Apartheid en Cuba
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    Usted no puede pasar

    Usted no puede pasar
    A pesar de las modificaciones legales, los cubanos siguen siendo
    segregados de los extranjeros de forma cotidianana
    ROSA LÓPEZ, La Habana | Agosto 27, 2014

    “Usted no puede pasar”, dice tajantemente el portero a un joven mientras
    le indica que se aparte de la puerta. Cuando el afectado protesta,
    recibe como explicación que en ese concurrido club habanero “se prohíbe
    entrar en short”. Un cartel colocado en la entrada advierte que el lugar
    “se reserva el derecho de admisión”.

    La historia se repite en muchos otros lugares de La Habana. El céntrico
    cine Charles Chaplin muestra un cartel con algunas restricciones de
    entrada. Cuando se le pregunta a una empleada si las normas han sido
    dictadas por un organismo superior contesta: “No, no. La administración
    es la encargada, no hay una ley. Nosotros somos los que decidimos”. Y
    agrega: “No se permiten personas sin camisa, ni en chancletas, ni con
    comportamientos indebidos”. No es raro ver, sin embargo, cómo para los
    extranjeros las reglas son más flexibles. Un italiano con un diminuto
    short –que se confunde con un traje de baño– se pasea por el lobby sin
    ser expulsado.

    En el año 2010, el cine Chaplin impidió la entrada a un grupo de
    personas que intentaban asistir al estreno del documental Revolution
    sobre el grupo de hip-hop Los Aldeanos. Algunos de aquellos ciudadanos
    elaboraron una demanda jurídica contra la entidad al considerar que la
    segregación se debía a causas ideológicas, pues se trataba de
    activistas, bloggers y músicos de la escena disidente, pero no prosperó
    en los tribunales.

    Años después, el céntrico cine muestra aún un cartel con algunas
    restricciones de entrada.
    Bienvenidos los cubanos, pero…

    En 2008, una de las primeras medidas tomadas por Raúl Castro al asumir
    el poder fue permitir el acceso de los cubanos a las instalaciones
    hoteleras. Según el General Presidente tal decisión pretendía evitar que
    surgieran “nuevas desigualdades”. No obstante los nacionales todavía no
    logran disfrutar de todos los espacios recreativos del país. Las
    embarcaciones que recorren el litoral, las marinas enclavadas en partes
    de nuestras costas y algunos cayos, aún no admiten la entrada de los
    cubanos residentes en el territorio que los vio nacer.

    Por la Bahía de Cienfuegos navega un barco de recreo que no transporta
    cubanos para que disfruten de la excursión. El motivo, según alegan
    varios trabajadores del atracadero, es el temor a que la embarcación
    pueda ser secuestrada en un intento ilegal de salida del país. El
    argumento revela el drama de la emigración, pero también la existencia
    aún de un apartheid que hace de los nacidos en esta tierra ciudadanos de
    segunda categoría. La medida va también contra la Constitución cubana
    que garantiza, en su artículo 43, a todos los ciudadanos el derecho a
    usar “sin separaciones, los transportes marítimos, ferroviarios, aéreos
    y automotores”.

    Hasta el momento no existen directrices a nivel nacional que justifiquen
    tales procedimientos de segregación, sobre todo en instalaciones del
    Estado, donde lo establecido debe estar amparado por la legislación. A
    las afueras del Pepitos Bar, ubicado en la céntrica avenida 26, hay un
    cartel que demuestra el uso y abuso del derecho de admisión. “Son reglas
    impuestas por la administración”, refiere un trabajador del centro que
    no accede a revelar su nombre.

    El Código Penal vigente establece privación de libertad de uno a tres
    años o multa de 300.000 cuotas al funcionario que se exceda
    arbitrariamente en los límites legales de su competencia. Sin embargo,
    ninguno de los juristas consultados por este diario ha podido recordar
    un juicio contra algún administrador o director de un centro público por
    irregularidades en el “derecho de admisión”.

    Las “normas de la casa” que rigen en algunos sitios públicos en Cuba van
    en contra incluso de la propia Declaración Universal de los Derechos
    Humanos. Según su artículo 13 “toda persona tiene derecho a circular
    libremente” y también añade en el artículo 27 que cada ciudadano “tiene
    derecho a formar parte libremente de la vida cultural de la comunidad”.

    El abogado Wilfredo Vallín, director de la Asociación Jurídica de Cuba,
    publicó un artículo en el sitio Primavera Digital en el que asegura que
    “perseguir, al extremo de no permitir, el acceso de lugares públicos a
    personas que se comportan correctamente, que no alteran el orden, que no
    se meten con nadie, constituyen ilegalidades”.

    En varios restaurantes estatales de la calle Obispo se prohíbe a los
    nacionales entrar a conversar con los turistas. La administración se
    atribuye el derecho de sacar del establecimiento al que así lo haga bajo
    el pretexto de que molesta al cliente extranjero. Sin embargo, se
    desconocen casos de amonestación verbal o expulsión a turistas foráneos
    por acoso en sus insinuaciones o propuestas a un cubano o a una cubana.
    Tener un pasaporte de otro país parece ser patente de corso en estas
    situaciones.

    Source: Usted no puede pasar –
    http://www.14ymedio.com/reportajes/Usted-puede-pasar_0_1622837704.html

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