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    La cerveza, Obama y la malta checa

    La cerveza, Obama y la malta checa
    La importación viene al rescate ante la caída de la producción nacional
    en un momento de aumento del turismo
    LUZ ESCOBAR, La Habana | Mayo 28, 2015

    “Dame una Obama bien fría”, le dice al camarero un joven que acaba de
    entrar en el bar. Sobre la barra, el empleado coloca un vaso y una
    botella de Presidente, una cerveza dominicana que ha llegado a la Isla
    para paliar el déficit de láguer nacional. En medio del entusiasmo por
    el anuncio del restablecimiento de relaciones entre Cuba y Estados
    Unidos, el ingenio popular ha rebautizado esta bebida con el nombre del
    inquilino de la Casa Blanca.

    La importación de cerveza está ayudando a paliar los altibajos que ha
    padecido la producción cervecera nacional en los últimos tiempos. En
    2013, en el país se fabricaron alrededor de 2,6 millones de hectolitros
    de la bebida, pero al cierre de 2014 ya se percibía un descenso a 2,57
    millones de hectolitros. Según los medios oficiales, en el primer
    trimestre del año pasado la afectación productiva se debió a una bajada
    en la materia prima, especialmente en la cebada malteada o malta de
    origen checo.

    El director general de la Empresa Mixta Bucanero S.A, Jean Stevenardt,
    declaró entonces al periódico Granma que era “justa la inquietud de los
    consumidores por el desabastecimiento” que experimentaba la bebida, pero
    aseguró que se normalizarían “las entregas del producto a la red de
    comercialización y ventas minoristas”. Más de un año después, sus
    predicciones optimistas no se han cumplido y los clientes están más
    inquietos que antes.

    Este diario visitó una docena de bares y locales de servicios
    gastronómicos en diferentes provincias, además de recoger decenas de
    opiniones que demuestran que la situación se ha ido agravando en las
    últimas semanas. Los afectados se hallan tanto en el sector de servicios
    estatales como en los locales privados y ponen en jaque a la industria
    hotelera y recreativa, que por estos días vive un repunte con el aumento
    de turistas que visitan la Isla.

    En Santiago de Cuba, la carestía del producto, en especial de las marcas
    Cristal y Bucanero, se ha hecho más crítica a medida que se acercan las
    celebraciones por el V centenario de la fundación de la ciudad. Este
    miércoles, los empleados de El Verano, perteneciente a la cadena CIMEX,
    el Club 300 o el Club Santiago, respondían como si se les preguntara por
    una especie extinta y que sólo recuerdan quienes tienen buena memoria.

    En la gasolinera de 31 y 18, en el habanero municipio Playa, la
    respuesta era un poco más esperanzadora. “No tenemos… hace rato que no
    entra ninguna de las dos, pero las estamos esperando”. En el Vedado, la
    cadena Pan.com pierde cada día decenas de clientes desilusionados por no
    poder acompañar el sándwich o la hamburguesa con algo frío y
    refrescante. “Es que los paladares se las llevan por cajas, la demanda
    ha aumentado muchísimo y no dura nada la cerveza”, explicó una empleada
    del local enclavado en la calle 17 esquina a 10 de esa céntrica barriada.

    Para aminorar la carencia de la fría nacional, el Estado ha reactivado
    la importación de cervezas de países como México, República Dominicana,
    España o Portugal. A las marcas extranjeras que tradicionalmente se
    comercializan en el mercado en divisas –Bavaria, Heineken, Corona y
    Becks– se le suman ahora Sol, Mahou y la Presidente rebautizada como
    “Obama”. Los precios son superiores a las nacionales, pero el déficit
    deja pocas opciones.

    La familia de Maikel y Laura lleva años ahorrando para celebrar la
    fiesta de quince a su hija y, ahora que están comprando las provisiones
    para el festejo, ven cómo desaparece la cerveza. “Tendremos que comprar
    las que quedan, que son caras y no tan aceptadas en cuanto a sabor”
    ?explica el padre de la cumpleañera? “pero no se trata solo de dinero,
    sino de encontrar dónde hay cerveza, que es lo más difícil ahora mismo”,
    confiesa preocupado.

    Cuba sigue siendo un país donde tomarse una cerveza es algo que un
    trabajador promedio no puede permitirse con frecuencia, porque una de
    ellas le puede costar hasta el salario de toda una jornada. La imagen de
    los obreros sudorosos saliendo de la fábrica y bebiendo hasta el fondo
    de sus espumosas jarras, no es una estampa típica de nuestros bares. El
    placer se reserva para una ocasión especial, para los nuevos ricos, los
    turistas de paso por la Isla o la gente que tiene alguna entrada
    sustanciosa y paralela a sus salarios.

    El hecho de que la cerveza se considere un lujo inalcanzable para
    muchos, provoca que algunos tengan cierto pudor de quejarse por su
    escasez. “Hay gente que cree que tomarse una fría es una ostentación,
    pero con este calor debería ser un derecho humano”, comenta Luis, un
    electricista que tiene un empleo estatal pero hace también algunos
    “trabajitos por la izquierda”. Con cerca de sesenta años, es consumidor
    frecuente de Cristal y la considera una cerveza “con alma, excelente
    sabor y preferida de todos”. No en balde, la marca alcanzó en 2007 la
    Medalla de Oro en la Feria Internacional Monde-Selection.

    ¿Quién tiene la culpa?

    La discusión que acalora a muchos es si falta cerveza por un aumento de
    la demanda o el talón de Aquiles se encuentra en la productividad. La
    prensa oficial ha dirigido en varias ocasiones el dedo acusador hacia
    los acaparadores y los dueños de restaurantes privados que “vigilan” los
    lugares donde venden el producto y adquieren grandes cantidades cuando
    sale a la venta.

    La ausencia de un mercado mayorista que suministre alimentos, bebidas y
    licores al sector privado, obliga a los paladares y cafeterías por
    cuenta propia a comprar en la misma cadena minorista donde el resto de
    la población adquiere productos para el consumo doméstico.

    La principal instalación productiva de la Empresa Mixta Bucanero S.A
    responde a este diario que la fábrica estuvo cerrada un tiempo por
    desabastecimiento, “pero ahora ya estamos funcionando y esperamos que se
    resuelva el problema pronto”. La misma respuesta que daba el pasado año
    su principal directivo, sin aclarar si las carencias se deben a falta de
    dinero para comprar la malta checa, retraso en el transporte o
    desorganización a la hora de planificar los ciclos productivos.

    En el gran mercado de las calles 3ra y 70 en Playa, una clienta
    desesperada preguntaba a una empleada si tenía cerveza nacional. Tras el
    “no” rotundo, la mujer insistía en saber qué día llegaría el producto.
    “No, eso no tiene día fijo, es cuando el proveedor las traiga y se
    acaban rápido porque la demanda es mucha”, respondía la empleada. Es la
    contestación que invariablemente dan los trabajadores del sector estatal
    cuando se pregunta la razón del desabastecimiento.

    “En cualquier otro país los productores estarían contentos con el
    aumento de la demanda y lo que harían sería producir más y diversificar
    las ofertas”, aclara Mijaíl, que trabaja como barman en un local de la
    Habana Vieja. “Pero aquí, llaman a los clientes a que no compren
    tanto… esta película está al revés”, sentencia mientras sirve una
    Bavaria a un desilusionado turista que había venido buscando una cerveza
    nacional.

    Source: La cerveza, Obama y la malta checa –
    http://www.14ymedio.com/reportajes/cerveza-Obama-malta-checa_0_1787221267.html

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