Apartheid en Cuba
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    Como Cubana discrimina a los cubanos

    Como Cubana discrimina a los cubanos
    [15-06-2015 22:58:52]
    Julio Aleaga Pesant
    Periodista Independiente

    (www.miscelaneasdecuba.net).- La Habana. Es una historia personal, y
    ruego no se excedan los lectores en su justo pedido de objetividad,
    equilibrio o imparcialidad, características indispensables del
    periodismo. Lo que cuento me ocurrió la noche del domingo 7 de junio de
    2015, en el Il 96, de Cubana de Aviación que cubría la ruta
    Paris-Santiago de Cuba-La Habana, CU 445.
    Preví tomar ese vuelo de Santiago a La Habana, días antes. En el
    regresaba mi hijo de 12 años, luego de once meses de estudiar en la
    ciudad francesa de Toulouse. Mi objetivo era claro, sorprender al
    primogénito y comenzar las celebraciones desde su misma llegada al
    espacio aéreo nacional. Me acompañaba mi hija de once años, encantada de
    montar aviones, de volver a visitar Santiago, y reencontrarse con su
    hermano mayor.

    Aunque el CU 445, llegó a tiempo a Santiago, el despegue para la capital
    demoró unos 35 minutos. “Nada importante”. Cuando al fin se abrieron las
    puertas del salón para pasar a la pista-escalerilla-puerta trasera del
    avión, lo hicimos sin apresuramiento tratando de calcular cada paso que
    daríamos, antes de fundirnos en un abrazo con el hijo. Sin embargo, muy
    lejos estaba de comprender la tormenta que se acercaba.

    Entrando por la puerta de atrás, nos movimos con agilidad para buscar
    visualmente al adolescente, cuando nos topamos una barrera humana en la
    fila 14 de los asientos y que impedía a los cubanos acercarnos a los
    otros pasajeros.

    Cuatro fornidos hombres de seguridad aérea y Emigración y Extranjería,
    cerraban el paso de los angostos pasillos. Detrás las aeromozas y más
    atrás los sobrecargos. No perdí tiempo. Pregunte sobre un niño que
    viajaba desde París, era mi hijo y quería verlo. La única respuesta de
    los mal carados fue, no puedes pasar. Pero es mi hijo, repetí, que no
    veo desde hace un año por favor. No se puede pasar, fue nuevamente la
    respuesta. Como en todo forcejeo verbal, volverse irreconciliable es
    directamente proporcional al aumento del volumen de la discusión. Ya en
    ese estado, mi hijo supo que lo buscaba y sale corriendo para tratar de
    unirse a mí, pero fue rechazado y empujado por los “segurosos”, que
    empezaron a amenazarme con bajarme del avión, por ser el responsable de
    que no pudiera despegar.

    A todas estas los franceses y extranjeros separados de los cubanos por
    dos filas de asientos a la altura de la 13 y 14, comenzaron a voltear la
    cara hacia lo que sucedía y a expresar su enfado con lo que indicaba la
    imposibilidad de que una familia se abrazara, por la terquedad de unos
    oficiales que no permitían que los extranjeros se mezclaran con los
    cubanos dentro del avión. Algunos empezaron a manifestarse públicamente
    con lo que parecía un absurdo. Un niño de pelo largo, de una parte y su
    padre y hermana de la otra llamándose a gritos mientras un grupo de mal
    encarados, como una cerca de campo de concentración, les impedía
    franquear la distancia de medio metro.

    Decidido a bajar el tono para encontrar una solución al entuerto,
    converse con la que parecía el jefe de las aeromozas, sobre el tema y me
    sugirió que en cuanto levantar vuelo, podría ir al baño y allí en
    “tierra de nadie” podría abrazar a mi hijo. Y pronto, aun demorado, se
    llegó a un acuerdo por el cual nos podríamos reunir en las dos filas
    tierra de nadie, especie de Panmunjon aéreo, en cuanto el avión
    levantara vuelo, pero… el avión tenia desperfecto y el otrora amenazante
    capitán, ahora pedía disculpas por un retraso de media hora, que nos
    permitió ante el clima de tensión existente en la cabina, que al fin la
    familia se abrazara en medio de gestos de alegría, y el aplauso y
    aprobación de los extranjeros, que no de los cubanos que en esa
    indolencia aprendida de los comunistas, prefirieron mirar hacia otro
    lado mientras un padre luchaba por abrazar a su hijo.

    Como la rotura del avión era de mayor envergadura, hicieron bajar a
    todos los pasajeros. Primero los extranjeros, por la escalerilla
    delantera y luego los cubanos por la escalerilla trasera. Siendo
    destinados a salones diferentes. De regreso al avión, nos volvimos a
    reunir hasta la llegada a La Habana, en que fuimos separados de nuevo
    dramáticamente pues el Il 96, detuvo sus motores en el edificio 3 del
    aeropuerto José Martí, y los cubanos debimos, después que salieron los
    extranjeros, dirigirnos a un par de guaguas, que nos llevaron al
    edificio 1, ubicado a unos tres kilómetros del otro lado de la pista. De
    allí, mi hija y yo tomamos un taxi para dirigirnos a la terminal 3 a
    recoger al vástago, donde al final, ya no nos separamos más.

    Tal incidente me sugiere las siguientes preguntas. ¿Por qué es necesario
    separar a los extranjeros de los cubanos en los aviones, o en las
    terminales? ¿Siempre son los funcionarios de Cubana de Aviación
    insensibles, ante una reunificación familiar? Dos líneas de asientos
    vacíos en el avión ¿no pudieron aprovechar? ¿Dos oficiales de seguridad
    aérea, sentados en esos asientos para impedir que los cubanos se
    movieran cómodamente por el avión? ¿Somos los cubanos ladrones, parias o
    intocables? ¿Por qué los cubanos, en vuelos nacionales, no pueden salir
    por la Terminal 3, si eso facilita su incorporación a la ciudad? ¿Cuál
    es la posición del Ministro de Transporte y el Presidente del Instituto
    Cubano de Aeronáutica Civil de Cuba y el Presidente de la compañía
    Cubana de Aviación SA, sobre la segregación de los cubanos dentro de
    estos equipos propiedad del Estado cubano?

    Apuntan quienes viajan por el mundo, que en los vuelos comerciales, con
    escala, no hay diferencias entre los nativos y los extranjeros en el
    reparto de los asientos ni en las escalerillas de salida/entrada y mucho
    menos en los salones de espera. Tampoco en las terminales de desembarco.
    Cuando más en la misma terminal, están los oficiales para nacionales y
    para extranjeros, hasta en el mismo salón, solo diferenciado por un
    pequeño cartel móvil.

    Entonces, ¿Por qué, Cubana de Aviación discrimina a los cubanos en sus
    aviones?

    Source: Como Cubana discrimina a los cubanos – Misceláneas de Cuba –
    http://www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/557f3c8c3a682e09e4c2e1f3#.VX_aL_mqqko

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