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    La escuela de los otros

    La escuela de los otros
    LUZ ESCOBAR, La Habana | Febrero 02, 2016

    No lleva uniforme, tampoco una bolsa con merienda ni una pañoleta atada
    al cuello. Sin embargo, a sus nueve años, Malena va hacia la escuela, un
    centro docente para hijos de diplomáticos donde ha logrado matricular
    con los recursos económicos de sus padres y un pasaporte español
    heredado de la abuela.

    La educación cubana ya no es la misma para todos. Hay aulas donde los
    alumnos disfrutan de una conexión a internet sin restricciones,
    climatización y mobiliario nuevo. En el comedor, el menú es variado,
    abundan los vegetales y es común escuchar a un niño contar que pasó el
    fin de semana en Cayo Coco o que su papá cambió de camioneta.

    Fundada hace más de cuarenta años, la escuela internacional de La Habana
    se pensó en un inicio para los hijos de embajadores y personal consular.
    Con la década de los noventa llegaron los niños de extranjeros que
    trabajaban en empresas mixtas, pero desde hace unos años han aparecido
    los cubanos que puedan pagar las altas matrículas y mostrar un pasaporte
    de otro país.

    A diferencia de los colegios públicos, donde los recursos materiales
    escasean y el déficit de maestros crece, la Escuela Internacional de la
    calle 18, en el exclusivo barrio de Miramar, tiene una biblioteca, un
    centro multimedia y un parque de diversiones. La lista de interesados en
    entrar a trabajar en el atractivo lugar podría alcanzar para llenar
    todas las plazas vacías en las aulas primarias y secundarias a lo largo
    del país.

    Para matricular un niño en la escuela internacional o en el Centro
    Educativo Español de La Habana, cercano al Acuario de Miramar y fundado
    en 1986, se deben mostrar documentos que lo acrediten como extranjero.
    Una condición que hasta hace algunos años era exclusiva de hijos de
    diplomáticos, pero que ahora comparten los vástagos de los emigrados
    retornados y los nacionalizados españoles a través de la Ley de Nietos,
    como Malena.

    La inscripción tiene entre sus requisitos presentar las calificaciones
    anteriores del estudiante y estar dispuesto a pagar la matrícula. Un
    curso en la enseñanza primaria puede costar el equivalente a 4.000
    dólares si se paga por separado o 10.450 desde kindergarten hasta el
    grado quinto.

    A pesar de las altas tarifas existen cubanos que pueden pagar esa suma
    para evitar que sus hijos vayan a la escuela pública. Entre ellos
    quienes después de vivir largos años en el extranjero se niegan a
    aceptar la ideologizada enseñanza cubana. “La niña nació en Madrid y no
    está acostumbrada a nada de eso que se ve en las escuelas de aquí”,
    comenta a este diario la madre de una adolescente que cursa la enseñanza
    media en la llamada “escuelita española”. Casada con un artista conocido
    y después de más de una década en el barrio de Salamanca, ahora hacen
    malabares para pagar la factura del colegio.

    “Pero hacemos el sacrificios, porque ahí le enseñan a ser creativa y a
    tener criterio propio”, comenta la orgullosa mujer. “No quiero ni
    imaginarme lo que sería tener que matricularla en una escuela de por
    aquí”, señala en su casa de Centro Habana. La joven comparte aula con
    hijos de corresponsales extranjeros radicados en Cuba, gerentes y nuevos
    ricos.

    Los profesores de estas escuelas, junto a los encargados administrativos
    y de servicios, son contratados de manera directa a través de
    recomendaciones. En este caso no median las bolsas controladas por el
    Estado como sucede en la mayoría de las plazas donde recibe una
    remuneración en moneda convertible o vinculadas con extranjeros.

    Lina, una joven graduada de la Academia de Bellas Artes de San
    Alejandro, gracias a su buen dominio del inglés, impartió clases de
    artes plásticas durante varios años en uno de esos centros. Ahora cuenta
    que el salario era “magnífico” pero que lo más importante era “el
    ambiente de libertad que se respiraba nada más entrar”. En su página
    digital la escuela internacional se define como “una institución
    progresista”.

    Más de un tercio de los profesores de ese colegio viene de Canadá, Reino
    Unido, Holanda, Alemania y Portugal. El resto son contratados cubanos
    que debieron demostrar estar “capacitados en métodos pedagógicos
    modernos”. Al finalizar los estudios, los alumnos obtienen títulos
    válidos para sus países de origen, homologados en la Unión Europea u
    otras naciones.

    El currículo de asignaturas no es muy diferente al de la enseñanza
    gratuita, aunque sí la forma en que se imparte. Entre las materias que
    deben estudiar en la educación primaria están Matemáticas, Inglés,
    Español, Educación Artística Plástica y Música, junto a la Educación
    Física, Computación y la Educación en Valores. Esta última sin una pizca
    de ideología.

    Con el pasaporte español recién obtenido, Ivette, dueña de una paladar
    en la Habana Vieja decidió ahorrarle a su niña “los baños sucios, la
    bandeja metálica llena de grasa, la maestra que fuma y que grita”,
    explica la próspera empresaria sobre las experiencias escolares de su
    infancia. “Este es el mejor dinero que yo he gastado en toda mi vida”,
    asegura la mujer cuando habla de la “escuelita para yumas” a la que va
    su hija Malena cada mañana.

    Source: La escuela de los otros –
    www.14ymedio.com/nacional/escuela_0_1937206262.html

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