Apartheid en Cuba
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    Ser como el Che

    Ser como el Che

    Juan Carlos Linares Balmaseda

    3 de octubre de 2012

    La Habana, Cuba – www.PayoLibre.com – ¿Quieren los padres cubanos que

    sus hijos sean como el Che? En lo que respecta a disfrutar de una

    ciudadanía argentina, sí quisieran la codiciada similitud. Pero para

    nada que sus hijos sean como esa imagen apocalíptica que se vende aquí

    de guerrillero aventurero, tirando tiros, huye por las selvas e

    intentando fraguar planes comunistas como el que nos acongoja hoy a los

    cubanos.

    Cuando los niños cubanos en todas las escuelas del país son compulsados

    a repetir el mantra "Seremos como el Che", no es de extrañar que ocurran

    razonamientos deformados en las nuevas generaciones.

    En Cuba los programas de instrucción escolar, a parir de 1959, destacan

    una historia patria relacionada con "héroes, mártires y gestas de

    liberación nacional" que en mayor o menor medida mitifican la violencia.

    Lamentablemente, se destacan menos los personajes "no-revolucionarios"

    con vidas modestas y económicamente productivas y las personalidades

    políticas de conducta cívica.

    La pedagogía "revolucionaria" es una repetida secuencia de batallas,

    sabotajes, manifestaciones sangrientas, enlazadas artificialmente con la

    ideología imperante. Es el resultado del culto exacerbado a la máxima

    autoridad y que gravita como instrumento único y justificado del orden

    social. Cuando debería ser al revés: mantener bien informado a los

    cubanos sobre lo que acontece en su entorno, y apagar la violenta

    campaña ideológica oficialista. Bajo ese signo creció el joven de 17

    años Ángel Castro Carrera.

    Ángel se siente frustrado como persona. Cursaba el primer año de la

    secundaria básica en la escuela "Héroes de Yaguajay", cuando con 13 años

    fue acusado de mala conducta y terminó internado en un centro

    correccional para menores.

    Se machaca a los niños con frases como "Los derechos se conquistan con

    el filo del machete". Y los dibujos animados del mambí Elpidio Valdez

    macheteando a los enemigos colonialistas españoles lo confirma, haciendo

    impronta en las conciencias desde muy corta edad.

    Sometido a un régimen de prisión, casi dos meses después sale en

    libertad. Al retornar a su secundaria, emprende en el deporte de lucha

    libre, y logra buenos resultados en competiciones nacionales. No

    obstante, le niegan el ingreso a la escuela de deportes, porque su

    pasado desentonaba con la ideología estatal.

    Poco después, a causa de una riña, se hallaría acusado de provocar

    lesiones a otro joven, y acabó preso nuevamente. Esta vez lo encerraron

    en la Escuela de Formación Integral José Martí (eufemismo para la

    prisión juvenil conocida como El Combinadito, por estar próxima a la

    prisión para adultos Combinado del Este).

    Ángel recibió un nuevo tratamiento. Delante de la madre, las autoridades

    penitenciarias, le pintaron un ambiente ideal donde se "reeducaría", y

    que se preocuparían por él. Al pasar los días descubrió la dura

    realidad: el mismo día que cumplió 15 años lo castigaron a permanecer

    sentado todo el día en una silla, todo porque reclamó un pase para ver a

    su familia. Además, todos eran obligados a ver el Noticiero Nacional de

    la Televisión (programación de adoctrinamiento oficialista).

    Otra de las sanciones consistía en arrojarlos a una celda de castigo,

    tan reducida que prácticamente había que permanecer de rodillas, con un

    calor asfixiante durante el verano y en invierno reinaba un frío sepulcral.

    Muchas veces los guardias golpean a los jóvenes si los atrapan fumando.

    Los cigarros eran la moneda de cambio, cosa similar que en las demás

    cárceles. Y los cigarros los introducían por la puerta principal de la

    prisión, contrabandeado entre guardias y reclusos.

    A los adolescentes allí no se les incentiva el hábito por la lectura, o

    digamos no se les posibilita capacitación en la especialidad de la

    computación. Ni siquiera las normas de educación formal, sencillamente

    porque a los guardias no les interesa educarlos o porque desconocen ese

    método de enseñanza. Se limitan a imponer disciplina por la fuerza a los

    jóvenes entre 11 y 18 años.

    Ya en la calle, Ángel siente la presión de un apartheid sobre él. No

    cree que se deba sólo por lo de ex-convicto, sino porque piensa en

    términos políticos. Proclama que los jóvenes deben tomar responsabilidad

    en los cambios que necesita Cuba.

    No quiere emigrar del país y desea que las autoridades sean electas por

    el pueblo y no como ha sido hasta el presente. Se lamenta de no haber

    actuado así de mucho antes. "Mi vida habría sido otra. Ahora lucho

    contra la hipocresía del gobierno, soy un opositor y pertenezco al

    Partido Neocatólico", confirma.

    Y precisamente, una gigantesca hipocresía es forzar a los niños a corear

    "ser como el Che" cuando los hijos del creador de la consigna (y los

    demás dirigentes históricos que siguen la rima) únicamente han sido

    "hijos de papá".

    http://payolibre.com/articulos/articulos2.php?id=5269

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