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    Los perros de Eusebio Leal ladran en inglés

    Los perros de Eusebio Leal ladran en inglés
    Canelo, Sultán, Sissi, Motica o Felipe, acogidos bajo su manto
    protector, ayudan al Historiador de la Ciudad a ganar divisas
    miércoles, junio 17, 2015 | Víctor Manuel Domínguez

    LA HABANA, Cuba (Cuba Sindical) – Los perros de Eusebio Leal ladran en
    inglés. El historiador de La Habana, convertido en un empresario
    exitoso, añade a su currículo el de benefactor de los canes callejeros
    con el menos dudoso pedigrí Los demás lamen su hambre y rascan sus
    pulgas en rincones del Casco Histórico de la ciudad.

    Mientras los perros elegidos disfrutan de comidas suculentas, baños
    tibios, barberos, “paticuris”, y portan en su cuello un carnet de
    identidad, los satos dormitan o corretean con el lomo pelado, las
    costillas de fuera y los ojos vidriosos, bajos las mesas o entre los
    comensales de los cafés y restorán.

    En sitios como los cafés Bahía y París, o los restoranes La Dominica y
    el Bosque de Boloña, entre otros enclavados en la parte vieja de La
    Habana, los perros de Leal son agasajados con fotos y comidas, mientras
    los satos callejeros son corridos a gritos o con chorros de agua fuera
    del salón.

    Amores perros

    Durante la década de los años 90 los perros estuvieron casi en peligro
    de extinción. Albóndigas dudosas, croquetas con misterios, fricasés
    disfrazados y otros platos de oro en el denominado “Período
    Especial”-junto a la desaparición progresiva de los canes-, dieron mucho
    que pensar.

    La mayoría de las familias cubanas, sin nada que llevar en esa época al
    fogón, se deshicieron de sus mascotas con dolor, y un horizonte de
    perros desgreñados y hambrientos se posó en la ciudad. Nadie se
    conmovió. Había que comer para vivir y muchos cerraron los ojos ante un
    espurio chilindrón.

    Pasado el susto del Período Especial, los inescrupulosos comerciantes
    que daban gato -y perro- por liebre, buscaron nuevas fórmulas para
    lucrar. Eliminado el apartheid para el turismo nacional, y en aumento el
    procedente del exterior, muchos pusieron a los perros a jugar un nuevo rol.

    Ataviados con el traje azul, gorra y gafas de sol del equipo de béisbol
    Industriales, o con tutú de bailarinas, boinas bolcheviques o verde
    olivos, ropas de cuadro y pipa a lo Sherlock Holmes, entre otros
    disfraces, los perros ayudan a ganar divisas a sus dueños en las calles
    de la ciudad.

    El filón de un turismo internacional que no pierde la ocasión de posar
    ante los simpáticos perros, que como monos de feria son exhibidos en una
    acera un portal, o en cualquier sitio donde afluyan extranjeros, es
    aprovechado al máximo por quienes juran que el perro es el mejor amigo
    del hombre.

    Y por ahí anda el juego de Leal. Convertir en atracción turística la
    necesidad de afecto del animal. Pocos dudan que ahorita se vean
    corretear por la Plaza Vieja o la de San Francisco de Asís, una manada
    de cebras o monos, y hasta puede que aparezca un zoológico en la Habana
    colonial.

    Todo es por el bien de la recaudación de divisas en el país. No importa
    si para ello tienen que explotar, como en una telenovela jabonera, los
    lagrimales de los turistas de paso por la ciudad, que si bien aprietan
    el bolso bajo el brazo cuando pasa un cubano, adoran a los perros más
    que a Dios.

    Vida de perros

    En una de las más recientes crónica de domingo que realiza cada fin de
    semana, desde diversas ciudades del mundo, y para Cuba Visión, el
    periodista Julio Acanda y un equipo de la televisión nacional, el tema
    tratado fue la impronta cultural de los perros del Historiador de la ciudad.

    Canelo, Sultán, Sissi, Motica o Felipe, acogidos bajo el manto protector
    de Leal, casi alcanzan estatura de héroes rescatados de las pulgas, el
    abandono y los indolentes comensales por el historiador. Los elogios al
    excelente estado general de los cuadrúpedos, impidió que las cámaras
    fuera más allá.

    A dos cuadras de la escena de la televisión, en la Avenida del Puerto,
    una jauría humana le disputa cada día las sobras de comidas a su similar
    animal, ante la mirada impasible de los comunistas que cobran en
    divisas, o quienes se consideran “nuevos ricos” por prostituirse, vender
    maní o robar.

    A diferencia de la buena imagen y salud de los perros de Leal, circulan
    por los mismos escenarios de La Habana Vieja –disputándole un hueso a
    Motica o Felipe-, borrachos, indigentes, minusválidos, que pese a su
    lucha diaria por sobrevivir, no son tomados por las cámaras de la
    televisión.

    La voz de Julio Acanda, compungida y melosa, no acaricia siquiera el
    cabello de quienes como perros satos aúllan sus miserias a la luna
    frente al mar. Contrario a lo que dice un viejo refrán, los perros de
    Leal se han convertido en el peor enemigo de muchos hombres y mujeres en
    la capital.

    vicmadomingues55@gmail.com

    Source: Los perros de Eusebio Leal ladran en inglés | Cubanet –
    http://www.cubanet.org/destacados/los-perros-de-eusebio-leal-ladran-en-ingles/

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