el Gobierno) eran unos pequeños
    burgueses”.

    “No hay guerra desinteresada”

    DDC: El pasado año se conmemoró otro aniversario de la misión
    internacionalista cubana en África. En televisión aparecieron varios
    oficiales de esa guerra y exaltaron cómo Fidel Castro convenció al
    pueblo del deber solidario de luchar en África. Usted fue uno de los
    jóvenes enviados a Angola.

    No fue voluntario. En estos gobiernos existe la compulsión, métodos muy
    sofisticados. Tenía 19 años, me enviaban por el servicio militar.
    Pensaba que no ir podría truncar mi futuro, impedirme estudiar en la
    universidad (al final no lo hice). La alternativa era hacerme suboficial
    y jurar cuatro años en el ejército, pero detesto lo militar.

    Estuvimos 17 días en el barco, hacinados, sin bañarnos. Me recordaba las
    travesías de los esclavos. En Angola permanecí 26 meses. Vivíamos bajo
    tierra para protegernos de la aviación sudafricana. El baño estaba
    fuera. En la época de lluvia, debíamos dormir a la intemperie porque los
    huecos se inundaban. El agua de beber era carmelita. Tuve amebiasis tres
    o cuatro veces, y paludismo, varias; la primera fue la más grave, se me
    complicó con una anemia aguda. Estuve a punto de morir”.

    “Desayunábamos un poco de leche con un pedazo de pan; para almuerzo y
    comida, arroz, potaje y una carne de cerdo enlatada holandesa, de muy
    mala calidad. Muy esporádicamente nos daban carne, creo que de búfalo.
    Era mecánico de tanques; no estuve en la línea de combate, aunque sufrí
    dos bombardeos en los que afortunadamente no hubo bajas mortales”.

    “Vi personas morir por enfermedad, o enloquecer y disparar a sus
    compañeros; así ocurrieron varias bajas”.

    DDC: Usted afirma que en estos gobiernos existen métodos sofisticados
    para convencer a la gente de luchar en guerras lejanas. Pero en Estados
    Unidos, donde no hay totalitarismo, también existen mecanismos que hacen
    a la gente ir a combatir lejos de su patria, convencidos de defender la
    democracia.

    Estados Unidos es un imperio, con intereses geopolíticos; la Unión
    Soviética los tenía también, como Rusia, China… La mayor parte del
    ejército norteamericano se beneficia; sé que hay veteranos sin atención,
    porque han sido muchas las guerras y los participantes. Pero hay
    créditos para estudiar en la universidad y otras prebendas sociales. En
    Cuba, no ha habido ningún tipo de atención.

    DDC: Tengo entendido que a las familias que perdieron a alguien en
    África les dieron un televisor a color.

    Es cierto. Me atrevo a afirmar que la mayoría, decenas de miles de
    jóvenes, quedó olvidada. A los miembros de la Asociación de Combatientes
    les dan un poco de arroz y frijoles.

    DDC: A usted le corresponde esa dieta.

    No la aceptaría. Arrojé la medalla y el diploma a la basura.

    DDC: Mencionaba intereses geopolíticos. ¿Cuba tenía alguno o fue
    realmente una participación desinteresada?

    No hay guerra desinteresada. En los gobiernos totalitarios se funciona
    el espíritu mesiánico y caudillista del líder. Se esconden tras un
    ideal. Fidel Castro necesitaba convertirse en un personaje de talla
    mundial. De cierta manera lo logró, a costa del pueblo y de recursos que
    pudieron invertirse mejor. En Angola no hay socialismo, hay capitalismo.
    Creo que eso estaba previsto; solo fue una satisfacción del ego de Fidel
    Castro y una vía para hacer la guerra a los Estados Unidos. Se sabe que
    el apartheid era apoyado por Occidente.

    DDC: Sin embargo, días atrás le escuché expresar admiración por Nelson
    Mandela. ¿No considera importante que Cuba ayudara a liberar a Sudáfrica
    del apartheid? ¿Cree que la participación cubana fue decisiva?

    Es una pregunta compleja. Pienso que, intereses geopolíticos aparte, era
    necesaria la liberación del pueblo sudafricano. La intervención cubana
    fue decisiva, aunque también había mucha presión internacional. A Fidel
    Castro le sirvió para entrar en el juego de las potencias como actor
    emergente que puso la carne de cañón.

    Viví esa guerra y vi la corrupción de la alta jerarquía de la
    oficialidad; vivían en casas lujosas dejadas por empresarios
    portugueses, en desproporcionada riqueza, más en aquel contexto. No
    comían lo mismo que nosotros, les suministraban muy buena comida.

    DDC: ¿Lo vio?

    Las casas estaban a la vista, no era secreto. Lo de los suministros no
    lo vi, pero era el comentario de soldados y parte de la oficialidad; se
    hablaba de grandes bacanales.

    Al regreso, nos dieron dinero para comprar un perfume, un pitusa… Fue
    humillante.

    “Siempre vi la posibilidad de ir a prisión”

    Aunque nunca se sintió comunista ni fue fanático del régimen, Olivera
    tampoco era un opositor. Dice que las ideas de su padre no influyeron en
    él durante su infancia y primera juventud.

    “Mis padres se separaron cuando tenía dos años; lo veía, pero no éramos
    muy cercanos”, comenta. Pero años después, influyó en su formación política.

    “Al regreso de Angola, empecé a trabajar en televisión. Estando en los
    servicios informativos comencé a cuestionarme ciertas cosas. Me vinculé
    más con mi padre, quise saber de su experiencia en la lucha contra
    Batista y de la microfracción. Asistí a unos talleres en su casa, donde
    los viejos comunistas debatían sobre la Perestroika y la Glasnot.
    Consideraban buenos los cambios propuestos por Gorbachov, que no
    buscaban cambiar el sistema, sino salvarlo. Pero estaba tan podrido que
    colapsó”.

    “Fue un proceso de maduración. En marzo de 1993 di el salto definitivo
    con mi primera transmisión por Radio Martí, en la casa de un opositor.
    Primero fui secretario de divulgación y propaganda en un sindicato
    independiente, la Confederación de Trabajadores Democráticos de Cuba”.

    Olivera describe 1995 como el “año de la eclosión de la prensa
    independiente en Cuba”.

    En mayo se fundó la agencia Habana Press y él la integró desde
    septiembre y la dirigió desde 1999 hasta que fue detenido en abril de 2003.

    DDC: ¿Si existía esta prensa desde 1995, por qué es en 2003 que ocurren
    los arrestos?

    Siempre vi la posibilidad de ir a prisión, pero no por tantos años;
    menos en un grupo de 75 personas. Antes sufrí actos de repudio,
    detenciones, amenazas.

    El arresto parecía el de Pablo Escobar y no el de un periodista
    independiente. Cerraron la calle. Veinte personas registraron mi casa.

    Había un recrudecimiento, más retórico que real, de la política
    norteamericana. En época de Bush, Cuba compraba muchos alimentos en
    Estados Unidos. La respuesta del Gobierno fueron los arrestos. Pienso
    que fue decisión de Fidel Castro y que ocurrieron un día después de la
    invasión a Irak para aminorar el efecto mediático, pero hubo una gran
    repulsa a nivel internacional.

    También pienso que intentaron crear rehenes para una posible
    negociación. Los Cinco por los supuestos peones de Estados Unidos, que
    no somos. Asumí esta posición sin esperar nada a cambio.

    Toda oposición necesita ayuda, también Fidel Castro en su lucha contra
    Batista. Nunca me han condicionado. Gracias a esta ayuda, que no es
    salario, he podido resistir el asedio del Gobierno, el período en la
    cárcel. El dinero para la democracia en Cuba es público. Nunca recibiría
    dinero de Osama bin Laden, del Chapo Guzmán.

    DDC: ¿De Luis Posada Carriles?

    Tampoco. Agradezco a los gobiernos que nos han ayudado, especialmente al
    norteamericano, sobre todo porque no me ha condicionado, aunque no estoy
    de acuerdo con el embargo ni la política de cambio de régimen.

    DDC: ¿Cree que es una ayuda desinteresada?

    Siempre hay algún interés, nadie regala dinero. Sí, hay un
    enfrentamiento entre una dictadura y un Gobierno democrático. Pero lo
    importante es que nadie me ha ordenado nada ni me ha puesto a trabajar
    por sus intereses. Empecé en este trabajo sin ganar ningún dinero,
    pasando hambre incluso.

    “Llévenme, pero voy a seguir escribiendo”

    Olivera no milita en ningún partido. Se considera un demócrata.

    “Aspiro a la democracia, aunque sé que la democracia no es perfecta; a
    la construcciónde una república donde quepan todos, incluso los
    comunistas… Cuando estudias los procesos de transición en el mundo, al
    final hay que perdonar. No hay otra manera de resolver una situación
    compleja que entraña la vida de millones de personas.

    En este sistema totalitario que va para 60 años, en algún momento, todos
    hemos sido culpables por acción u omisión. Muchas veces permanecimos
    callados cuando debíamos hablar. Otros han sido peores, han hecho daño
    físico a miles de personas y es justo que enfrenten un tribunal. Pero,
    como demuestra la historia, no todos son juzgados”.

    Olivera es uno de los miembros del Grupo de los 75 que ha decidido
    permanecer en la Isla.

    “Pensaba irme, incluso antes de estar preso. El Gobierno no me daba
    respuestas y seguí trabajando. En 2005 y 2006 amenazaron con regresarme
    a prisión. Dije: ‘llévenme, pero voy a seguir escribiendo’. Me dejaron
    tranquilo. El 12 de octubre de 2010, me entregaron la tarjeta blanca en
    emigración. Era salida definitiva y decidí quedarme. Quisieron que
    expusiera las razones en un documento y me negué. Después publiqué en
    Convivencia un artículo titulado ‘Yo me quedo’. Está en internet”.

    “Había invertido gran parte de mi vida en un ideal. Considero mi trabajo
    fundamental. Además, pensé en las consecuencias del exilio: el
    desarraigo, el vacío espiritual aunque tengas todo lo material. Decidí
    seguir luchando por la democracia en Cuba, sean cuáles sean las
    consecuencias, porque pueden regresarme a prisión”.

    Huésped del infierno

    Olivera está en la calle bajo licencia extrapenal por enfermedad.

    “El Gobierno cubano solo la otorga cuando la persona está al borde de la
    muerte; lo de nosotros fue una coartada para mantenernos en un limbo,
    realmente algunos no estábamos lo suficientemente enfermos. Han violado
    su propio Código Penal: quien recibe licencia extra penal debe someterse
    a chequeo cada seis meses, para ver si prevalece la enfermedad. Nosotros
    continuamos haciendo el trabajo por el que nos encarcelaron”.

    Al periodismo, Olivera ha unido la literatura, donde también hace
    “denuncia, sin caer en el panfleto”.

    Empezó a escribir en los 90, pero fue en la cárcel donde lo tomó más en
    serio. Ahí escribió su primer libro de poesía.

    “Estuve nueve meses en una celda de aislamiento de tres metros de largo
    por dos de ancho, con roedores, un hueco en el piso como baño, un
    camastro de hierro con una tabla y una colchoneta finita; sin mesa ni
    silla. Dejaban pasar literatura, y papel y lápiz para escribir, pero
    cuando oscurecía no podía hacer nada porque el bombillo era de muy pocas
    bujías. Además estaban los enjambres de mosquitos. La poesía me ayudó a
    sobrevivir”.

    “Fue una experiencia traumática pero me sirvió para crecer como persona,
    apreciar más mi libertad y mi trabajo, y dejar constancia de las cosas
    que vi. De ahí salió el libro Huésped del infierno. Después de la celda
    de aislamiento me pusieron con criminales comunes”.

    Sin embargo, Olivera era un “preso de conciencia, declarado por Amnistía
    Internacional”.

    “Una de las tantas arbitrariedades de estos sistemas es desconocer las
    categorías de preso político y de conciencia”.

    “Estuve con criminales de la peor extirpe. Había desquiciados aptos para
    manicomio, asesinos, gente con más de 60 años de condena. Vi
    autoagresiones, intentos de suicidio, personas que se cosieron la boca a
    sangre fría”.

    “Uno hizo una pasta caliente con jabas de nylon. Hubo que amputarle las
    manos. Lo hizo para ganarse la licencia extrapenal por incompatibilidad
    con el régimen penitenciario. Otro se levantó el cuero cabelludo. No vi
    violadores, pero sí hombres que se vendían por comida, cigarros”.

    “Me impresionaba la naturalidad con que algunos contaban cómo robaban,
    cómo asesinaban”.

    Olivera estuvo preso 21 meses, más de un año en la prisión de
    Guantánamo, a mil kilómetros de La Habana, y luego algunos meses en la
    cárcel de Agüica, en Matanzas, ambas de máximo rigor. Afirma no tener
    pesadillas, pero padece “colitis crónica de hipertensión”.

    Ha publicado cinco poemarios que incluyen Confesiones antes del
    crepúsculo(Miami, 2005) y Quemar las naves (Miami 2015). Además, los
    libros de cuentos Huésped del infierno (Cádiz, 2007) y Antes que
    amanezca y otros relatos (Buenos Aires, 2010).

    Ha sido traducido al checo, polaco, inglés, italiano y francés. Obtuvo
    una beca en la Universidad de Harvard en 2009, pero en La Habana le
    negaron permiso para viajar. Es miembro de honor del PEN Inglés y el PEN
    Checo, y Premio Nacional de Literatura Independiente Gastón Baquero (2014).

    Preside el Club de Escritores Independientes de Cuba. Sus referentes en
    la literatura son Raúl Rivero, Manuel Díaz Martínez, Heberto Padilla…

    DDC: ¿Solo disidentes; hay que oponerse al poder para ser un buen poeta?

    No, puedo mencionarte también a un gran poeta como Waldo Leyva. Además,
    Raúl y Manuel publicaron la mayor parte de su obra dentro del
    oficialismo. Rivero fue Premio David. En el exterior, mis referentes son
    Borges, Vallejo, Emily Dickinson…

    DDC: Víctor Manuel Domínguez decía días atrás que salvo honrosas
    excepciones, la poesía cubana no atraviesa un buen momento. ¿Comparte
    esa opinión?

    Sí, aunque es una cuestión de gustos. Creo que el principal problema es
    la masividad, que ha invadido todos los rincones de la vida del país. La
    poesía no es un fenómeno de masas. La forma dirigista del Gobierno de
    implicarse en el arte le ha hecho mucho daño a la literatura.

    Aunque la ideologización no es cómo en otras décadas, la UNEAC, por
    ejemplo, no es una organización descentralizada, independiente. Ahora
    existen publicaciones impensables en los 60, los 70 y los 80, pero
    responden a una estrategia de dar una imagen de apertura y libertad.

    La legitimación de la dictadura

    DDC: Durante el Foro Cuba y sus identidades, afirmó que el Gobierno
    cubano se beneficiaba de la crisis migratoria en Costa Rica. ¿Cómo nos
    afectaría la desaparición de la Ley de Ajuste Cubano? ¿Seguirían yéndose
    los cubanos ilegalmente a los Estados Unidos al cerrarse esta vía
    importante? ¿Se verían obligados a permanecer e intentar solucionar
    nuestros problemas aquí?

    La gente seguirá marchándose; el Gobierno presiona para que quiten la
    ley para poder decir que no hay una dictadura.

    Cómo van las cosas, no creo que en Cuba exista democracia pronto.
    Estamos viendo una legitimación de la dictadura, por ejemplo con la
    visita de Raúl Castro a Francia. Va más allá del símbolo, hablamos de un
    referente democrático del viejo continente, del emblema Libertad,
    Igualdad, Fraternidad. ¿Ese recibimiento pomposo a una dictadura, qué
    otra lectura puede tener?

    Se legitima el status quo. No creo que esto desemboque en una democracia
    como la tenemos concebida: división de poderes, libertad para ejercer
    todos los derechos, pluralidad de partidos, economía de mercado.

    Occidente tiene excelentes relaciones con China y Vietnam, donde se
    siguen violando los derechos humanos. Al mundo le interesa más la
    estabilidad que la democracia. Será una evolución muy lenta hacia no se
    sabe qué. Al Gobierno no le importan las fracturas de tipo social y
    económico que han provocado. Apuestan por la política de Luís XV:
    “Después de mí, el diluvio”.

    Source: Jorge Olivera Castillo: ‘Estamos viendo la legitimación de la
    dictadura’ | Diario de Cuba –
    www.diariodecuba.com/derechos-humanos/1457026747_20661.html

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