Apartheid en Cuba
claroquesi
We run various sites in defense of human rights and need support in paying for servers. Thank you.
logo01
logo02
logo
Archives
Recent Comments

    Cuba: sesenta años de dictadura

    Cuba: sesenta años de dictadura
    Viernes, Marzo 9, 2012 | Por Alberto Méndez Castelló

    PUERTO PADRE, Cuba, marzo, www.cubanet.org – Inaudito, pero por
    increíble que parezca, no deja de ser cierto: este sábado los cubanos
    cumplimos 60 años de dictadura ininterrumpida. Seis años, 9 meses y 21
    días en manos del dictador Fulgencio Batista y 53 años bajo la…
    "dictadura del proletariado".

    Sólo quienes hemos vivido esta experiencia conocemos la agresión que
    representa cualquier tiranía a la libertada individual, por lo que
    asombra que quienes siempre vivieron en democracia, o incluso bajo
    dictaduras de derecha, se empeñen en idealizar las dictaduras comunistas.

    Según Fidel Castro en su discurso del 2 de enero de 1965, pronunciado en
    ocasión del sexto aniversario de la caída de la dictadura de Fulgencio
    Batista, el socialismo es una etapa de tránsito que políticamente se
    caracteriza por ser la dictadura del proletariado.

    Con tantas detenciones por motivos políticos ocurridas por estos días y
    durante más de medio siglo, con los apedreamientos a opositores por
    turbas conducidas, incluso, con la negación a los disidentes de las
    ocupaciones más primarias del ser humano, porque quienes disienten en
    Cuba no pueden poseer ni una simple escopeta de caza, un bote para ir de
    pesca, ni mucho menos obtener una parcela para labrar la tierra, cabe
    preguntarse: ¿El tránsito de la dictadura del proletariado en Cuba es en
    retroceso al feudalismo?

    En aquel discurso de 1965, Fidel Castro se preguntaba: "¿Acaso el
    concepto de dictadura del proletariado está en contradicción con el
    concepto de democracia?", y respondió "No".

    Por los crímenes de Stalin, el pueblo cautivo de Cuba o los tanques en
    la Plaza Tiananmen la pregunta debió ser: ¿Acaso la dictadura del
    proletariado actúa diferente a cualquier otra dictadura?

    A propósito de la tiranía de Batista y lo que esta podría significar
    para Cuba y América, el 15 de mayo de 1958, el entonces presidente del
    Colegio de Abogados de Cuba, doctor José Miró Cardona expresó en una
    conferencia de juristas del estado de Florida:

    "No vengo a esta reunión a plantear problemas políticos de mi país. Esas
    cuestiones deben quedar encerradas en las fronteras de la nación; pero
    los hechos que vienen sucediéndose en Cuba en violación reiterada de los
    derechos humanos, desbordan los cauces de lo estrictamente político para
    afectar las bases de la nacionalidad y poner en peligro la esencia de la
    democracia occidental en todo el continente americano. Existe en mi país
    una dictadura férrea que, como toda dictadura, es el caldo de cultivo
    para que germine y fructifique la simiente del comunismo, que niega a
    Dios, a la patria y a la familia".

    Sabemos cómo el primero de enero de 1959 fructificó en Cuba la semilla
    de la dictadura del 10 de marzo de 1952 y cómo desde ese mismo año se
    esparció por Latinoamérica, donde todavía hoy produce muertos,
    secuestros y querellas. No es fortuita la ausencia de Cuba en la Cumbre
    de las Américas ni la presencia en La Habana del presidente de Colombia
    esta semana.

    También es conocido a dónde en la isla fueron a parar Dios, la patria y
    la familia mientras existió la Unión Soviética; raíz, tronco y follaje
    de esa simiente.

    Con todo, es útil establecer algunas analogías por aquello de que no
    significa lo mismo dictadura del proletariado que dictadura de camarilla.

    La dictadura de Fulgencio Batista, nacida el lunes 10 de marzo de 1952,
    empleó 24 días para derogar la Constitución de la República y establecer
    sus propios estatutos el viernes 4 de abril de 1952.

    La dictadura del proletariado, que entonces no se dijo tal –se
    autoproclamaba movimiento revolucionario encargado de echar al dictador
    y restablecer el orden constitucional- empleó 37 días, no para
    reinstaurar la Constitución, sino para echarla abajo y promulgar una
    nueva Ley Fundamental el 7 de febrero de 1959, suprimiendo todo el
    articulado referente a los procesos electorales.

    Y… ¡qué coincidencia!, la dictadura del proletariado reprodujo casi
    literalmente en el artículo 232 de su Ley Fundamental el artículo 257 de
    los Estatutos del Viernes de Dolores, rubricados por el dictador
    Fulgencio Batista.

    De un plumazo suprimían, tanto una dictadura como la otra, el Inciso a
    del artículo 285 de la Constitución de 1940, con lo cual el gobernante
    de turno y su Consejo de Ministros podían modificar los comicios a
    conveniencia, y no como establecía la carta magna de 1940, sólo mediante
    referendo a propuesta de no menos de 100,000 electores.

    Como en la década de los años 50 del pasado siglo, cuando la dictadura
    de Batista fue renuente al diálogo con la oposición en la sociedad
    civil, la llamada dictadura del proletariado hoy se mantiene reacia a
    escuchar opiniones discrepantes, sometiendo a sus oponentes a un estado
    de segregación sólo equivalente al apartheid sudafricano.

    También como en aquella época, aunque todos los partidos políticos
    buscan el mismo fin, que es conseguir finalmente la tan añorada
    democracia, también hoy enfrentan el totalitarismo, como antes
    enfrentaron la dictadura de Batista, sin la imprescindible unión
    estratégica.

    La prensa independiente crea estados de opinión y ejerce influencia
    positiva en el pueblo, pero como en ninguna otra dictadura, hoy está
    amordazada dentro de la isla como jamás en su historia.

    Como tampoco nunca lo estuvieron, hoy la mayoría de los intelectuales
    cubanos, conciencia cívica de la nación, hartos de mecenazgos o muertos
    de miedo, permanecen callados, aunados al discurso oficial o, si acaso,
    recitando parábolas y verbos.

    Solo un grupo de la sociedad civil, las Damas de Blanco, están a la
    vista dentro de la isla y dada su capacidad de crecer cualitativa y
    cuantitativamente, quizás logre la posibilidad de que el pueblo cubano
    despierte de su letargo, orientando así su capacidad cívica a destinos
    más elevados.

    El papel de la Iglesia católica, en tanto el régimen no acepta
    contraparte, tiene más utilidad como plantadora de valores morales que
    como mediadora en una mesa donde solo existe una silla.

    En definitiva, Cuba continuará siendo o dejará de ser lo que su pueblo,
    tanto dentro como fuera de la isla, se lo proponga en el momento que
    decida ejercitar sus derechos, aunque parezca increíble que solo dos
    hombres –Fulgencio Batista y Fidel Castro- han sido los que han
    administrado sus sueños durante 60 años.

    http://www.cubanet.org/articulos/cuba-sesenta-anos-de-dictadura/

    Tags: , , , ,

    Leave a Reply

    Your email address will not be published. Required fields are marked *