Apartheid en Cuba
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    Salubridad como instrumento dictatorial

    Salubridad como instrumento dictatorial
    La utilización de la salud como herramienta de subversión, en el caso
    cubano, es tan vieja como la duración de su dominio dictatorial de más
    de 55 años
    Julio M. Shiling, Miami | 04/11/2014 1:07 pm

    La dictadura de La Habana no pierde una oportunidad de sacar provecho de
    una desgracia. Cuando se trata, sobre todo, de algo que tiene que ver
    con la salubridad, los Goebbels caribeños se ponen extáticos y son más
    ingeniosos y cínicos en su maquinación. Era de esperar, al reaparecer el
    rostro atroz del ébola sobre el occidente de África, que el despotismo
    cubano aprovecharía los azotes dramáticos de este mal para capitalizar
    con otro espectáculo mediático más.
    La utilización de la salud como herramienta de subversión, en el caso
    cubano, es tan vieja como la duración de su dominio dictatorial de más
    de medio siglo y cinco años. El cuidado médico, desde 1959, ha sido un
    instrumento político del Estado comunista. Este hecho ha tenido dos
    propósitos fundamentales. Uno ha sido la búsqueda de la legitimación.
    Cualquier régimen que monopoliza el poder político, coarta libertades
    básicas y controla los detalles de la cotidianidad de sus ciudadanos tan
    minuciosamente, tiene un largo espacio que brincar para adquirir
    credibilidad de los países civilizados del mundo. La mitificación de la
    medicina en Cuba ha servido de puente para excusar el despotismo.
    La segunda finalidad de la fabricada salubridad castrocomunista ha sido
    para un uso comercial. En otras palabras, el sistema de salud en Cuba
    comunista ha sido tramado para propiciarle al poder político dictatorial
    dinero y mucho del mismo, en adición de servir para la validación de su
    modelo no-democrático. La salubridad en Cuba es, inequívocamente, un
    negocio muy lucrativo. Esto ha sido una forma genial y perversa de
    disfrazar un variante de la trata de personas, en la modernidad, con un
    rostro “humano”.
    Esta tarea de encandilar canallescamente a gran parte del mundo,
    presentando a Cuba comunista como una “potencia médica” que sirve
    “desinteresadamente” a la humanidad, ha sido posible, no por la
    brillantez de sus propagandistas, sino por la ignorancia de una parte de
    los hombres libres y el papel de incautos que han jugado. La clase
    política en las democracias ha sido particularmente negligente en este
    aspecto. ¿Cómo es que el castrocomunismo ha logrado esta hazaña? ¿Cuál
    ha sido la metodología empleada? Podemos concluir que el formulario
    castrista para engañar a parte del planeta, ha reposado sobre tres
    partituras insidiosas.
    La primera pieza de esta campaña sucia ha consistido en deconstruir la
    realidad de la salubridad cubana, previa a la implantación del comunismo
    en la Isla. La dictadura ha concretado este malabarismo informático
    mintiendo y descontextualizando los hechos del cuidado de salud en Cuba
    republicana. Podría citar cifras y datos provenientes de fuentes
    connotadas como las de la ONU que avalan la alta calidad de la
    salubridad en Cuba antes de la desgracia comunista. Datos e información,
    habría que añadir, completamente accesible a todo el mundo (libre). Para
    delimitar un punto, sin embargo, me limitaré a mencionar sólo el caso de
    la mortalidad infantil en un análisis breve comparativo. La mortalidad
    infantil es un indicador bastante aceptable para medir el progreso de la
    salud pública de un país. La dictadura castrista le encante usarla. En
    efecto, la mortalidad infantil relata el número de niños nacidos que no
    llegan a cumplir el primer año por cada mil nacimientos. En 1958, Cuba
    tenía 32 casos de niños nacidos por millar que no llegaban a sobrevivir
    el primer año. En 2014, esa figura se registra en Cuba de ser sólo 5
    casos. ¿Gran progreso, no? Bueno, no exactamente. Esto es un hecho sobre
    todo si se le da una lectura comparativa y se toma en cuenta el tiempo.
    Italia en 1958 tenía una mortalidad infantil de 50 por cada mil y en
    2014 la logró bajar a 3. Japón hace 56 años (en 1958) reflejaba una
    cifra de 40 muertes por cada mil y en 2014 el número es de 2. Francia
    contaba con 34 casos que para el año que corre (2014) logró bajar la
    figura a 3. Todos estos casos (Italia, Japón y Francia) tenían tasas de
    mortalidad infantil más altas que Cuba (podríamos citar muchos otros
    países más también). Todos lograron mejorar la salubridad pública y
    superaron a Cuba. Y todo esto lo hicieron sin la necesidad de instaurar
    una bestial tiranía. Cuba ha tenido un retroceso cualitativo, cuando se
    mide su nivel de progreso en valorización del tiempo. La falsificación
    de la realidad médica de Cuba pre-comunista ha sido uno de los fraudes
    más olímpicos del despotismo cubano.
    El otro compartimiento del baúl del engaño que utiliza el régimen
    castrista es intentar ocultar el apartheid médico que ha existido desde
    1959 y que existe hasta este día en Cuba. La diatriba de la igualación
    está en una contradicción groso con la política oficial de facto de
    haber construido dos sistemas de salud. Uno ha sido para la alta élite
    de la dictadura, sus secuaces internacionalistas y extranjeros que pagan
    por los servicios en moneda dura. El otro es para el resto del pueblo
    cubano.
    La tercera pata de esta troika engañosa es la de enmascarar la
    producción de médicos con el disfraz de un “humanismo” inexistente,
    cuando el fin verdadero es el negocio y el lucro. Actualmente, al
    régimen le entran cerca de $9 mil millones al año por su gesta comercial
    de arrendar los servicios médicos de cubanos, pagándoles a estos
    trabajadores solo una fracción y rapiñándoles la mayor parte.
    La producción en masa de médicos, como alardea la dictadura de haber
    logrado, es un despilfarro de recursos. Ningún proyecto racional y
    sensato podría recetar un curso como el seguido por el castrocomunismo.
    Desde su inicio, la mala e ineficiente distribución del capital humano
    en Cuba, sí ha obedecido un fin económico, aunque parecería esto una
    locura más del régimen.
    El enfoque exagerado de producir médicos y trabajadores de la salud, no
    fue concebido para propósitos altruistas. Sí ha servido objetivos
    propagandísticos, como hemos sostenido. Sin embargo, el hecho de que el
    tráfico de los servicios médicos a terceros países sea una de las
    fuentes principales de ingreso de la dictadura, corrobora este
    fundamento. Son intereses que han convergido. La fábrica de médicos y
    proveedores de servicios de salud, fue diseñado para inflar, tanto las
    arcas financieras de la dictadura cubana, como los números huecos
    propagandísticos en estadísticas de galenos graduados en un país donde
    el ciudadano no tiene acceso ni a una aspirina.
    Nigeria, gracias a Dios, pudo resolver el problema del ébola. Su
    gobierno adoptó una política sensata de cuidado médico y cuarentena y le
    dio crédito principalmente a tres organizaciones no-gubernamentales
    (ONG´s) por su colaboración. ONE, Save the Children (“Salvar a los
    Niños”) y Médicos sin Fronteras son las tres ONG´s que impactaron la
    salubridad favorablemente en el caso nigeriano. Ninguna de estas forma
    parte de ningún gobierno y menos de una dictadura. No vimos la fanfarria
    mediática enfocadas en estas organizaciones, que cumpliendo un verdadero
    servicio abnegado, lograron salvar vidas sin las presiones de una
    tiranía. ONE es un proyecto cofundada por el cantante Bono. Save the
    Children es una ONG privada con su oficina central en EEUU. Médicos sin
    Fronteras, también con filiales internacional en doquier, proviene de
    Francia. Estas ONG´s están compuestas por voluntarios que sirven a la
    humanidad sin discursos políticos o eslóganes hipócritas. A estos sí hay
    que aplaudir. Los “brigadistas internacionalistas” que la Cuba actual
    envía al occidente de África, son meros peones que un régimen
    dictatorial e inhumano explota y expropia para limpiar su imagen y
    abultar sus finanzas.

    Source: Salubridad como instrumento dictatorial – Artículos – Opinión –
    Cuba Encuentro –
    http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/salubridad-como-instrumento-dictatorial-320782

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