Apartheid en Cuba
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    DERROTEROS PREVISIBLES

    DERROTEROS PREVISIBLES
    Jorge Olivera Castillo
    12 de junio de 2007

    La Habana – bitacoracubana – El Partido Socialista Obrero Español
    (PSOE), ha sido consecuente con su actuar respecto a Cuba. Su actual
    negativa a liderar o sumarse a una política de presiones como respuesta
    a la flagrante y sistemática violación de los derechos humanos en la
    isla, subraya un estilo que cobró vigencia en el mandato de Felipe
    González, quien en sus 14 años al frente del ejecutivo español, mantuvo
    si no excelentes, sí normales relaciones tanto a nivel personal, en el
    caso de Fidel Castro, como con el resto de la nomenclatura del Partido
    Comunista Cubano.

    Aunque hubo periodos de tensiones, nunca la ruptura fue algo a valorar
    como un hecho probable. Todos los desencuentros no pasaron de meros
    ejercicios retóricos o expresiones tamizadas con el velo de la diplomacia.

    A menudo se esgrime por avezados analistas, la vinculación cultural e
    histórica entre ambos países, a razón del largo período de coloniaje
    peninsular sobre gran parte de América. Cuba fue la última colonia que
    obtuvo la independencia.

    Los conquistadores ibéricos se negaban a aceptar la perdida de una isla
    donde ya se había establecido una gran cantidad de españoles, quienes
    fundaron familias, enraizaron costumbres y forjaron parte de la
    identidad nacional.

    Finalmente en 1898, tras una guerra de más de15 años donde participaron
    españoles, contra criollos y descendientes de esclavos africanos traídos
    a la fuerza como mano de obra barata, España firmaba la capitulación
    ante las tropas norteamericanas que intervenían para sellar una guerra
    que había dejado a Cuba devastada, sin recursos, ni potencialidades
    humanas para encauzar al país por la senda del desarrollo.

    Esto contribuyó a crear en el imaginario español, una sensación de
    resentimiento y rechazo hacia el nuevo poder que surgía en el Norte a
    expensas de un salto cualitativo en la visión del mundo. Es decir las
    libertades ciudadanas, la abolición de la esclavitud, el desarrollo
    industrial a gran escala y otras prácticas que generaban un progresivo y
    natural apetito por la obtención de tierras y recursos extra fronterizos.

    Tal enfoque, a pesar de las causas que lo avalan, no llega a monopolizar
    el espectro político español. Una filosofía asentada en un
    conservadurismo muy ligado a la derecha republicana estadounidense, los
    siglos de distancia e interpretaciones con basamentos ideológicos
    basados en estrategias, según sus valedores, más eficaces y
    transparentes y fuera de cualquier veleidad dialogante, tienen en el
    opositor Partido Popular (PP), un representante que apuesta por una
    política marcada por la denuncia, las sanciones y el aislamiento, como
    armas para castigar a una dictadura que mantiene en prisión a cerca del
    1% de la población.

    Un detalle que sale a relucir en las apasionadas batallas verbales que
    ocurren en la Cámara de Diputados es la existencia de casi 300 reos
    políticos y de conciencia, sin que el régimen de la Habana haga algo
    significativo para cambiar la realidad.
    Las fuerzas políticas en disputa esgrimen razones para legitimar su
    postura, sin embargo todo indica que prevalecerán los conceptos del
    PSOE. Las intenciones de abrir una brecha por medio de conversaciones,
    acuerdos y créditos, podrían ofrecer cierta cobertura para el
    advenimiento de resultados lejos de la espectacularidad en cuanto a su
    alcance.

    Si se toman como referentes las declaraciones de los representantes del
    poder en Cuba signados por la prepotencia y el espíritu confrontacional,
    muy poco se puede esperar al menos en el corto plazo.

    Pudieran ocurrir algunas liberaciones de prisioneros, traslados que
    acerquen a los confinados a cárceles más cercanas a sus lugares de
    residencia, pues existen casos donde los sancionados permanecen a
    distancias superiores a los 900 kilómetros de sus casas. Pensar en
    resultados de mayor trascendencia es imposible. La voluntad para
    emplearse a fondo en la solución de estas cuestiones, no es la que
    prevalece en la cúpula del poder totalitario.

    Como herencia del anterior gobierno liderado por el conservador José
    María Aznar, está la posición común tomada por los 25 países que
    conformaban la Unión Europea en 1996.
    Esto será muy difícil removerlo a razón de que nada ha cambiado
    sustancialmente desde entonces. La negativa del gobierno a iniciar una
    apertura hacia la democracia, el acoso y nuevos encarcelamientos contra
    los disidentes, la vigencia de un código penal abusivo, la práctica de
    absurdas prohibiciones que recuerdan al apartheid, son suficientes
    pruebas que deberían desbancar cualquier propuesta de derogación.

    El aplazamiento de las sanciones diplomáticas impulsadas también por
    Aznar en el seno de la Unión Europea en el 2004, en respuesta al
    encarcelamiento de 75 disidentes en la primavera de 2003, podría
    repetirse como viene ocurriendo cada 6 meses a petición de Rodríguez
    Zapatero y su equipo de exteriores.

    La visita, en abril, del canciller Miguel Ángel Moratinos a La Habana y
    la realización del primer encuentro para tratar asuntos de derechos
    humanos con las autoridades de la isla, tal y como se previó, marca una
    pauta en la evolución del diferendo Cuba- Europa.

    Hasta ahora no hay ninguna señal que acredite pasos que vayan más allá
    de las palabras que funcionarios de ambas naciones intercambiaron a
    puertas cerradas. Quizás sea muy pronto para contabilizar éxitos desde
    el lado de la disidencia.

    Hay quienes aseguran que no habrá nada o muy poco que festejar. Los más
    escépticos van delante en los vaticinios.

    La última en manifestar las suspicacias en público, fue la Secretaria de
    Estado norteamericana Condolezza Rice, precisamente en una histórica
    visita a Madrid en los primeros días de junio.

    España, mientras gobierne el PSOE, marcará el camino de la política
    hacia Cuba por la vía del llamado diálogo constructivo. Ha logrado
    consensuar los ánimos de sus socios comunitarios, ha pedido paciencia y
    un voto de confianza en su labor por alcanzar al menos el arranque de la
    democratización en Cuba.

    En septiembre será el próximo contacto, en el marco del 62 período de la
    Asamblea General de las Naciones Unidas. Veremos si las esperanzas de un
    cambio florecen o se marchitan. Es atinado pensar que el estado de
    derecho en España llegó después de la muerte de Franco. Parece que el
    destino de la isla marcha por un camino similar.

    Zapatero y el PSOE quieren ir sentando las bases para un aterrizaje
    suave, buscan un modo de equilibrar intereses económicos y políticos con
    miras en el futuro.

    No hay garantías de que las cosas salgan bien. Los riesgos, al tratar
    con un gobierno usualmente acostumbrado a violar pactos con una ligereza
    patológica, son enormes. No obstante, prefiero no adelantarme a los
    acontecimientos. El tiempo y la historia brindarán los pormenores para
    la lanzar la trompetilla o darle vía libre al aplauso.

    http://www.bitacoracubana.com/desdecuba/portada2.php?id=4930

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