Apartheid en Cuba
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    Los irreductibles cubanos de Miami, procastristas rodeados por un mar de intolerancia

    Los irreductibles cubanos de Miami, procastristas rodeados por un mar de
    intolerancia
    – Se apartaron de la revolución desilusionados y terminaron con sus
    huesos en Miami
    – Quizá por añoranza, durante décadas abogaron por el sistema político
    que dejaron atrás
    – Han resistido a cualquier intento de destrucción, incluidos atentados
    con bombas

    Son los cubanos irreductibles de Miami. Un grupo de viejos
    procastristas, que se apartaron de la revolución desilusionados con el
    rumbo que Fidel Castro dio al proceso revolucionario y terminaron con
    sus huesos en Miami. Pero que con el pasar del tiempo cambiaron de
    opinión, sea por añoranza del país o por una corazonada de futuro y,
    contra viento o marea, durante décadas abogaron por el sistema político
    que dejaron atrás y resistieron, en la capital del exilio, a toda
    ofensiva arrolladora para destruirlos.

    Y ahora que Estados Unidos y Cuba han iniciado un deshielo en sus
    relaciones se sienten revindicados. “Lo único que siempre quisimos fue
    un cambio en nuestra sociedad. Que se admitiera el derecho a la
    diferencia, hemos vivido muy aislados durante décadas y ahora, al final,
    fue Miami la que quedó aislada”.

    Lo dice Max Lesnik, un viejo amigo de Fidel Castro desde los tiempos
    universitarios y que emigró a Estados Unidos no por grandes divergencias
    con el líder revolucionario sino porque nunca le gustó que abriera las
    puertas de su país “a los rusos”.

    Sólo por eso se fue de Cuba. Ahora es el alma de la ‘Alianza Martiana’,
    el grupo de irreductibles cubanos que la contrarrevolución nunca logró
    doblegar y que constituye una isla rodeada por un mar de profundo
    anticastrismo.

    Lucha estudiantil

    “Nunca he sido castrista. A mí lo que me importa es la nación cubana”,
    explica Lesnik quien participó en la lucha estudiantil contra la
    dictadura de Fulgencio Batista y conoció a Castro cuando ambos militaban
    en el partido Ortodoxo. Sin embargo, muchos en Miami lo consideran un
    ‘castrista'; es más, lo acusan también de ser un ‘espía’, porque el
    viejo luchador nunca renegó de esa amistad y sufrió por ello en el exilio.

    Lesnik, de profesión periodista, al llegar a Miami a principios de los
    años 60 del siglo pasado se encontró con un ambiente enrarecido, donde
    los ‘batistianos’ controlaban la ciudad y los medios de comunicación.
    Decidió entonces crear la revista ‘Réplica’ por cuyas páginas, entre
    secciones de entretenimiento y deporte, se debatieron grandes temas que
    afectaban a los cubanos exiliados.

    Fueron debates tan afilados que por poco le cuestan la vida. La revista
    sufrió 14 atentados con bomba, 13 de los cuales destruyeron parcialmente
    sus instalaciones y le costaron la vida a Luciano Nieves, su gran amigo
    y cuya foto se encuentra ahora detrás de la silla del despacho de Lesnik
    en la sede de ‘Alianza Martiana’ en la Pequeña Habana.

    “Aquí siempre hubo una extrema derecha terrorista que sólo se calmó un
    poco tras los atentados del 11 de septiembre (del 2001). En cierto
    sentido esos atentados nos han protegido porque ahora ‘terrorismo’ es
    una palabra maldita en Estados Unidos y ellos se saben cuidar”, explica
    Lesnik, en medio de la algarabía de sus correligionarios en las angostas
    instalaciones.

    Componenda con el régimen comunista

    Palabra maldita en Miami también ha sido ‘diálogo’ que, para la línea
    dura del exilio es sinónimo de una componenda con el régimen comunista.
    “Yo no soy ni nunca he sido comunista, pero siempre he abogado por un
    diálogo con el Gobierno cubano. No podemos vivir separados, somos un
    sólo pueblo”, explica. En 1978, el Gobierno cubano liberó a unos 3.400
    presos políticos a instancias de activistas exiliados, entre ellos el
    banquero Bernardo Benes, y después de que Castro admitiera el gesto como
    posible al considerar que “desde nuestro punto de vista la revolución
    está totalmente consolidada”.

    Pero a muchos no les gustó y los ‘dialogueros’, como se les comenzó a
    llamar en Miami en ese entonces, comenzaron a vivir una especie de
    ‘apartheid’ social. Sin embargo, resistieron. Durante décadas no dudaron
    en salir a la calle protestando por el ambiente político, por la falta
    de tolerancia, por el acoso a que eran sometidos y exigiendo, siempre,
    un reconocimiento de su derecho a la diferencia. Fueron agredidos,
    empujados, reprimidos, pero allí siguieron. Resistiendo siempre por los
    cuatro costados contra el invasor de sus creencias.

    Miembros de ‘Alianza Martiana durante una de sus protestas.
    La ‘Alianza Martiana’, que debe su nombre al pensador cubano José Martí,
    “nació de la necesidad de unificar a varias organizaciones que, si bien
    tenían los mismo objetivos, estaban dispersas”.

    Ahora incluye a gente de otros países, como los venezolanos bolivarianos
    o los ecuatorianos. Quisimos hacer una especie de ‘Frente Popular’ que,
    si bien no tiene tradiciones en Estados Unidos, es algo conocido en
    España”, enfatiza Lesnik.

    Con los años, principalmente durante la administración de George W.
    Bush, los activistas ‘procastristas’ comenzaron a perfilar una, en
    cierto modo, agenda política que partió de una aspiración meramente
    familiar, o sea, combatir las restricciones de contactos familiares que
    Estados Unidos impuso a los cubanos, al dificultarles de sobremanera los
    viajes a su país de origen. Una lucha siempre cuesta arriba.

    “No teníamos acceso a ningún periódico, de hecho todavía no lo tenemos.
    Si acaso una entrevista puntual. Pero en el archivo del ‘Miami Herald’,
    que es el periódico de la ciudad, no hay una sola columna de opinión
    defendiendo nuestras posiciones o dándonos la palabra. Nunca hemos
    podido explicar nuestros argumentos al gran público. Por eso salíamos a
    la calle. Estuvimos totalmente aislados”, agrega.

    Autoridades policiales

    Jamás un político local se interesó por ellos porque, como explica
    Lesnik, “los políticos de Miami están alineados con la política en
    contra nuestra. Mi esperanza es que las elecciones del 2016 cambien
    esto, porque los vientos ahora soplan en contra de ellos”. Los únicos
    que se interesaron por este grupo de cubanos que rema contra la
    corriente son las autoridades policiales preocupadas por su seguridad,
    principalmente tras los atentados que Lesnik sufrió. “Tenemos una
    relación correcta con ellos, sea el FBI, la policía local, nos protegen
    de algún modo. Pero nada más”, desvela.

    Por estos días la sede de la ‘Alianza Martiana’ se encuentra mucho más
    calmada que durante las batallas de antaño. Pero sus paredes reflejan la
    lucha de esos tiempos. Fotografías, carteles, pancartas, recuerdos de
    mil batallas. Aunque los pocos activistas que allí se reúnen, bien para
    conversar o para asistir en vivo a las emisiones de la televisión de la
    isla, suelen ser dicharacheros. Siguen con los viejos hábitos de
    precaución de la semiclandestinidad. La mayoría ni habla ni quiere ser
    fotografiada. Pero siguen allí. Irreductibles y revindicados. Un poco
    más viejos.

    “Esa gente nunca entendió que el pasado sigue pasado. Lo demás es
    futuro…”, musita Lesnik, con cierta filosofía, consciente de que se
    acabaron las batallas del pasado. Se perciben tiempos de nostalgia.

    @ruiefe

    Source: Los irreductibles cubanos de Miami, procastristas rodeados por
    un mar de intolerancia | Estados Unidos | EL MUNDO –
    http://www.elmundo.es/internacional/2015/08/07/55c39eee22601d77428b45a5.html

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