Apartheid en Cuba
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    Dos Mandela para los cubanos

    Dos Mandela para los cubanos
    Jueves, Diciembre 12, 2013 | Por Manuel Cuesta Morúa

    MIAMI, diciembre, www.cubanet.org – A muchos cubanos demócratas nos
    falta altura de miras y humildad, digamos que cristiana, en momentos
    cruciales y significativos. Eso incluye a quien escribe. No colocarnos
    por encima de nuestra propia y accidentada biografía nacional, y del mal
    humor que nos provoca la historia y cierta indiferencia mundial, se
    traduce a menudo en la ausencia de empatía, justo cuando el resto del
    mundo detiene sus diferencias y recuerda una de las dos cosas que nos
    hace comunes: la muerte.

    Eso nos pasó con el fallecimiento de Nelson Mandela. Madiba, que es el
    nombre del clan al que perteneció y el de uno de sus jefes en el siglo
    XIX, es un hombre global en el mejor sentido: en el de los valores que
    su vida expresa y representa. Entender eso es esencial, no para calar su
    estatura, sino para medir la nuestra. Porque solo se entiende el tamaño
    de nuestra lucha si le damos perspectiva a la mirada que damos a los
    acontecimientos que nos rodean, y solo se nos devuelve la sensibilidad
    que somos capaces de proporcionar a los demás.

    En algunos lugares de la cubanía hemos perdido la perspectiva y la
    sensibilidad respecto a Nelson Mandela. En tiempos diferentes. Murió uno
    de los pocos hombres del siglo XX inscritos en la saga de los grandes de
    la historia y se nos ocurre, libertad de expresión mediante, criticarlo
    por un pecado típico, normal en los quehaceres de la política. Aliarse
    con quien no debemos, entregar la amistad a personas nada honorables,
    abrazar causas a la larga indefendibles, dar crédito a auténticos
    farsantes o apostar por las personas indebidas son actos tan cotidianos
    que nunca deberían hacer palidecer la virtud inscrita en el error mismo.

    Si Mandela hizo todo esto con Fidel Castro, que no con la llamada
    Revolución Cubana —habría pocas pruebas de la emoción de Madiba por el
    régimen mismo— sería bueno no perder de vista uno de esos rasgos casi
    exóticos por estas fechas: la lealtad. Mandela fue leal con todos los
    que le apoyaron. Revelando lo más destacable en cualquier persona: el
    carácter. ¿Recuerdan lo que decía otro de los grandes? Martin Luther
    King nos dejó esta idea maravillosa: la de soñar con el día en que los
    hombres fueran juzgados no por el color de su piel sino por su carácter.
    Y en la lealtad se juzga, además del carácter. la confiabilidad: un
    rasgo derivado que nos permite ver lo más fundamental en personas
    públicas: la integridad.

    Yo me sentiría bien junto a una persona que errara por aquellas
    virtudes. Sobre todo porque todos hemos prohijado a nuestro propio hijo
    de p… Sin embargo, Mandela, y esto parece que se sabe poco, hizo unas
    cuantas cosas a favor de nosotros.

    En 1997, cuando el llamado Juicio de los 4, por el que fueron condenados
    a cinco años de cárcel Marta Beatriz Roque Cabello, Vladimiro Roca
    Antúnez, Félix Bonne Carcases y Rene Gómez Manzano, el gobierno
    sudafricano envió a su embajador como observador del juicio, algo que no
    hicieron muchas de las democracias occidentales con representación en La
    Habana. Por otro lado, uno de sus representantes diplomáticos, de nombre
    políticamente impronunciable para los demócratas, Lenin, recibía
    abiertamente a los disidentes en la embajada y brindaba discretos apoyos
    a quienes les brindaba confianza. Ya fuera del poder formal, Mandela
    supo criticar a su amigo por la represión de la mal llamada Primavera
    Negra e interceder específicamente por una de sus víctimas: el poeta y
    periodista Raúl Rivero.

    Fueron estos antecedentes los que llevaron a que dos años después, con
    la celebración en mayo del 2005 de la Asamblea para Promover la Sociedad
    Civil, que lideraba Marta Beatriz Roque, una representación sudafricana
    estuviera discretamente entre los diplomáticos que entonces asistieron
    al encuentro como observadores.

    De hecho se decía en corrillos políticos, ya esto sí no me consta, que
    estos hechos llevaron a un enfriamiento de las relaciones entre Mandela
    y Castro —el alto— que nunca más se calentaría, y que postergaría para
    nunca jamás una visita programada de este último al líder sudafricano.

    Por estas y otras razones hay dos Mandela para los cubanos de la isla:
    el líder africano, el hombre contra el racismo del Apartheid, que
    curiosamente no tenía un discurso racial, y el líder por descubrir,
    profundamente auténtico y comprometido con la libertad por razones que
    tienen que ver más con el carácter: la dignidad humana, que con el
    ejercicio de determinados derechos.

    Una mirada angular a imágenes poliédricas puede hacernos perder otros
    rostros empastados en la personalidad de un hombre ciertamente
    referencial. Por muy poco alumbrado que esté uno de esos rostros, allí
    aparece para revelarnos la integridad del carácter de un hombre que
    cometió errores políticos, como él mismo reveló en su autobiografía,
    pero ninguno de orden moral.

    Y, en cuanto a nosotros, no debería darnos el lujo de que la gente se
    pregunte, el día de la encuesta de percepción sobre la vida de Mandela,
    de qué pasta estamos hechos los cubanos, incapaces de hacer el balance
    de uno de los muertos más respetables del mundo.

    Source: “Dos Mandela para los cubanos | Cubanet” –
    http://www.cubanet.org/?p=54684

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